miércoles, 25 de febrero de 2009

DOCTORES INÉDITOS

De una carta sobre los falsos doctores:

Particularmente conozco a gente que posee dos maestrías y hasta un doctorado, pero siguen tan burros como antes. En cierta ocasión un vice rector me presentó a un caballero de cierta edad y me adelantó que era magíster, doctor y hasta profesor emérito. Retuve bien el nombre y apellidos del citado caballero y luego de la reunión me dirigí a la biblioteca preguntando si contaba con alguna producción intelectual, pero era un desconocido, es decir era un doctor inédito. Luego me acerqué a la facultad de su origen, tampoco tenía ningún texto publicado.

En el Congreso conozco a varios Secretarios Técnicos (Jefes de los Gabinetes de Asesores de Comisiones) con dos maestrías, doctorados, pero incapaces de redactar un texto de una sola página....

De seguro que cada uno de ustedes conoce o sabe de ejemplos como los señalados...

Jaime Prada Sánchez

Q.E.P.D.

Alberto Mosquera Moquillaza

La revista de la Facultad de Ciencias Económicas, técnicamente, ha dejado de existir. Su último número, el 31, que cubrió el periodo julio-diciembre del año 2007, fue entregado al final de ese mismo año, y habiendo transcurrido catorce meses desde esa oportunidad es indudable que si de una publicación trimestral hablamos – así está internacional y nacionalmente registrada- pues esa revista ha epilogado, llevándose de encuentro una excepcional experiencia editorial de más de una década, donde los héroes fueron los docentes de la Facultad que con sus escritos dieron vida al proyecto.

La revista podrá volver a salir, hacemos votos porque sea así; pero, para el mundo académico y científico, que se mueve hoy bajo el imperio de las publicaciones indexadas, la regularidad editorial es una norma insoslayable, especie de signo vital que demuestra la existencia de una comunidad intelectual activa, inquieta, palpitante, capaz de entregar periódicamente el producto de sus pesquisas y reflexiones.

Lamentable lo ocurrido, pero explicable. Lo habíamos dicho con anterioridad: una revista será sostenible en el tiempo si es que existe un proyecto de desarrollo establecido. Con una Facultad que marcha al vaivén del día a día, era previsible lo que iba a ocurrir.

¿Qué hacer? La respuesta está en nuestras manos: los adelantos tecnológicos nos permiten ahora contar con la posibilidad de acceder al mundo de las revistas o publicaciones electrónicas. Lo podemos hacer individual o colectivamente. Lo dijimos hace algún tiempo: ¡A falta de revista, bueno es un blog! Fuimos conscientes de que no hay economista de prestigio internacional o nacional que no cuente con su propia página web, su blog, o con sus declaraciones y conferencias colgadas en youtube. En la Facultad hay colegas que están en esa avanzada tecnológica: Humberto Campodónico, Jorge Manco, Carlos Aquino, Miguel Pisfil, entre otros.

En cuanto a la Facultad, si pone en orden sus coordenadas (¿las tendrá?) es indudable que ese será el futuro de sus publicaciones. Creemos que ahí no hay nada que discutir. Así como individualmente no hay intelectual que no esté animando una página web o un blog (téngase como ejemplo el caso del escritor José Saramago, un hombre de 80 años: www.josesaramago.org), no existe entidad académica o científica en el planeta que no se haya incorporado a los espacios de los internautas.

Si se las compara con las publicaciones impresas, en la práctica el proceso de construcción de esas revistas electrónicas es el mismo, incluso pueden ser también indexadas. Es decir que la calidad científica de los artículos, su originalidad, su nivel académico, el buen manejo del idioma (¡sálvanos dios del analfabetismo funcional!), tendrán también que ser salvaguardados para obtener el visto bueno de los pares a la hora del arbitraje externo.

Ese es el desafío, individual o colectivo.
UN MUNDO
SIN PAPEL

Oscar Quiros A.

"Un mundo sin papel" Pudiera ser el titulo de este editorial, los esfuerzos que se realizan hoy día para mantener el ambiente ecológico son enormes.Si alguna vez existiera un mundo sin papeles, ¿Como sería? Tendríamos calles mas limpias, oficinas mas ordenadas, archivadores con más espacio... Los ahorros serian considerables por parte de los Gobiernos y las empresas privadas y el mayor beneficiado sería el medio ambiente gracias a la gran cantidad de árboles que se dejaría de talar.

Un mundo sin papel no es una idea loca salida de un libro de ciencia ficción es una realidad que cada día gana más adeptos en nuestro mundo global. Algunas estadísticas indica el ahorro que grandes empresas han logrado disminuyendo en aproximadamente 80% el gasto en papel con un consecuente ahorro como ejemplo citaríamos a una de las mas importantes empresas de desarrollo de software para trabajo electrónico (e-business) en cuyas oficinas han optimizado el trabajo por medios electrónicos con un ahorro en su red mundial cercano a 4.000 kilos de papel semanales, lo que sumado al ahorro en tintas para impresión, sobres, tarifas postales, personal de mensajería etc. Representó un ahorro anual de 1.000 millones de dólares .

Los costos de impresión y distribución de las publicaciones científicas no escapan a esta evolución y el auge de las revistas en formato electrónico se perfila con un crecimiento vertiginoso, no solo con la aparición de nuevas revistas sino con la conversión de los "grandes clásicos" de la literatura biomédica periódica al formato digital. La resistencia que pudiera oponerse a estos cambios se verá forzada por los costos cada día mayores y por la velocidad de manejo de la información, mientras que una revista impresa mantiene un tiempo estimado entre la aprobación y la publicación de mas de un año, las revistas electrónicas ofrecen información casi inmediata, por lo que muchos autores están derivando su trabajos a las revistas indexadas en formato electrónico, ya que los resultados de una investigación mientras antes son dados a conocer a la comunidad mayor será el impacto de la misma, no es igual culminar una investigación y esperar año y medio para que la misma sea publicada en una revista impresa que tenerla al alcance de los lectores en un periodo de uno o dos meses a lo sumo. En ese tiempo alguien mas puede presentar un trabajo similar y restarle importancia al suyo.

Así pues que bienvenidos al mundo sin papel, donde la tecnología mueve mas rápida la información científica para beneplácito de escritores y lectores.Oscar Quirós A.Director

Acta Odontológica Venezolana
20-02-09

martes, 24 de febrero de 2009

UNIVERSIDAD LATINOAMERICANA
CENÁCULO DEL PENSAMIENTO
TECNOCRÁTICO



Atilio Boron siente “una profunda decepción al ver los efectos de la contrarrevolución neoconservadora” .

Julián Bruschtein


“La universidad latinoamericana pasó de ser uno de los grandes focos del pensamiento contestatario, donde abundaban las ideas de cambio y de transformació n social, a ser un cenáculo blindado por un pensamiento absolutamente fragmentario y tecnocrático.” En diálogo con Página/12, el politólogo Atilio Boron, director del Programa Latinoamericano de Educación en Ciencias Sociales del Centro Cultural de la Cooperación, analizó la actualidad del pensamiento crítico en el ámbito académico. Además señaló que ante la crisis “América latina está llamada a cumplir un papel extraordinariamente importante en los próximos años, que van a ser muy, muy duros”.

–El pensamiento crítico fue uno de los puntales de la universidad pública en Argentina. ¿En qué estado se encuentra hoy?

–Me embarga una profunda decepción al ver los efectos duraderos de lo que fueron los años de la contrarrevolució n neoconservadora en los ’80 y ’90. Porque en esa etapa llevaron a la universidad latinoamericana de ser uno de los grandes focos del pensamiento contestatario, donde abundaban las ideas de cambio, de transformació n social, de reforma y hasta de revolución, a ser cenáculos relativamente cerrados y aislados, blindados por un pensamiento absolutamente fragmentario y tecnocrático, despojado prácticamente de cualquier vinculación con las necesidades reales de transformació n que requiere la sociedad. Causa de esto fueron las pautas impulsadas por el Banco Mundial, de la mano de los mecanismos de control creciente de tipo administrativo en la vida universitaria. Por la vía de las evaluaciones y las acreditaciones, los incentivos que imponen esas medidas tienen un contenido clave en el resultado final: teórica, ideológica y metodológicamente van castigando al pensamiento contestatario y refuerzan el convencional.

–En ese sentido, las publicaciones científicas internacionales también juegan un papel importante.. .

–Sí, el creciente papel jugado por los referatos, las revistas de referato o los libros que se publican por esta razón claramente premian a aquel que se inscribe dentro del paradigma dominante. Tienen una muy alta valoración: otorga mayor puntaje si se publica en EE.UU. que si se lo hace en el país. A la larga, lleva al investigador a adecuar sus trabajos y su agenda a la metodología dominante, desnaturalizando por completo la relación entre los científicos sociales y la realidad de nuestros países. Pero contiene una contradicción en sí: esta metodología no sirve porque los grandes disidentes en la historia de la ciencia jamás hubieran podido progresar en una universidad como la que se ha venido reconfigurando en los últimos veinte años, donde todo pensamiento disidente es considerado ideología, no ciencia, ensayo. Es decir que Freud nunca hubiera tenido un lugar, Darwin no hubiera tenido lugar, Copérnico tampoco hubiera tenido lugar y Einstein tampoco. Una revista de referato actual hubiera interpretado que la teoría de la relatividad de Einstein era un delirio y punto. Esto es un camino muy sutil del reforzamiento del pensamiento único.

–Usted plantea la victoria ideológica del neoliberalismo a pesar de su fracaso en la promoción del desarrollo. ¿El pensamiento crítico es la herramienta para desbaratar este paradigma?

–Ganó la batalla ideológica porque logró que la gente crea que la empresa privada es mejor que la pública, que un mercado desregulado es mejor que uno regulado, que la apertura económica es mejor que el proteccionismo y que el Estado definitivamente es un mal administrador. Y, sin embargo, cuando hacés un balance de treinta años de hegemonía neoliberal arrancando con Thatcher y Reagan a fines de los ’70 y principios de los ’80, las economías latinoamericanas crecieron menos de la mitad de lo que habían crecido en el período de la posguerra. Es decir que este modelo satanizado, el desarrollismo, hizo que creciera el doble de lo que creció después, cuando se implantó la uniformidad ideológica del neoliberalismo. Este no fue capaz de generar crecimiento económico, no fue capaz de fortalecer a las sociedades, tampoco tuvo la capacidad de robustecer las democracias de la región y lo que sí hizo fue garantizar que los sectores más concentrados del capital tuvieran ganancias cada vez más elevadas.

–¿La crisis internacional abre un espacio para el desarrollo de los procesos iniciados en América latina en los últimos años?

–Creo que sí, pero como ésta puede parecer una opinión chauvinista latinoamericana, traigo la posición del historiador británico Perry Anderson. El plantea que, si hay un punto en el imperio en donde se producen las condiciones para una resistencia más eficaz en contra del capitalismo, es en América latina. Países como Bolivia, Ecuador o Venezuela lograron traducir los movimientos populares en opciones políticas con fortaleza. Estos gobiernos y estos movimientos configuran un escenario latinoamericano que no está presente ni en Africa ni en Asia. De alguna forma, la contestación más fuerte al neoliberalismo se da en terreno latinoamericano: tenemos la experiencia zapatista de enero de 1994, también el nacimiento del Foro Social Mundial, y hay que contar también a Cuba, que ha logrado mantener su revolución socialista a pesar del bloqueo.

En Argentina hay una fuerza muy importante a nivel social de movimientos reivindicatorios antineoliberales y anticapitalistas, pero todavía no tiene una traducción política. Igualmente, con todos estos datos, creo que América latina está llamada a cumplir un papel extraordinariamente importante en los próximos años, que van a ser muy, muy duros.

Página/12

MANIFIESTO
SOBRE LAS PUBLICACIONES
CIENTÍFICAS

Las publicaciones científicas son de importancia esencial para los investigadores. Los
resultados de nuestra investigación se traducen en artículos y libros, así que los mismos
se han convertido desde hace muchos años en una de nuestras principales herramientas.
En consecuencia, todo lo que afecte a la permanencia o accesibilidad de la literatura
científica es crucial para el desarrollo de nuestra actividad profesional y para que la
misma sea útil a la sociedad que la financia.
En los últimos tiempos, la literatura científica está sufriendo profundos cambios debido
a la introducción de las nuevas tecnologías electrónicas y de la comunicación
(especialmente, Internet). Existen nuevos procedimientos de creación, distribución,
archivo y acceso, y nuevos mecanismos de financiación de los costes de publicación.
Creemos que es importante que estos cambios se produzcan de manera tal que potencien
y no entorpezcan el desarrollo de la ciencia, y que no impongan cargas extraordinarias a
los contribuyentes que la financian. La sociedad debe dotarse de los medios oportunos
que controlen estos cambios.
La investigación financiada por fondos públicos debe ser accesible de la manera más
amplia posible al menor costo para el contribuyente. No parece admisible que los
precios de algunas revistas editadas por los grandes consorcios editoriales
internacionales, cuya materia prima (el trabajo de los autores, editores y evaluadores) es
subvencionada por los contribuyentes de muchos países, vayan aumentando a un ritmo
de un 10% anual, al mismo tiempo que las editoriales reconocen beneficios de más del
50%.
Esa estructura de precios limita el acceso a la información y es una de las mayores
rémoras para países como España en los que no existe una tradición científica, y la
excelencia en investigación es de reciente aparición.
Por ello consideramos de enorme importancia:
1) La creación de instituciones que garanticen la permanencia y accesibilidad a los
nuevos medios electrónicos, y constituyan un órgano permanente de estudio y
reflexión.
2) La administración debe revisar los mecanismos de precios para que no impongan
cargas excesivas a los contribuyentes y para que prácticas monopolistas
posibilitadas por las nuevas tecnologías no eliminen la competencia. Para ello:
• La licitación y otras medidas similares que favorecen la competencia, y que son
habituales en los contratos con la administración pública, deberían adoptarse
obligatoriamente en la compra de revistas. Los contratos con editoriales que no
garanticen la permanencia y la accesibilidad de la información no deberían ser
aceptados.
• La compra de revistas debe favorecer a aquellas editoriales comerciales o
sociedades cuyos precios reflejen el ahorro producido por las nuevas
tecnologías.
• Es necesaria la creación de un Consorcio Nacional de Bibliotecas y Centros de
Documentación Científica, constituido por los diferentes consorcios
autonómicos que lleve a cabo esa negociación, en colaboración con los propios
científicos.
3) Consideramos muy razonable que la accesibilidad a los resultados de los proyectos
de investigación en páginas web personales, servidores públicos o revistas de
calidad de coste razonable sea valorado favorablemente en la evaluación de tales
proyectos.
4) La existencia de revistas científicas de prestigio editadas en España es un factor
estratégico para nuestra ciencia, a la vez que puede suponer una fuente de ingresos.
Por lo tanto, los responsables públicos del sistema español de I+D+i deberían
apoyarlas. Complementariamente, el papel de los científicos españoles en los
comités editoriales de revistas internacionales debería ser también valorado.
5) Los científicos deben ser conscientes de que su deber profesional exige asegurar la
accesibilidad y permanencia más amplia posible de sus trabajos. En particular,
deben tratar de usar sus derechos de autor para estos fines. En la elección de las
revistas a las que envían sus artículos deberían tener en cuenta el coste para los
posibles lectores.
6) Los editores deben de ser conscientes de la necesidad de un pacto con la sociedad
que financia la publicación. Al ser una actividad subvencionada, deben ser tenidas
en cuenta otras consideraciones además del mero beneficio económico.
Afortunadamente, hay un grupo importante de editores que cumple estas reglas.
Estos editores responsables deben ser protegidos y apoyados.
7) Los bibliotecarios, como profesionales de la gestión, del tratamiento y de la difusión
de la información científica, deben contribuir con su labor a que aquella sea dada a
conocer por los diferentes medios y soportes al conjunto de la comunidad científica.
Para ello, las universidades y centros públicos de investigación deben contar con
bibliotecas y centros de documentación científica especializada, dotados de
suficientes recursos y de profesionales y personal técnico y auxiliar en número
suficiente para garantizar la conservación, el tratamiento y la libre difusión de la
información científica.
8) Instamos a los poderes públicos a desarrollar unas leyes de derechos de autor que
incorporen y encaucen las nuevas circunstancias.
9) La administración debería apoyar decididamente los proyectos de digitalización de
la literatura científica que se están poniendo en marcha en los ámbitos europeo y
mundial.
La Real Sociedad Matemática Española, co-organizadora de este curso, y siguiendo las
recomendaciones de la Unión Matemática Internacional y de la Sociedad Matemática
Europea, se compromete a seguir desarrollando actividades que promuevan un mayor
conocimiento de estos temas entre los matemáticos, los científicos en general y la
sociedad. Asimismo, coordinará sus actividades con otras sociedades para conseguir
una mayor eficacia en estos fines. En particular, promoverá el uso de páginas
personales, servidores públicos, revistas electrónicas gratuitas y cualquier otro nuevo
método que garantice la difusión amplia y la permanencia al coste más bajo para el
contribuyente.

Madrid, 4 de septiembre de 2003


Manuel de León, CSIC, Vicepresidente de la RSME
José Luis Puerta López-Cózar, Editor de Ars Magna
Manuel González Villa, La Gaceta de la RSME
Rafael de la Llave, Universidad de Texas, Editor de Experimental Mathematics y
Mathematical Physics Electronic Journal, co-fundador de MP_ARC.
David Martín de Diego, CSIC, Presidente de la Comisión Bibliográfica de la RSME
Enrique Macías, U. Santiago, Presidente de la Comisión de Cooperación Internacional
de la RSME
Juan Aréchaga, UPV, Editor de The International Journal of Developmental Biology
Tomás Recio, U. Cantabria, Presidente de la Comisión de Educación de la RSME
Javier Badía, Director del Servicio de Publicaciones de la UCM
Javier Gimeno, Director Biblioteca de CC. Geológicas de la UCM
José Luis González Quirós, Instituto de Filosofía, CSIC
Didac Martínez, Director del Servei de Biblioteques i Documentació, UPC
Oscar Giménez, DOYMA
Antonio Durán Guardeño, Editor General de la RSME, Universidad de Sevilla
Juan Antonio Cuesta Albertos, Director de TEST, Universidad de Cantabria
Agnés Ponsati, Directora de la Unidad de Coordinación de Bibliotecas del CSIC
J. Ildefonso Díaz, Director de RACSAM, RACEFYN
Enrique Arrondo, Director de la Revista Matemática Complutense, UCM
Juan Rodés, Editor Jefe de Journal of Hepatology, Universidad de Barcelona
Rosa María Miró Roig, Collectanea Mathematica, Universidad de Barcelona
Isidro F. Aguilló, Editor de Cybermetrics
Enrique Zuazua Iriondo, Director de ESAIM, Editor de SIAM Journal of Control and
Optimization, Universidad Autónoma de Madrid
Marcel Nicolau, Director de Publicacions Matematiques, Universidad Autónoma de
Barcelona.

LAS PUBLICACIONES
CIENTÍFICAS
¿Cómo funcionan?
En varias ocasiones he sido preguntado por amigos o familiares por el modo de funcionar de las publicaciones científicas. ¿Para qué sirven? ¿Cuánto pagan? … Explico someramente en esta entrada como funciona este mundo, del que tanto dependemos los investigadores ¿Qué son las publicaciones científicas? Es el modo en que un científico o investigador comunica sus descubrimientos. Es decir, que hasta que un supuesto experimento no ha sido publicado no se considera “ciencia”, aunque se haya presentado en un congreso, en la prensa ordinaria o de cualquier otro modo.
Dentro de ellas, existe un grupo selecto que se encuentran incluidas en el llamado Scientific Citation Index. Es ésta una especie de clasificación de las revistas. Cómo se elabora lo veremos más adelante ¿Cuál es su funcionamiento?
Imaginemos que vamos a enviar un artículo a una revista científica. En primer lugar deberemos ajustarnos a una serie de criterios que exigen: por supuesto que el trabajo sea original y no haya sido publicado en otra revista anteriormente; que se ajuste a la temática de la revista; o que se ajuste al formato de la misma. Una vez enviado, el editor de la revista asigna como norma general a un editor asociado que tiene experiencia en el área en el que se encuadra nuestro estudio. El editor jefe o el editor asociado estima si el artículo se ajusta a las normas de la revista y si tiene calidad suficiente para ser publicado en la misma.
En esta primera criba caen la mayoría de los artículos enviados. Si superamos esta fase, el editor asociado elige, entre el mundo científico, dos investigadores (a veces tres; a veces uno) con conocimientos en el tema en cuestión que actuarán de revisores (referees en inglés). Se llama revisión por pares (peer review en inglés) pues indica que es una revisión "entre iguales". Dichos revisores, que no obtienen ningún beneficio por su trabajo, evalúan el artículo enviado.
A menudo, las revistas te permiten nombrar a una serie de investigadores con los que se pudiera tener algún conflicto de intereses de tal manera que se evite que un revisor no sea objetivo en sus apreciaciones.Estos revisores tienen un tiempo para evaluar el trabajo tras el cual deben enviar su valoración, que normalmente se encuadra en una de las siguientes categorías:
Aceptado sin cambios.
Aceptado con cambios menores.
Aceptado con cambios mayores.
Rechazado.
La primera categoría sucede infrecuentemente, menos cuanta más calidad tiene la revista.El editor asociado recibe las valoraciones y en función de ellas nos comunica su decisión. En cualquier caso, los comentarios de los revisores no son vinculantes y el editor asociado puede decantar la balanza según sus propios criterios, aunque suelen ajustarse bastante a las decisiones de los revisores.
Supongamos que nos lo han aceptado con cambios. Tendremos entonces un tiempo para contestar a todas las preguntas, comentarios y críticas que hayan realizado los revisores y el propio editor asociado. Una vez enviada la respuesta, el editor decidirá si las correcciones son convincentes, si le queda a él alguna duda o incluso si lo vuelve a enviar a los revisores.
Si nuestro artículo fuese aceptado definitivamente, a partir de entonces sólo quedaría el proceso de edición para ver nuestro artículo publicado. Si por el contrario fuese rechazado, nos quedaría el derecho al pataleo, pero la mejor opción sería elegir una nueva revista donde creamos que nuestro estudio puede encajar.
¡Ah!, las revistas científicas no pagan por publicar en ellas. Antes al contrario, algunas de ellas (especialmente las norteamericanas o las que no pertenecen a una editorial importante) cobran por ello. Como estas revistas son muy especializadas no llegan al gran público y no tienen apenas ingresos por publicidad o por ventas (habitualmente sólo se encuentran en bibliotecas de universidades o centros de investigación).
¿Son importantes para un investigador las publicaciones que realiza?
Para un científico, la cantidad y calidad de sus publicaciones son como para un vendedor de coches su índice de ventas. Hoy en día, es el principal valedor de un investigador para conseguir una beca, una plaza o fondos para investigar. Además, cada vez con mayor frecuencia sólo son tenidas en consideración las que se hayan incluidas en el Scientific Citation Index.
¿Cómo se evalúa la calidad de una revista científica?: Science Citation Index, Journal Citation Report, Impact Factor.El instituto americano ISI (Institute for Scientific Information) lleva a cabo el denominado Science Citation Index (índice de citas científicas) que se presenta anualmente en un Journal Citation Report (algo así como “informe de citas de las revistas”). La clasificación las revistas se calcula en función de su Impact Factor o índice de impacto.
El impacto máximo en 2006 se halla en 60, que obtuvo la revista A Cancer Journal for Clinicians o 51 del New England Journal of Medicine. Suelen ser revistas de medicina las que poseen mayores índices de impacto. Como veremos más abajo, éste es uno de los inconvenientes del índice de impacto. Las famosas Science y Nature se suelen situar entorno a 30.
Por un lado, es necesario que exista un medio establecido que permita comparar la calidad científica de investigadores o grupos de investigación. El índice de impacto sin embargo presenta muchos inconvenientes. Por ejemplo, es cuestionable si el número de citas mide la calidad o la cantidad de publicaciones. Por ejemplo, un artículo podría ser muy citado precisamente porque sus conclusiones eran falsas. Otras causas de crítica, revisadas por Quispe (2004), son las siguientes:a) La calidad del documento no puede estar limitada por el tiempo: el período de 2 años fijado por el ISI para el cálculo del índice de impacto es arbitrario.b) El número de revistas contenidas en la base de datos del ISI es una proporción pequeña de todas las revistas científicas.c) Las revisiones son citadas con mayor frecuencia que la investigación original, favoreciendo así a las publicaciones que optan por estos artículos como parte de una estrategia publicitaria.d) El índice de impacto no toma en cuenta las auto-citaciones, las cuales constituyen una tercera parte de todas las citacionese) Los errores son comunes en las listas de referencia (ocurriendo en un 25% de todas las referencias) lo que afecta la certeza del índice de impacto.f) La presunción de un enlace positivo entre las citaciones y la calidad es mal fundada, ya que se cita trabajos por diversas razones, incluso para referirse a una investigación sospechosa o pobre.g) El índice de impacto no toma en consideración los ambientes y condiciones sociales de cada país, ni la diferencia que existe en las diferentes disciplinas de investigación.h)
El índice de impacto es muy bajo en los países latinoamericanos comparado con el de EE.UU. Los países de la región no pueden competir con las industrias editoriales de los países del primer mundo, ni tienen la misma capacidad de comercialización, ni patrocinadores publicitarios, ni penetración en los mercados.Recomendamos leer el artículo de Quispe (2004) porque en él se mencionan numerosos errores asociados al proceso de creación del índice de impacto. Por ejemplo, la revista Leukaemia solicitaba a sus autores que citaran artículos de su propia revista (para aumentar así su índice de impacto). Por otro lado, unos investigadores observaron que se da un fenómeno cada vez más frecuente: la copia de las listas de referencias usadas en otros documentos. Es decir, que muchos investigadores citan artículos sin leerlos lo que provoca que el azar produzca artículos citados un extraordinario número de veces sin merecerlo.
Blog:De alimañas y vermes
26-11-07
Controversia
SOBRE LAS PUBLICACIONES
CIENTÍFICAS


Nadie ignora que Internet está asociada, desde su gestación, a la difusión del conocimiento científico. El impacto que ha alcanzado desde entonces y las consecuencias que se desprenden para la comunidad científica son temas de una controversia muy actual.
Mientras la discusión se ventila en la prensa, siguen adelante iniciativas ­–como la llamada Internet 2, la Grid o la web semántica, así como el concepto P2P y el lenguaje XML– que prometen llevar aún más lejos esa íntima relación con la ciencia. Y es precisamente la comunidad científica la que está proponiendo la pérdida de influencia de las publicaciones en papel, con un paralelo ascenso de las que se editan online.
No se trata sólo de una cuestión de costes: la funcionalidad de la respuesta a las necesidades de los científicos es el factor determinante para decidir cuál será el futuro modelo. Y aquí empiezan las discrepancias entre lo que proponen unos y otros. Algunos datos son reveladores de la dimensión del problema.
El año pasado más de 16.000 científicos de 139 países firmaron una carta abierta promovida por Michael Eisen, genetista de Berkeley y fundador de PloS, Public Library of Science, [www.publiclibraryofscience.org], cuyo punto de vista comparten: la literatura científica no debería ser monopolio de un editor. En diciembre, PLS anunció haber obtenido una donación de 9 millones de dólares, aportada por la Fundación Gordon Moore (sí, el de la ley de Moore) para poner en marcha sus propias publicaciones, dirigidas y controladas por científicos, como demostración de que otro modelo es posible.
Sin embargo, el anunciado boicot contra los editores que se nieguen a poner sus archivos en régimen de libre acceso, no parece haber hecho mella en el negocio de la edición científica. Las publicaciones científicas, por su parte, se han apuntado un triunfo al conseguir el cierre forzado de PubScience [www.osti.gov], un portal que desde 1999 gestionaba el Departamento de Energía estadounidense, y que suministraba acceso en la WWW a resúmenes y citas de 1.200 publicaciones en el campo de la física y ciencias afines. La lectura de los resúmenes era gratuita y si el interesado quería acceder al documento completo, disponía de un enlace al editor. El caso es que PubScience, subvencionado por el gobierno federal, tuvo tanto éxito que despertó la indignación de al menos dos firmas –Scirus [www.scirus.com] e Infotrieve [www.infotrieve.com]– que ofrecen servicios similares mediante pago.
Al final, la presión del lobby consiguió que el Congreso eliminara la partida presupuestaria que permitía financiar el portal. La lógica es la siguiente: si lo hace el mercado ¿por qué ha de hacerlo el gobierno?
Choques
Estos choques no se daban en el pasado, cuando el único medio de publicación era el papel, y los costes de impresión y distribución debían recuperarse de algún modo. En principio, Internet debería eliminar esas barreras: por supuesto, no todos los costes desaparecen, aunque algunos ya no son esenciales. El control de calidad, que diferencia la literatura científica seria, revisada por especialistas, de la difusión anárquica y vanidosa de resultados dudosos, cuesta dinero. Pero varios episodios chuscos han puesto de relieve que tal evaluación es frecuentemente un engaño y que los filtros de los editores son demasiado generosos, con tal de producir titulares en la prensa general.
Pero aunque los científicos están más interesados en la libre circulación de las ideas que en los costes, el problema del acceso a la información también es económico. Las, digamos, 20.000 publicaciones regulares publican cada año unos 2 millones de artículos. El precio pagado colectivamente en un año por las bibliotecas que pueden permitírselo equivale a unos 4.000 millones de dólares, lo que significa que cada artículo se vende, en promedio, a 2.000 dólares. A cambio de esta suma nada despreciable, el artículo está a disposición de los lectores de las bibliotecas abonadas, y sólo de esas bibliotecas.
A menos que, y así se hace con frecuencia, distintas bibliotecas se concierten para compartir copias de una misma suscripción. Pero aun así, subsiste el problema de que una suscripción da derecho restringido a consulta de los archivos, y ese derecho no se puede compartir. Para los investigadores, tanto o más que el último número de una revista, lo que importa es acceder al archivo de una revista.
Es evidente que algunas editoriales se han habituado a la fórmula de precios elevados –en incremento más rápido que la inflación– para publicaciones de baja circulación pero en número también creciente, lo que garantizó durante años unos beneficios que para sí quisieran otras ramas de la edición. Así, esos editores especializados han contribuido a lo que dio en llamarse serial crisis. Muy pocas bibliotecas pueden permitirse la suscripción siquiera a una fracción significativa de la literatura científica que se publica. Las raíces de esta crisis se remontan a más de veinte años atrás, cuando los científicos adoptaron la regla de que sólo hay dos caminos: publicar o desaparecer de la escena.
Esto, junto con la proliferación de subdisciplinas, acentuó la posición dominante de los editores comerciales sobre la comunicación científica.
Foros
En los foros científicos, mientras tanto, se discuten asuntos como las facilidades de almacenamiento, catalogación y búsqueda, de las que depende la creación de archivos estables sobre la investigación pasada y presente. Por cierto que, así como el éxito de Internet se debe al acuerdo sobre una serie de protocolos comunes, en materia de difusión de los resultados de la investigación científica hay una gran diversidad de modelos, más o menos experimentales, que no han llegado a un grado de desarrollo suficiente como para sustituir el esquema vigente.
Entre esos modelos se encuentra la Open Archives Initiative [www.openarchives.org] que tiene entre sus socios al MIT y el apoyo de HP. La OAI pretende ofrecer un medio para que sean los propios científicos los que diseminen sus trabajo; pero como esto requiere la existencia de unas condiciones previas, los equipos de esta iniciativa se han volcado en el diseño de un estándar para la edición de contenidos digitales que, se supone, debería servir a la vez a grupos con necesidades tan distintas como los matemáticos, los físicos y los biólogos, entre muchos otros.
El surgimiento de XML, que en algún momento reemplazará a HTML, es una hipótesis de interés para el desarrollo de la comunicación científica. Como lo es el proyecto de web semántica de Tim Berners-Lee [www.semanticweb.org]. Pero, por el momento, ninguna de ellas representa una alternativa real ni mucho menos un ahorro de costes sobre el sistema convencional de publicación en Internet.
Quienes trabajan en estos desarrollos sostienen que muchas publicaciones de alto precio y escasa circulación podrían ser reemplazadas por bibliotecas digitales automatizadas. Al reducir la intervención humana en el proceso de edición, confían en reducir drásticamente los costes de diseminar la información. En ciertas áreas, como la biología y la genética, la solución parece estar más cerca de las técnicas de bases de datos –que a menudo contienen hipervínculos a artículos de referencia– que de la literatura gris o el papel convencional.
Hay quienes, sin renunciar a esa perspectiva, han creído necesario ir al grano y propiciar la disolución del actual sistema de comunicación científica. Un numeroso grupo de científicos, iniciadores del proyecto PloS, han propuesto que los artículos deben ser libres en el menor plazo después de su publicación en una revista.Porque en el centro de todas estas cuestiones está una controversia que puede reducirse a la siguiente fórmula: ¿la literatura científica (el único archivo permanente de las ideas y descubrimientos de la humanidad) debe estar bajo propiedad y control privado?
Evidentemente, los editores hacen algo más que imprimir: someten los trabajos recibidos a la evaluación cualificada de terceros y se ocupan de un proceso de edición que no puede tomarse a la ligera. Pero su contribución es minúscula en comparación a la de los científicos que conciben las ideas, hacen el trabajo, comprueban los resultados, escriben los artículos o actúan como evaluadores de los trabajos ajenos. ¿Es legítimo que quien menos contribuye pueda disfrutar del monopolio de la difusión de esos trabajos?
Lo que nadie duda a estas alturas es que la literatura científica del futuro será electrónica y más heterogénea que el actual sistema de edición (en papel o en línea). La idea matriz, común a diversas propuestas, consiste en concebir archivos distribuidos, dinámicos y cambiantes –repositorios de información– gestionados por los especialistas de su disciplina y única fórmula capaz de asegurar una difusión amplia y de preservar a largo plazo los archivos. La auténtica memoria de la ciencia.
@World