lunes, 9 de febrero de 2009

LAS HUELGAS OBRERAS
INGLESAS
Jon Cruddas


No debería sorprendernos la ola de huelgas por todo el país. La ira popular está rebasando la complacencia y el temor. La recesión va dejando al descubierto la verdadera naturaleza de la economía británica. Somos un país que ha sido saqueado por el libre flujo del capital. Las huelgas no guardan relación con la xenofobia sino con las grandes empresas y el libre mercado sobre los que no hay control.
La refinería de Lincolnshire en la que comenzó el actual conflicto es propiedad de la empresa petrolífera norteamericana Total. Emplea a la gigantesca empresa norteamerica de ingeniería Jacobs, que subcontrata a su vez a una firma italiana, IREM, que redujo sus costes laborales utilizando a sus propios trabajadores portugueses e italianos. Los grandes contratistas de ingeniería llevan reclutando trabajadores extranjeros baratos y sumisos desde hace años. Gran Bretaña ha perdido el control de industrias clave y de sus mecanismos de abastecimiento laboral.
El conflicto de Lincolnshire es un pequeño síntoma de un gran problema. Gran Bretaña es un país que ya no controla los procesos productivos que crean su riqueza. Hay sectores económicos cruciales entregados a propiedad extranjera que no rinde cuentas a nadie. El gobierno ha abandonado a los trabajadores frente a la explotación, más preocupado por hacer que se ajusten al mercado global que por proteger sus intereses. En los feudos laboristas de clase obrera existe la intensa sensación de haber sido expoliados.
Los mercados laborales de Gran Bretaña y Europa se han centrado en el impulso de flexibilizar. El asumento de los contratos de corta duración, el trabajo por agencias, la subcontratación y el uso de los "autoempleados" ha despojado de derechos a los trabajadores. La fuerza laboral de Gran Bretaña es una de las menos protegidas en ese mercado. El crecimiento del empleo se ha concentrado en trabajos de baja calificación y reducido salario en malas condiciones. El creciente uso de trabajadores temporales y por agencia está extendiendo estas condiciones a otros sectores de la economía.
Pero peor ha sido una serie de decisiones de los tribunales que han desregulado aún más los mercados laborales. En 2003, la compañía finlandesa de transbordadores, Viking Line, colocó su flota bajo otra bandera y dio empleó a tripulaciones procedentes de Estonia, recortando así los costes salariales en un 60%. Su proceder fue respaldado por el Tribunal Europeo de Justicia. En 2004, una empresa letona, Laval, envió trabajadores a obras de la construcción en Suecia. El sindicato sueco de la construcción pidió a la compañía que se ajustara al convenio colectivo existente en el sector, a lo que ésta se negó, actuando según el convenio letón, lo que supone sueldos más reducidos que entraban en competencia a la baja con los de los trabajadores suecos.
De nuevo, el tribunal falló a favor de la empresa. Las condiciones y el sueldo de los trabajadores tienen sólo que estar en conformidad con las leyes del país originario de la compañía. El gobierno británico no ha hecho nada por detener la carrera de la UE hacia el fondo. Sus medidas políticas para el mercado de trabajo tuvieron éxito en los años de prosperidad porque la explotación, el trabajo precario y los niveles salariales explotadores podían compensarse con créditos baratos y ocultarse luego tras los destellos del consumismo. Esos tiempos se han terminado. Con la carestía de los seguros sociales, la principal fuente de seguridad económica de la gente pasó a ser el creciente valor como activo de sus hogares. Esto se acabó. Ya no hay créditos baratos que complementen los salarios congelados o en descenso.
La izquierda debe ofrecer una alternativa real y viable. Tenemos que revocar los años de redistribución de la riqueza de pobres a ricos. Necesitamos una regulación que termine con los bajos salarios, la baja cualificación y el trabajo informal. Unos sindicatos fuertes son la mejor defensa contra la explotación. El trabajo y la calidad de vida pueden mejorarse introduciendo un salario de subsistencia. ¿Y por qué no debatir una renta máxima? Ambas cosas pueden definirse estableciendo un ratio máximo de diferencia entre los mejor y los peor pagados. Necesitamos crear nuevas formas de ciudadanía económica, y poner la economía y el trabajo bajo un mayor control democrático. En eso debería consistir la agenda, no en "empleos británicos para trabajadores británicos".
Jon Cruddas es diputado laborista en los Comunes por Dagenham, un distrito en el este del Gran Londres.
Traducción: Lucas Antón
Sin permiso
09-02-09

Davos
EL CAPITALISMO
PERDIÓ LA BRÚJULA


Eduardo Andrade Bone



La culminación del Foro Mundial de Davos, después de cincos días de circo y que agrupa a los depredadores del planeta, finalizo sin ningún tipo de propuestas, en el más absoluto descrédito y con un pesimismo que nos les permite recuperar la brújula para enmendar el camino de la debacle económica y financiera en que tienen sumidos la economía mundial.El foro de Davos aglutina a la “flor y nata” de grandes empresarios explotadores, de especuladores y a las mafias del mundo económico y financiero ligados a la llamada economía de papel, y que esta haciendo añicos la economía real.

A Davos se llega a hacer negocios, se montan las guerras y el negocio ligado a estas, se montan acuerdos millonarios, se busca como controlar la economía de los llamados países emergentes, se reparten el saqueo de los recursos naturales y las materias primas más importantes de los países en vías de desarrollo.En Davos se resuelve la instalación de dictaduras militares que pongan a buen recaudo la riqueza obtenida en base a la explotación y la especulación de los grandes empresarios y las clases económicamente dominantes de cada país. Allí se resuelve como seguir expoliando a la clase trabajadora de cada país, o el carácter que debe tener el terrorismo afín a sus intereses o su presunta lucha antiterrorista.

En Davos es en donde se resuelve la mejor forma posible para controlar y dividir al movimiento sindical o generar leyes que les permita neutralizar o frenar las de mandas de los trabajadores por mejores condiciones de vida, eso es Davos y muchos más.Este último encuentro de Davos, dejo al descubierto la anarquía total en que se encuentra sumido el sistema capitalista mundial y en especial los epicentros mayores de la crisis económica generada por las mafias de los Estados Unidos, Europa y Japón. Este último foro culmino sin ningún tipo de consenso, pero sin con grandes preocupaciones ante el futuro inmediato incierto y caótico a que esta siendo empujada la economía mundial sin excepción.

Lo cierto es que los líderes de las grandes empresas y corporaciones, a pesar de contar con el apoyo de equipos de asesores y grandes expertos económicos, aún no saben como refundar el capitalismo mundial y encontrar la brújula adecuada que les permita navegar y reordenar el caos reinante que vive el sistema. Lo cierto es que desde los orígenes de la crisis cuyo epicentro principal es la economía norteamericana, con los coletazos pertinentes para el resto de los países del mundo, es cada vez más profunda y devastadora, en la cual se entremezclan, recesión, depresión, deflación, caos total y sin mostrar horizontes claros que vayan a enmendar la situación.

La mayor parte de los buitres del mundo empresarial allí reunidos, no ven otra solución que apelar a organismos desacreditados internacionalmente como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial de Comercio, para que vaya en auxilio del desastre económico en que sumiera los Estados Unidos a la mayor parte de los países del mundo. Pero no solo eso, dichos organismos internacionales también tienen una gran cuota de responsabilidad en la catástrofe en que se encuentra sumido el sistema y sus respectivos epicentros (EE.UU., Europa, Japón), y no pueden seguir haciendo la vista gorda ante el desastre acaecido.

Cabe destacar además que muchos de los ejecutivos y directores de estos organismos internacionales tienen sus propios negocios con las mafias económicas y financieras que controlan la economía mundial, en especial la economía virtual o de papel, pero si, tienen a buen recaudo sus riqueza personal en los llamados paraíso fiscales, de allí que las esperanza por reordenar el tablero económico mundial, son cada vez más inciertas, pues la corrupción y la codicia los tiene atrapados desde hace bastante tiempo en la nebulosa de sus propias redes.

Los grandes empresarios y representantes de las corporaciones han puesto su esperanza en que el llamado G-20 que se reunirá en abril próximo en Londres, llegue con la “varita mágica” que les permita diseñar nuevas formas de explotación, de saqueo, y de cómo seguir enriqueciéndose en el menor tiempo y costo posible, además de seguir desplegando los esfuerzos para que el sistema siga siendo sustentable en base a la especulación, explotación y rapiña de recursos naturales.Lo único que refleja el foro de los grandes empresarios, es que el sistema capitalista mundial, y en especial el de los Estados Unidos, Europa y Japón, se encuentra gravemente enfermo, internado en la Unidad de Tratamientos Intensivos, en estado terminal, y que no queda otra cosa que seguir aplicándole toda la quimioterapia que sea posible, hasta que se produzca su fatal desenlace.

“Todo nace, todo muere” dice el refrán popular y el sistema capitalista tendrá que desaparecer, dando paso a un nuevo orden económico internacional, más justo, equitativo e igualitario, que permita superar las grandes injusticias y desigualdades sociales que se viven en los más diversos lugares del planeta de lo contrario sobrevendrá el enfrentamiento nuclear y la desaparición de la mayor parte de los habitantes del planeta.Pero no solo eso, el sistema capitalista en su conjunto se encuentra sumido en la más profunda de las corrupciones, lo que lo hace cada más vulnerable a sus propios desacierto económicos, de allí que la crisis se agrava gradual y profundamente, pues los conflictos de intereses entre economía real y economía virtual o de papel, son grandes y muy contradictorios.

Finalmente lo único que se ve en el panorama económico inmediato, es el crecimiento gradual de la cesantía en los más diversos países del mundo, además de la quiebra de empresas. Se habla de que el desempleo mundial crecerá en 51 millones de nuevos parados, el empeoramiento de las condiciones de vida de los estratos sociales con menor poder adquisitivo, un crecimiento mayor de la pobreza en el mundo y junto con ello, todas las lacras propias de un sistema económico injusto y que esta al servicio del 15% más rico del planeta.El desencanto de los pueblos del mundo con las mafias económicas y financieras reunidas en Davos es cada vez mayor. Así como también la decepción con una buena parte de la clase política de cada nación, que se encuentra coludida con los fundamentalistas del capitalismo, en su expresión ultra neoliberal, guerrerista y mafiosa.

Lo cierto es que Davos es un reflejo de lo desconcertado en que se encuentra el capitalismo a escala mundial, pues no cuenta con ideas y menos soluciones a su propia crisis.La crisis tendera a agravarse muchos más, pues de acuerdo a lo expresado en Davos, los países como forma de enfrentar el marasmo, tenderán a proteger sus economías y productos nacionales, reducirán sus importaciones, y en el caso de los países más desarrollados del planeta, sus capitales reducirán sus inversiones en el extranjero, con los coletazos pertinentes para las economías emergentes.

Como decía un trabajador francés que participaba en la demostración realizada hace algunos días atrás en Francia en contra la crisis…” los responsable ligados al mundo político, económico y financiero del sistema capitalista, debieran ser colgados, de la misma forma como el pueblo italiano colgó al fascista Mussolini”, o como decían muchos de los carteles en las diversas movilizaciones llevadas a cabo en el mundo… ¡¡¡que la crisis la paguen los ricos!!!Los defensores del sistema capitalista, hoy hablan de refundarlo, de cosmetizarlo, de humanizarlo, de socializarlo, pero no tuvieron ningún escrúpulos a la hora de enviar a uno de los suyos a la quiebra casi total, como es el caso de Islandia, un pequeño país del norte de Europa, con un poco mas de 320 mil habitantes y que contaba con un buen estándar de vida, pero de la noche a la mañana fue lanzado al despeñadero. En la lista de países candidatos a la quiebra se encuentran Hungría, Grecia, Letonia, Bulgaria y Checa. Otros en la medida que se va profundizando la crisis, pueden pasar a engrosar la lista de futuros candidatos a la debacle de sus respectivas economías. Mientras que las economías emergentes han sido condenadas al ostracismo por el propio capital trasnacional.

Los fundamentalistas neoliberales de estos países, coludidos con políticos de centro derecha o socialdemócratas, han conducidos a sus respectivos países a elevadas deudas públicas y una creciente deuda externa, quedando casi sin margen de maniobra para enfrentar la aguda crisis de los capitales.Las noticias para los pueblos del mundo y la clase trabajadora mundial, no son alentadoras pues los capitalistas solo piensan en descargar todas las consecuencias de la crisis en todos aquellos que tienen que sobrevivir con pocos ingresos para su subsistencia. A estos solo les queda la organización, la unidad, la movilización y la lucha ante los embates de los capitales a escala mundial.

Argenpress
9-2-09
Samir Amin
HAY QUE REPOLITIZAR
EL FORO

Andrés Pérez


Samir Amin es, de alguna forma, el eslabón perdido entre el actual movimiento altermundialista y los movimientos de liberación de los años cincuenta. A sus 78 años, este egipcio ha estado en ambos, como teórico y construyendo soluciones. El economista e historiador destaca como el teórico que más radicalmente ha analizado las formas euro-norteamericanas de dominación. Hoy, el director del Foro del Tercer Mundo de Dakar y uno de los coordinadores del Foro Mundial de las Alternativas, mira hacia el Foro Social Mundial celebrado en Belém con una crítica constructiva: Hay que repolitizar el foro y "construir la convergencia en la diversidad". Si no, advierte, estos foros corren el riesgo de convertirse en "antena repetidora del discurso dominante".
Usted sostiene que los foros sociales corren riesgos, digamos, de corte narcisista...
Como yo deseo que esta oleada de liberación sea un éxito, sea real, que no se quede en pura retórica, tenemos que ser muy severos con nosotros mismos. No basta con clamar que el liberalismo es una absurdidad socialmente, ecológicamente y políticamente desastrosa. No basta con denunciar. No basta con llevar adelante batallas defensivas. Los frentes de la globalización capitalista son numerosos. Hay que librar batalla ofensivamente, cosa que exige una perspectiva. Esa perspectiva no puede ser la unificación de movimientos, pero sí que debe ser la convergencia.
¿Hoy no es el caso?
No. Hoy están segmentadas. Combaten ataques del sistema, pero no proponen alternativas realizables. Hemos caído en objetivos de corte moral, general, en plan "a favor de un mundo mejor y más justo". ¡Habrá que definir qué es un mundo mejor y más justo, y las estrategias políticas para ponerlo en marcha! Estimo que ahora tenemos que plantearnos la cuestión de las estrategias políticas. No necesariamente unificarse en una organización, pero sí construir una convergencia dentro de la diversidad. Frentes diversos, referencias culturales diversas, objetivos de transformación diversos, formas de luchas diversas, sí... Pero la cuestión política es central y hay que atreverese a decirlo.
¿Los foros sociales no se atreven?
Ese es el punto negativo de la segunda oleada de los movimientos sociales en su versión actual: El miedo a la política. ¿Por qué? Porque la política ha decepcionado mucho. La socialdemocracia se ha vuelto liberal-capitalista. El comunismo se ha vuelto autocracia; en ocasiones, criminal. El proyecto de liberación tercermundista de Bandung se ha vuelto una colección de autocracias mediocres... Por eso, los movimientos sociales decidieron abandonar la política. Pero eso es imposible. Abandonar la política equivale a resignarse a no transformar el mundo.
Habla usted también del riesgo que las ONG ricas del norte monopolicen el discurso en los foros sociales.
Sí. A mí me inquieta mucho ese eco que obtienen muchas ONG del Norte que, de hecho, no son más que antenas repetidoras del pensamiento dominante. Simpáticas, reformistas, cargadas de buenas intenciones y de votos píos, pero nada más... Están sobrerrepresentadas en los foros sociales mundiales, porque cuesta mucho ir a ellos, organizarse... Le voy a dar un ejemplo. En Egipto, actualmente, hay un movimiento social campesino inmenso, que ha reunido a millones de manifestantes para frenar la contra-reforma agraria que planea el Gobierno. No apareció en ningún fórum social mundial. Primero, porque no tienen ni un duro para ir. Segundo, porque nadie les daría ese duro para que puedan ir. Tercero, porque ni ellos mismos son conscientes de que pudiera ser importante ir.
Para usted, ¿deben abrirse los foros a los partidos políticos?
Sí. Son actores, incluso a veces actores capaces de conservar el poder para transformar. No es posible seguir negándose a ir al contacto, al choque, al debate, a la exigencia e incluso a la altercación con los partidos para formular programas. Es hipócrita, por parte de las ONG apolíticas, esa negativa al contacto con lo político. ¿De qué viven las ONG gigantescas del Norte? De subvenciones públicas y de fundaciones, sobre todo norteamericanas. Ni las unas ni las otras son independientes. Hay que oponer a esas ONG pseudo-apolíticas, otra politización auténtica.
A lo mejor la dinámica ya no está en los foros sino fuera...
Sin llegar tan lejos, yo creo que América Latina está sembrando el camino con señales positivas. Ha demostrado que el cambio también puede empezar por victorias populares en el poder político, saldadas con transformaciones. Sean cuales sean las evoluciones futuras, las victorias de Lula, de Chávez, de Morales y de Correa muestran esa posibilidad de victoria popular.
¿Imposibles en el Norte?
Complicado, pero no imposible. El capitalismo actual es oligárquico, en el sentido estricto de la palabra, en el sentido de oligarquía al estilo ruso. Es un puñado de oligarcas, a escala planetaria, no más de seis mil personas, quienes concentran la riqueza de todos. El objetivo de aislar a esa oligarquía puede reunir todas las fuerzas progresistas, humanistas y simplemente demócratas para hacer frente a las fuerzas que quieren la regresión. Ahí tiene usted una base social posible para la victoria popular: aislar a la oligarquía mundial. Cuidado: todavía no es una base electoral, más volátil, pero sí una amplia base social.
Usted es pesimista respecto a los foros y optimista en cuanto a la fuerza de lo que ocurre fuera.
De alguna manera, sí. Los grupos que llevaron a Chávez al poder no estaban en los foros sociales; el movimiento indígena boliviano, tampoco. Piense en el Partido Comunista Maoísta de Nepal, que tampoco está en los foros. Hizo frente a una tiranía y ganó la guerra de liberación. Los errores que cometa en el futuro son otro problema, pero está claro que ha contribuido a liberar a un pueblo. Luchas muy importantes en el mundo no están presentes en el foro social mundial.

domingo, 1 de febrero de 2009

LA UNIVERSIDAD, HOY

Manuel Castells

La ocupación estudiantil de la Universitat de Barcelona y de la Universitat Autònoma de Barcelona, independientemente de la opinión sobre sus razones, tiene el enorme mérito de plantear mediáticamente el indispensable debate público sobre la universidad, la institución central de la economía y la sociedad.
La universidad es esencial en la producción de conocimiento, fuente del crecimiento económico. Pero también es esencial para la equidad, porque la igualdad de oportunidades pasa por el acceso a una educación superior de calidad. Además, es el único espacio donde hay una relativa libertad de pensamiento y creación, porque desde hace siglos los poderes económicos y políticos entendieron que sin libertad se seca la fuente de innovación de la que depende el progreso. Pero los poderes ideológicos y religiosos siempre intentaron aherrojar la universidad para imponer su pensamiento único. De ahí la carga emocional que conlleva todo debate sobre la universidad. Hay que conjugar pasión con confrontación de ideas, sin límites ni a prioris, para un diálogo que genere un proyecto innovador de universidad. Diálogo que, dicho sea de paso, excluye la negociación a golpes de expediente.
Debatamos, pues. Tras tres décadas como catedrático en la universidad española y en algunas de las mejores universidades del mundo, sigo percibiendo en muchas de nuestras universidades el predominio de los intereses corporativos y personales sobre los valores de la educación y la ciencia. Eso quiero decir a los estudiantes que se oponen al proceso de Bolonia que propone un espacio europeo de educación superior. Yo también critico ese plan. Pero tiene la ventaja de romper la rutina de un sistema burocratizado y en el que cada reforma ha cambiado todo para que todo siga igual.
En la raíz de esa inercia está el control del Estado sobre las universidades, a través de los planes de estudio, del funcionariado docente y del presupuesto. La uniformidad estatista dificulta la diversificación de las universidades, frena la innovación y las nivela por su nivel más bajo. Y esa es mi crítica a una posible interpretación del proceso de Bolonia. Podría intentar extender la uniformidad estatal a la uniformidad europea so pretexto de hacer compatibles los programas. Pero eso no está decidido, depende de cómo use cada país y cada universidad los márgenes de autonomía que deja Bolonia. De ahí la urgencia del debate que exigen los estudiantes y que los rectores dicen haber emprendido. Hagámoslo. Pero no sólo en la universidad, sino también en la sociedad, porque a todos concierne la universidad.

En donde estoy en desacuerdo con los documentos que los estudiantes me dieron en mi visita a la universidad ocupada es en que Bolonia supone “la privatización y la mercantilización de la universidad”. Hay en el mundo universidades públicas, como mi Universidad de Berkeley, que reciben fondos de investigación y becas de empresas sin comprometer la independencia y la calidad de la enseñanza.
Las empresas saben que la autonomía universitaria es esencial para que les sirvan sus productos. Hay que conseguir incremento de la financiación pública y posibilidad de recabar financiación privada y programas con empresas que proporcionen una formación directamente útil en el mercado de trabajo. En Europa las universidades son y serán predominantemente públicas. Pero para servir a la sociedad, empezando por los estudiantes, han de ser capaces de gestión autónoma, lo cual pide fórmulas jurídicas sin las trabas de la administración pública. También necesitan autonomía financiera. Y ahí hay que romper tabúes.
Sería aconsejable aumentar el precio de las matrículas para que la parte más importante del presupuesto de las universidades dependa de la aportación de sus estudiantes y se vean obligadas a competir para atraer estudiantes ofreciendo mejor calidad y servicio. El Estado tiene que dar becas a todos los estudiantes que las necesiten. Precios públicos bajos para todos es una política regresiva, como demuestran los estudios internacionales, porque si los hijos de buena familia pagan lo mismo que los de familias modestas quiere decir que nuestros impuestos subvencionan a los más ricos. Equidad es que paguen todos más y que la mayoría reciba becas según el ingreso familiar.
Las universidades que no den buen servicio tendrán que darlo si no quieren que los estudiantes se vayan a las que funcionen mejor. Aguijoneadas por la búsqueda de recursos, dedicarán más esfuerzo a innovar en la enseñanza y a dar una formación útil que a pedirle al Estado café para todos. Ello exige renovar la gobernanza universitaria, empezando por la elección de los rectores. Las mejores universidades del mundo son las que gozan de autonomía de decisión, combinando en su gobierno la gestión académica descentralizada en manos de los profesores con la dirección estratégica y la necesaria disciplina por parte de la administración de la universidad. ¿Quién nombra entonces a los rectores? Patronatos de personalidades independientes nombrados por quienes aportan los recursos. En el caso de las universidades privadas, los donantes. En el caso de las universidades públicas, los parlamentos y gobiernos que administran nuestros impuestos. Pero, ya nombrados, patronatos, administradores y profesores gozan de autonomía para gestionar la universidad.
La elección de rectores por estudiantes y personal introduce un elemento político y demagógico que desestabiliza la institución universitaria. Pero su participación en las deliberaciones de los órganos del gobierno universitario es clave para asegurar la pluralidad y la democracia en la institución. Saber combinar el autogobierno de los profesores, la dirección de los administradores y la representación de estudiantes y trabajadores es la fórmula ganadora para una universidad capaz de adaptarse a un mundo en continuo cambio tecnológico y social. Pero si la universidad carece de capacidad económica y política para decidir su destino, los problemas se enquistan, la frustración aumenta, las empresas se alejan, los estados ordenan y los estudiantes, en justa correspondencia, ocupan los lugares en donde buscaban guía y encuentran hastío.

Observatorio Global
Noviembre de 2008
UNIVERSIDAD E
INVESTIGACIÓN
Ángel Ferrández Izquierdo

Una vez más, y no será la última, vuelvo sobre el asunto que más desvelos me ocasiona y menos recompensa me reporta a pesar de mi insistencia. Pero es inevitable que lo reconsidere, pues la encrucijada actual que vive la universidad española así lo merece. Y es que, a veces, la necia obcecación se convierte en la peor enemiga del sentido común.

Ya forma parte de la cultura colectiva ese ramillete de universidades en las que todos hemos soñado alguna vez para nuestros hijos: California, Cambridge, Harvard, Imperial College, MIT, Oxford, Princeton, Stanford y Yale. Sí, en efecto, demasiado pocas, pero todas aparecen en los primeros lugares de cualquier clasificación que se precie de seria. Si este grupo es demasiado elitista, miren estas otras instituciones: U. (por Universidad) College de Londres, Instituto Tecnológico de Zurich, U. de París VI y XI, U. Utrecht, U. Copenhage, U. Manchester, Karolinska Institut, U. Edinburgh, U. Munich y Técnica de Munich, U. Zurich, U. Bristol, U. Heidelberg, U. Uppsala, U. Oslo, U. Leiden, U. Sheffield, U. Nottingham y U. Basilea, entre otras.

¿Por qué aquéllas y éstas son las mejores? Porque satisfacen los requisitos más exigentes y objetivos que la lógica académica dictamina. A saber, (1) Calidad del conocimiento generado y transmitido a los estudiantes. Para ello se contabiliza el número de profesores con distinciones internacionales (Premio Nobel, Medalla Fields, etc.); (2) Capacidad de la institución para generar líderes científicos. Se contabiliza el número de ex-alumnos con reconocimientos internacionales (Premio Nobel, Medalla Fields, etc.); (3) Capacidad para generar conocimiento nuevo, medido por el número de publicaciones en revistas de reconocimiento internacional; (4) Poder de penetración del conocimiento generado en los círculos académicos más rigurosos. Véase el número de publicaciones en las revistas de máximo factor de impacto (Science, Nature, PNAS, etc); y (5) Grado de aceptación del conocimiento generado por la institución entre la comunidad científica internacional, a través del número de citas a los trabajos publicados de sus investigadores.

Existe otra, no de tanto calado, pero de gran importancia debido a Internet, como es la capacidad para distribuir el conocimiento, su impacto y reconocimiento, mediante las tecnologías de la información y las comunicaciones. Para ello se mide el número y volumen de contenidos de tipo académico colocados en la red. La creación de conocimiento de calidad sólo es posible a través de la investigación reconocida y contrastada. El escolio resulta, pues, de una simplicidad aplastante: las mejores universidades son aquellas donde se realiza la mejor investigación. Y algo tan obvio no tiene solución por parte de nuestros dirigentes políticos e incluso académicos. No son ciegos, simplemente miran a otro lado, pues es más fácil contentar a las mayorías dueñas de los votos que encumbran a los mediocres.

En los Arts. 39 y 40 del texto refundido de la ley orgánica de universidades, Ley Orgánica 4/2007, de 12 de abril, se dice «La investigación científica es fundamento esencial de la docencia y una herramienta primordial para el desarrollo social a través de la transferencia de sus resultados a la sociedad. Como tal, constituye una función esencial de la Universidad, que deriva de su papel clave en la generación de conocimiento y de su capacidad de estimular y generar pensamiento crítico, clave de todo proceso científico» y «La investigación es un derecho y un deber del personal docente e investigador de las Universidades, de acuerdo con los fines generales de la Universidad, y dentro de los límites establecidos por el ordenamiento jurídico».

Es razonable preocuparse por la calidad de la docencia universitaria, pero en su justa medida, pues tal requisito jamás aparece a la hora de clasificar universidades. Además, los mejores investigadores son, sin duda, excelentes docentes. Ellos hacen posible que la investigación más puntera se haga presente en las aulas. La docencia, sin un sostén investigador, más que transmisión de conocimiento se reduce a la pura y simple repetición de contenidos, convirtiendo unos folios impolutamente blancos en horribles amarillos de romas esquinas.

El autor es profesor de la Universidad de Murcia.

02-01-08
LA CENICIENTA
DE SIEMPRE
Mario Bunge

La pequeña y sufrida comunidad científica argentina ha sido alarmada, una vez más, por un aparente golpe de timón del nuevo gobierno. Pero el viraje no es tan original como se lo presenta. En efecto, la ciencia sigue siendo la cenicienta de antes: se sigue ignorando que la ciencia y la técnica son los motores de la civilización moderna, y se las sigue confundiendo. Además, se sigue creyendo que una reforma estructural puede suplir el grave déficit de cerebros bien formados en universidades dedicadas a investigar y enseñar, más que a emitir diplomas. Y se anuncia como novedad el que los investigadores y los institutos de investigación serán sujetos a evaluaciones periódicas, cuando de hecho esto viene ocurriendo desde hace años. Lo que acaso pueda argüirse es que algunas de esas evaluaciones son excesivamente tolerantes, unas veces debido al proverbial amiguismo criollo, y otras, al bajo volumen de la producción nacional.
En Estados Unidos, los investigadores que no publican regularmente en revistas de circulación internacional no son considerados tales. Su actividad no es evaluada por directores de departamento, ni menos aún por funcionarios estatales, sino por las revistas que sopesan sus artículos y por los organizadores de congresos encargados de seleccionar a los expositores invitados. Estos jueces son, en última instancia, los que determinan el rango y el salario de los investigadores. En esos países, la consigna es: "Publica o perece". Esta consigna impone una lucha muy dura por la supervivencia académica. Allí no hay tal cosa como estabilidad del investigador. Si se le seca a uno el cerebro, mala suerte. Tendrá que ganarse la vida enseñando cursos elementales, con lo cual será mucho más útil y feliz que simulando seguir siendo lo que acaso fue alguna vez, cuando aún tenía curiosidad y empuje.
Lo que sí es original es el anuncio de que en los Estados Unidos, a diferencia de la Argentina, gran parte del presupuesto científico se dedica a "comprar investigaciones científicas". Es la primera vez que leo esto. ¿En qué consiste comprar investigaciones científicas? ¿Cómo se venden: por metro, por kilo, por hora o por kilobyte? ¿Hay que ser científico para hacer buenas compras de esta nueva mercancía, o basta un título de perito comercial? ¿Y se cotiza en la bolsa de valores? Misterio. Laboratorios, talleres, bibliotecas Lo que yo sabía hasta anteayer es que en los Estados Unidos y los demás países desarrollados el dinero destinado a la investigación se gasta en sueldos de investigadores, becas para estudiantes graduados y de posgrado, así como en salarios de técnicos, equipos de laboratorio, materiales, animales de experimentación, viajes para asistencia a reuniones científicas, gastos y honorarios de científicos visitantes, etcétera.
Muy ocasionalmente se contrata a un asesor para que aporte pericia técnica, nunca para que invente hipótesis, demuestre teoremas o diseñe experimentos. A propósito, en esos países la mayoría de los investigadores básicos trabajan en universidades, no en institutos. Y cobran no sólo por investigar sino también, y principalmente, por enseñar. Bernardo A. Houssay, el primer científico argentino galardonado con el Premio Nobel, era contrario al divorcio entre la investigación y la enseñanza. Creo que tenía sobrada razón. Primero, porque quien no está al día en su ciencia no puede enseñar ciencia al día. En particular, no puede saber qué es lo nuevo y qué lo viejo, ni qué es lo importante y qué lo accesorio. Tampoco puede hacer referencia a artículos recientemente aparecidos en revistas científicas. Segundo, porque quien no se dedica primordialmente a buscar la verdad no es capaz de transmitir entusiasmo por dicha exploración. Tercero, porque quien no dicta cursos no se obliga a aprender lo que ocurre en especialidades aledañas a la suya, y donde pueden ocurrir novedades que puede explotar. Y cuarto, porque el investigador avezado tiene el deber de formar investigadores que lo sucedan.
Pero volvamos al proyecto de reestructuración del sistema científico criollo. También es original, pero absurda, la decisión de dedicar la mitad del presupuesto científico a la informática, como si ésta fuera capaz de generar nuevo conocimiento. Los científicos argentinos en actividad ya usan correo electrónico e Internet. Y lo que más falta en los establecimientos de enseñanza de los tres niveles no son tanto computadoras como laboratorios, talleres y bibliotecas. La única beneficiaria de la largueza estatal que se propone sería la industria informática, que no necesita subsidios. No menos original y absurda es la decisión de "ensandwichar" la ciencia básica entre la técnica y la innovación productiva (como si ésta no emanara de la técnica).
No es menos original y desastrosa la medida que establece que quienes habrán de decidir sobre las prioridades de la investigación científica no serán los científicos mismos, los únicos que saben realmente dónde aprieta el zapato, sino los componentes de una comisión interministerial. O sea, el destino de la ciencia se ha puesto en manos de funcionarios que, en el mejor de los casos, han estudiado derecho o contabilidad. Los administradores científicos pueden administrar los recursos disponibles, pero no deberían intentar planificar la investigación científica. Tal planificación se practicó en los países comunistas, con malos resultados. Causa rigidez y lentitud.
El investigador original necesita agilidad: tiene que poder cambiar de rumbo, sin esperar la autorización de un centro lejano, cuando aparezca una oportunidad o cuando falle su plan inicial. Además, la planificación desde arriba fomenta la mediocridad, ya que el burócrata desconfiará del proyecto original, y por lo tanto riesgoso, de modo que dará preferencia al proyecto mediocre y seguro.
Sólo el 0,5 por ciento del PBI
En cambio, la investigación técnica puede planearse hasta cierto punto, porque su meta se determina de antemano. A un individuo o equipo se le puede encomendar que diseñe un artefacto de tales y cuales características. Por ejemplo, se puede encargar el diseño de una perrera clemente o de una planta de purificación de agua utilizando bacterias eficaces y laboriosas. En cambio, a nadie se le puede ordenar que descubra o invente.
Lo que se busca aún no se conoce, de modo que no puede describirse en un pliego de especificaciones. Se trata de explorar territorio desconocido, no de explotar territorio conocido. En fin, ¡tanto lío para administrar un presupuesto que sólo alcanza al 0,5 por ciento del producto bruto interno! Ésta es sólo la quinta o sexta parte de lo que se gasta en un país que ya tiene una fuerte comunidad científica, y la décima parte de lo que resolvió gastar el gobierno de Corea del Sur hace un par de años, cuando su economía entró en crisis. Los políticos surcoreanos entendieron que para robustecer su economía deben reforzar su técnica, lo que a su vez exige apoyar su ciencia básica. Están enterados de que no hay industria sin ingeniería, ni ingeniería sin matemática, física ni química. Y no repiten el error de aquel ministro de economía japonés que decidió malgastar miles de millones de dólares en el diseño de computadoras "inteligentes", en lugar de invertirlos en enseñarles a los políticos y burócratas el abecé de la ciencia y de la técnica.
¿Cuándo vendrá un gobierno que comprenda que hace falta saber mucho más para salir del atraso, aunque sólo sea porque parte del subdesarrollo es la ignorancia? ¿Y cuándo comprenderán los mandatarios que quienes entienden de ciencia son los científicos, y no los funcionarios? Sin embargo, al mismo tiempo que rezongamos contra los funcionarios que no entienden lo que es la búsqueda de la verdad, reconozcamos que semejante gobierno ilustrado vendrá antes si la comunidad científica argentina madura al punto de comprender que (a) la estabilidad y el ascenso en el empleo deberían depender exclusivamente de la productividad; (b) el instituto separado de la universidad es malsano, porque puede cobijar a individuos que no investigan, o no lo hacen a buen nivel, y (c) el investigador debería hacer un poco de periodismo científico, no sólo para enseñar a las masas sino también para ganarse su buena voluntad.
El autor es un físico y filósofo argentino radicado en Canadá.
La Nación
29-03-2000
FUNCIÓN SOCIAL DE
LAS UNIVERSIDADES


Ricardo Arechavala Vargas

Observando lo que acontece en las economías más avanzadas, y en algunas partes de nuestro país, es evidente que la función social de las universidades cambia rápidamente. Su papel en la “sociedad del conocimiento” adquiere una importancia crítica, en la medida en la que asumen un papel creciente como agentes activos en la generación de riqueza basada en el conocimiento.
Muchos debates prevalecen, y probablemente llegarán vivos hasta el final de los tiempos. Entre ellos, y sólo a manera de ejemplo:
- Si la función “esencial” de las universidades es la docencia, o si deben centrarse en contribuir
activamente al desarrollo económico (formando a los estudiantes en esa actividad).
- Si debe permitirse que el capital privado se apropie del conocimiento y la tecnología generados con recursos públicos.
- Si la investigación aplicada es prosaica o no, con respecto a la investigación básica, o la proporción de recursos que debe dedicarse a cada una.
Pero el hecho es que las posiciones que de facto asumen las instituciones está influyendo en el contexto social que las rodea. No todas las instituciones evolucionan. No todas lo hacen al mismo paso o en la misma dirección. Lo que observamos es una diferenciación y estratificación de las instituciones. Esto tampoco es privativo de México, ocurre en muchos países. Resumimos algunos de los cambios más sobresalientes:
Pasan de ser transmisoras a ser generadoras de conocimiento.
En nuestro medio la “explosión demográfica” obligó a las instituciones de educación superior a multiplicar sus cuadros docentes, reclutando personal con el mínimo indispensable de acreditaciones (la licenciatura), y a veces aún sin ellas. Configuró plantillas de personal con un perfil que generó actitudes y trayectorias académicas de carácter rutinario, repetitivo. Con todo esto se generó un paradigma de la educación superior estructurado alrededor de la noción de que formar al estudiante era “administrarle” el conocimiento ya existente (y traído del extranjero, por supuesto).
El proceso más sencillo fue siempre asignar los cursos por disposición administrativa y, con mucha frecuencia, por criterios favoritistas y de patrimonialismo. Tocaba al
maestro “estudiar” en los libros la materia e impartirla de acuerdo con un programa preestablecido, muchas veces de calidad precaria.
Pero las reglas del juego han cambiado rápidamente. La integración económica internacional ha replanteado el papel de las universidades, aunque muchas de ellas no lo perciban. Ahora, formar profesionistas de nivel licenciatura es formar empleados. Es decir, con la presencia de las empresas transnacionales y las maquiladoras, los ingenieros, los químicos, y muchos otros profesionistas pasan a formar automáticamente parte de un proceso de producción en el que no les toca generar conocimiento y apropiarse de una parte significativa de la riqueza que con él se genera.
Pasan a ser empleados que sólo administran un proceso productivo que aplica conocimiento desarrollado en otros países, apropiándose solamente de la riqueza que corresponde a su salario que es, por supuesto, una fracción del equivalente en los países que generan la tecnología.
A pesar de que en este contexto no es fácil que germine la investigación, algunas instituciones consiguieron formar cuadros preparados para esta actividad. Con frecuencia esto se logró recurriendo al envío de estudiantes con vocación y talento a formarse en el extranjero. Con la relativamente baja proporción de estudiantes que regresó al país se ha conseguido consolidar, en algunos casos, grupos productivos deinvestigación (Arechavala y Díaz 1996).
Muchos de los académicos que han regresado, o que se han formado en instituciones mexicanas, han sido absorbidos en carreras administrativas. En ocasiones eso ha tenido la ventaja de que, comprendiendo las necesidades de la investigación, como funcionarios estas personas han sabido abrir espacios y canalizar recursos hacia esta actividad.
De cualquier manera, los investigadores han tenido que luchar (y en muchos casos aún lo hacen) por abrir espacios para la investigación que resulten fértiles y productivos. No se trata simplemente de instalar un laboratorio o contar con un cubículo. Es importante que las autoridades universitarias tengan la lucidez para comprender la naturaleza de los espacios administrativos e institucionales que requiere la labor de investigación. No en todos los casos los propios investigadores consiguieron abrir estos espacios, negociar los recursos e integrar sus grupos de trabajo. A pesar de esto, los mejores ejemplos han conseguido abrir espacios institucionales significativos, en muchos de ellos teniendo que desplegar habilidades políticas y administrativas sobresalientes.
Sin embargo, las así llamadas, “universidades de investigación” son todavía un elemento cuya ausencia salta a la vista con sólo asomar ligeramente la mirada al contexto internacional (Arechavala 2001b). Nuestro rezago en este campo es no sólo impresionante, sino difícilmente explicable, y mucho más difícilmente aceptable. Y más aún, las universidades que comienzan a perfilarse como “de investigación”, lo hacen con una idea de que él cultivo de la ciencia por sí mismo traerá eventualmente beneficios sociales y económicos.
Todavía debe ganar terreno la idea de que sólo formando en la generación de conocimiento encaminadodirectamente a objetivos de valor social y económico se puede modificar el punto en el que nos incrustamos en los procesos productivos internacionales.
El autor es profesor de la Universidad de Guadalajara; y el trabajo que publicamos forma parte del estudio: La Función social de las Universidades, los cambios, las tendencias y las condiciones que las hacen posibles.