miércoles, 1 de julio de 2009

EL PERRO
DEL HORTELANO II

Nelson Manrique

En el periódico fujimorista Expreso, el presidente Alan García ha publicado un artículo que recicla su profesión de fe neoliberal (“A la fe de la inmensa mayoría”. 28/6/09). Las tesis que sostiene son un refrito, pero la ha aderezado con un relato sugerente.

García comienza afirmando que hay un conflicto de dimensión continental en el que se enfrentan dos grandes enemigos: “En el año 2006 dos modelos políticos y económicos pugnaban por el poder: de un lado, la democracia política y económica que aprovecha el avance del mundo y de otro lado el estatismo económico y la demagogia que detiene a los países”.

Siempre según García, la historia del mundo hoy gira en torno a esta pugna, que, casualmente, es muy semejante al conflicto que enfrentó a los EEUU y la URSS durante la segunda mitad del siglo XX, con su secuela de intervenciones imperiales:“Ahora vivimos una guerra fría en la que participan gobernantes extranjeros”.

En la nueva guerra fría de García el Perú tiene el rol histórico protagónico (¿cómo podría ser de otra manera si ya él ha proclamado públicamente que somos el centro del universo?): “Recordemos que el Perú es un centro vital para los hechos continentales. Fue necesaria la conquista del Perú para dominar Sudamérica, lo fue Ayacucho y ahora es necesario para el modelo regresivo y dictatorial que quiere dominar al Perú”.

Según García, por fortuna para el país los peruanos eligieron el año 2006 el modelo que él representa, aunque éste, por desgracia, está continuamente amenazado: “el Perú ganó la batalla pero la guerra continúa”. La amenaza proviene ahora de los “grupos ‘antisistema’ que predican el estatismo y aprovechan cualquier queja o reclamo para impulsar la violencia”. El objetivo de estos –García dixit– es propiciar una asamblea constituyente, que implante la reelección presidencial, y nos lleve al totalitarismo. Hasta aquí la fábula.

Tratemos de reconciliarnos con la realidad. Los peruanos votaron el 2006 por un candidato que prometía un “cambio responsable”, tomando ostensible distancia del modelo neoliberal, que él endilgaba a Lourdes Flores (“la candidata de los ricos”). García prometía defender los intereses de los trabajadores, acabando con una legislación laboral antiobrera y con los services (creados precisamente durante su primer gobierno).

Prometía, asimismo, revisar los contratos lesivos al país, cobrar a las empresas mineras las regalías que no estaban pagando y los impuestos a las sobreutilidades generadas por una coyuntura de precios extraordinariamente buena. Decía que debían pagar más impuestos los que más tuvieran, amenazaba con retirar su firma del TLC con los EEUU, ofrecía abolir la constitución fujimorista de 1993 y volver a la de Haya de la Torre, de 1979, ser inflexible con la corrupción, y un largo etc.

Los peruanos no eligieron, pues, lo que García dice que eligieron, y, como es sabido, las promesas que él hizo para lograr ser elegido fueron escrupulosamente traicionadas.

¿Qué pueden hacer los ciudadanos cuando su máximo mandatario llega a desasirse a este grado de la realidad? Si en la conducción del país impera semejante visión alucinatoria nada bueno nos espera.

Cuando Alan García confió a un grupo de empresarios que Dios le había otorgado el don de convencer a cualquiera no reparó en que la principal víctima de su elocuencia es él mismo. Es un problema de salud mental distinguir la realidad de aquella que construimos con nuestras palabras.

La República
1-07-09
LA DECENCIA
POLÍTICA
Alberto Mosquera Moquillaza

En política, incluso bajo las coordenadas de la democracia burguesa, la decencia tiene que ver con la conducta responsable y respetuosa, por tanto digna, que se asume ante los ciudadanos, el país y ante la propia conciencia. Si buscáramos un ejemplo, lo tendríamos en el maestro Raúl Porras Barrenechea, quien en 1960, siendo Canciller de la República, se opuso en Costa Rica a la expulsión de Cuba de la Organización de Estados Americanos, soportando las presiones del imperio norteamericano y desobedeciendo la orden del Presidente Manuel Prado, quien se había sumado al complot orquestado contra la isla caribeña. Porras fue fiel al principio de la no intervención en los asuntos de un Estado y respetuoso de la libre determinación de los pueblos, pero ante todo se allanó al mandato de su conciencia democrática y de hombre de bien.

En el Perú, sin embargo, la palabra decencia no figura en el vocabulario de sus parlamentarios, en especial de aquellos que al margen de todo principio suelen organizar correlaciones de fuerza de acuerdo a sus aspiraciones mezquinas, sin tomar en cuenta los intereses del país, de sus pueblos, y de la propia democracia a la que dicen defender, pero a la que realmente torpedean con sus conductas sinuosas y prebendarias.

Afirmamos que no conocen el vocablo decencia porque el día de ayer, colocándose de espaldas al país - me remito a las encuestas divulgadas y a las opiniones de connotadas personalidades ajenas a los cambalaches políticos-esos congresistas permitieron que el Premier Yehude Simon y la Ministra Mercedes Cabanillas - responsables políticos de los trágicos sucesos de Bagua del 5 de junio pasado- sortearan la censura, que en cualquier Parlamento decente se hubiera dado; en tanto y en cuanto, ateniéndonos únicamente a las prácticas parlamentarias, ninguno de los dos Ministros supo responder satisfactoriamente a las preguntas previas de los pliegos interpelatorios.

Si los citados Ministros, en otra actitud vergonzosa se negaron a renunciar inmediatamente después de los hechos de Bagua, o si el Presidente de la República los blindó políticamente, al Congreso le correspondía - sobre todo si no superaron el examen de la interpelación-actuar quitándole su confianza. De acuerdo a la Constitución, la censura al Premier se hubiera llevado de encuentro a todo el gabinete, dando paso a una situación transitoriamente inestable aunque superable como ha ocurrido en otras oportunidades, pero que hubieran apuntalado la democracia, el Parlamento y al propio Ejecutivo, tan venidos a menos en la conciencia de las mayorías nacionales, como lo demuestran levantamientos como la de los pueblos amazónicos, o las propias encuestas de opinión regularmente divulgadas.

De acuerdo a los hechos arriba anotados no es cierto, como afirma el Presidente de la República - léase su artículo A la fe de la inmensa mayoría, publicado recientemente en el diario Expreso de Lima- que la inestabilidad y la zozobra la creen los "antisistema", convertidos en "representantes de la penetración externa", según nuestro Primer Mandatario. Los desestabilizadores, los que hacen perder la fe en la democracia, los que generan derrotismo, son los propios actores del sistema, que en este caso tienen la investidura de congresistas; los mismos que en la víspera de los infaustos hechos del 5 de junio se negaron a derogar los decretos leyes cuestionados por las comunidades nativas, echándole leña al fuego con las sinrazones que arguyeron, pero que inmediatamente después del baño de sangre - oficialmente murieron en Bagua 24 policías y 10 civiles- dieron un giro de 180 grados, demostrándole al Perú y al mundo la justeza de los reclamos amazónicos.

Por esto es que afirmamos que la democracia en el Perú se cae sola. En pleno siglo XXI, esa democracia, reajustada en los 90 para canalizar la voracidad del neoliberalismo, hace agua, porque no es capaz de incorporar al Perú de todas las sangres, agravando su crisis con sainetes como los de ayer, donde las abstenciones y las ausencias tienen un precio, como ha ocurrido con anterioridad. Con congresistas de esa calaña, siguiendo la lógica del Presidente García, los chavistas sobran.

Al final de la sesión congresal, más de un legislador que se opuso a la censura exclamó: ¡ha triunfado la democracia! Parafraseando a Pierre Calame diría si pues, así ha sido, pero es una democracia hecha añicos.
Lima, 1 de julio de 2009
SE ACERCA EL FIN
DE UN MODELO DE NACIÓN
Ex rector y profesor principal de San Marcos, Manuel Burga es uno de los historiadores más fructíferos y reconocidos del país. Nadie más pertinente que él, entonces, para opinar sobre el Perú de estos días.
Federico de Cárdenas

–Existe la impresión en medios académicos de que la crisis que enfrentamos es mucho más grave de lo que se piensa.–
Sí. La gente no es consciente de la profundidad de la crisis, que se da por el agotamiento del tipo de Estado que tenemos. Es una crisis que no es coyuntural sino estructural, con la cual estaríamos llegando a una etapa de cambio de era o cambio de periodo. La situación sería comparable –si es que queremos referirnos a otros momentos de nuestra historia– al fin del segundo militarismo con Cáceres, cuando el Partido Civil inicia la república aristocrática, con Nicolás de Piérola a la cabeza. La clave está en saber de qué fin de era se trata: el fin de un modelo económico o el fin de un modelo de nación. Me inclino por la segunda hipótesis: hay una emergencia de las periferias, que buscan una nación más inclusiva, en la cual no solo se incorporen las nacionalidades excluidas, sino que se las respete. Y que a través de la descentralización se atienda sus demandas.–
¿Esta nación emergente colisiona con el modelo económico vigente, especialmente tal como lo ha planteado el presidente García?–
Sí. Este modelo contradice aquel enunciado en “El síndrome del perro del hortelano”, el modelo primario exportador. El modelo de García se basa en la extracción de recursos naturales –sean de la agricultura, la minería o del bosque– y se encuentra agotado, no solo en el Perú sino en otros países. Entonces, se trata de una situación inédita en la historia universal: un nuevo modelo de nación que va a exigir un nuevo modelo económico. Esto es resultado de la vigencia de la posmodernidad en el mundo, donde han resurgido con fuerza muchas identidades y autonomías regionales, y no solo aquí, también en Europa.
–Una de las características de estos movimientos es que son autónomos. Es decir, no enganchan con el sistema político.–
Es la impresión que se tiene. Que vienen desde la periferia, demandando derechos enunciados en el ordenamiento político, pero no efectivos. No se puede decir que no hay Estado en Andahuaylas. Está, y desde los siglos coloniales, pero su presencia no se traduce en obras, educación o salud pública. Esto es lo que tiene que cambiar, y las poblaciones que levantan agendas deberán incorporarse como partes orgánicas, ya no como esa especie de colonias internas que son.
–Actualmente existe una pugna entre los proyectos regionales y aquellos procedentes del Estado nacional, habituado a imponer los suyos.
–Las regiones se miran a sí mismas, y al hacerlo descubren por tercera o cuarta vez –pues no es un hecho nuevo– que los ingresos que ellas generan sirven para engordar al sistema de la metrópolis. Por eso buscan a través del canon que esas plusvalías que generan se inviertan en las propias regiones. El futuro del Perú es federalista, al menos tal como lo entendieron Mariátegui y Manuel Pardo, para no dejar que todo sea absorbido por el centralismo limeño.
–Este enfrentamiento con el poder central tiene aspectos nuevos. Ahora los pueblos que se levantan citan a la autoridad central y le presentan sus demandas en su propio territorio, ya no vienen a Lima.
–Sin duda es una parte novedosa. La exigencia ahora es recibir a la autoridad. El esquema anterior de los reclamos campesinos era que ellos enviaban sus mensajeros a Lima. Ahora el mensajero proviene del Estado y acude a lograr diálogo y acuerdos con las poblaciones que reclaman. Es un triunfo de la descentralización. Puede ser que a algunos peruanos eso les erice la piel y vean a algunos presidentes como muy regionalistas, pero tienen todo el derecho de serlo. No hay que olvidar que el modelo de nación que proviene desde inicios del siglo XX es plebiscitario, y sirve en tanto es útil a sus acciones. –
¿No crees que hay también un reclamo de ciudadanía en las agendas de estos sectores postergados?–
Sí. La ciudadanía ha venido expandiéndose en el país a través de los mecanismos de la educación, que se ha universalizado. Los derechos políticos se han reconocido, todos somos electores, y lo mismo ocurre con los derechos sociales. Ahora lo que los pueblos reclaman es autonomía. Ya no solo respecto a los individuos, sino respecto a las colectividades. Las autonomías ya existen en España y hacia eso marchan muchos países como el Perú.
–¿Encuentras satisfactoria la explicación oficial que insiste en que hay un problema de comunicación entre gobernantes y gobernados cada vez que surge una protesta?
–Me parece insuficiente, pues todas las regiones están intercomunicadas. Lo que ocurre es que no hay una integración orgánica de ellas dentro del diseño nacional. Las tres funciones básicas del Estado: educación, salud y seguridad se centran solo en la costa o en Lima, dejando desguarnecido el interior del país. Una parte de los reclamos es eso: recibir lo básico para sentirse peruanos a cabalidad.
-¿Y cómo haría el Estado central para satisfacerlos? Porque es evidente que no podrá atender a todos.
–Ernest Renan, un escritor francés, decía a mediados del siglo XIX que las naciones se construyen a partir de las demandas de las regiones (“las provincias”, decía él) y creo que esa será la gran tensión que se aproxima en el futuro en el Perú. El poder central debe atender las demandas de las regiones y estas deben sentir que forman parte de la nación peruana. En esa dialéctica está el secreto de toda nación moderna. La integración no se construye en un par de décadas, es un proceso largo. Tenemos que construir la organicidad de la nación. Hay que engreír a las regiones y otorgarles el mismo tratamiento que Tacna recibió en el siglo XX.
–¿Hay posibilidades de conseguirlo o la crisis las ha clausurado?
–Es tarde para el esquema anterior, primario exportador y depredador. Pero es posible si se aplica un nuevo esquema, que incremente la velocidad de integración de las regiones al país. Nunca es tarde en la historia de los países para construir una nación. El gran tema es entender el momento, saber por dónde caminar. Abandonar esa tesis del siglo XIX que trata de entender el Perú solo desde el centro metropolitano. Hay avances, algunos procedentes de universidades, pero es la sociedad civil la que ha hecho los mejores esfuerzos por entender el país en las últimas décadas. Si no se ponen en marcha mecanismos públicos hacia las regiones, podemos llegar a una situación de inviabilidad.–
¿Crees que esta discusión será tomada en cuenta en el próximo periodo electoral?
–El ganador de las próximas elecciones será aquel que vaya al interior y ofrezca propuestas sólidas para profundizar el proceso de regionalización, con respeto a las identidades. Quien lo haga de modo convincente será quien gane el voto mayoritario, pues si en Lima se divide el electorado, serán las provincias las que tendrán el voto decisorio.
Dominical
La República
28-06-09

martes, 30 de junio de 2009

POR DONDE VA LA FE
DE LA INMENSA MAYORÍA

Humberto Campodónico


El artículo de Alan García publicado ayer, “A la fe de la inmensa mayoría”, vuelve a decir que “quien no está conmigo está contra el país y es un antisistema”, cambiando el discurso (relativamente) conciliatorio post conflicto de Bagua. Este artículo está dirigido a una supuesta “mayoría silenciosa” que no tiene intervención política activa, por lo cual no es escuchada, pero que es determinante para decidir los destinos de la Nación.

García no está diciendo nada nuevo, sino retomando el discurso de Nixon de 1969 pidiéndole apoyo a la “mayoría silenciosa” para seguir la guerra en Vietnam. En su afán de polarizar, de aquí al 2011, dice que “vivimos una guerra fría en la que participan gobernantes extranjeros” y que está en marcha un complot “para provocar un levantamiento general de los pueblos, precipitar la caída del sistema y elegir una Constituyente”.

Pero no es eso lo que dice la “mayoría silenciosa”. El 92% dijo en una reciente encuesta (Apoyo) que los nativos debieron ser consultados acerca de los decretos legislativos. También que el primer responsable de Bagua es el propio Presidente con el 57%, seguido de Cabanillas con 39%, Simon con 24% y Pizango y la PNP con 17%. Los “extranjeros infiltrados” a los que alude el Presidente llegan en 6to lugar con el 11%.

Alan García dice que en el 2006 el pueblo eligió entre dos modelos: de un lado la democracia económica y política y, de otro, el estatismo económico y la demagogia. No es así. En el 2006 el Perú se pronunció claramente por la exclusión del neoliberalismo a ultranza implantado en el Perú desde 1991, discurso que incluso adoptó Lourdes Flores al final de su campaña electoral.

García prometió modificar la renta básica, un impuesto a las sobreganancias mineras y petroleras, revisar el TLC “línea por línea”, etc. En su discurso del 28 de julio del 2006 dijo que estaba agotado el Consenso de Washington y que “ahora sabemos que ni la estabilidad ni las privatizaciones fueron suficientes y que, por aplicarse aisladamente dejaron un saldo de pobreza y de marginación para millones de seres humanos. Hoy requerimos de un nuevo consenso, que rescate el rol del Estado por el empleo y la justicia y que afirme la participación ciudadana sin exclusiones”.

Pero, contradiciéndose –y perdiendo una gran oportunidad de cambio– la derecha económica siguió gobernando, ampliando la reforma neoliberal con los 100 Decretos Legislativos inconsultos que causaron la tragedia de Bagua.

El fondo del asunto no es la polarización entre “dos sistemas” sino reconocer que se necesita un equilibrio entre mercado y Estado, como se dijo en la campaña electoral. Eso se pudo hacer en los primeros años de gobierno, pero no se cumplió con aplicar impuestos a las ganancias de capital, con una nueva Ley del Trabajo, con la vigencia del salario mínimo, con el potenciamiento de las empresas públicas, con restringir las comisiones de las AFP, entre otras políticas. Los años de bonanza económica han reforzado las ganancias y profundizado la desigualdad.

A las grandes mayorías no les basta con el discurso de un mayor crecimiento. Les interesa ser consultadas y participar de los frutos de ese crecimiento. Es decepcionante constatar que el Presidente no ha aprendido las lecciones de Bagua, lo que querría decir que el sucesor del premier Simon va a insistir en “más de lo mismo”. ¿Se seguirá con los “faenones”, con un DL 1090 igual que el derogado pero con otro nombre, con la no anulación de la venta de PetroTech (que, encima, no paga impuestos), con la venta a México del gas del Lote 88, con la desprotección de la industria nacional, etcétera?

En su artículo, García está proponiendo lo que Alberto Adrianzén ha denominado una “guerra civil política” de aquí al 2011 para, supuestamente, defender al modelo de los “antisistema”, tratando llevar a ese esquema a los empresarios y, también, a su propio partido. Esa ruta “polarizadora” –que se asemeja cada vez más a la política del miedo, miedo, miedo de George Bush, derrotada por Obama- debe se reemplazada por el diálogo democrático y el nuevo equilibrio entre Estado y mercado. Es por allí que anda la fe de las inmensas mayorías.

La República
29-06-09
A LA FE
DE LA INMENSA MAYORÍA


Alan García Pérez

Debemos tener fe y confianza en las metas que estamos logrando juntos: más crecimiento, más desarrollo social, más inversión y más empleo. Esa debe ser nuestra actitud. Les aseguro que con más estabilidad política y económica, nuestro país cambiará de manera irreversible a favor de las mayorías, del progreso, de la estabilidad y de la paz. Y no debemos caer en el temor. Los adversarios son los de siempre, los que amenazan y bloquean carreteras porque saben que son muy pocos y que han perdido la partida. Pero saben también que es fácil crear desorden en los mismos lugares en los que anteriormente ganó el "antisistema" , para empujar al país al derrotismo. Pero no hay que caer en esa trampa. Reflexionemos.

I. Esto es parte de un conflicto continental: En el año 2006 dos modelos políticos y económicos pugnaban por el poder. De un lado, la democracia política y económica que aprovecha el avance del mundo y de otro lado el estatismo económico y la demagogia que detiene a los países. Nuestra nación estuvo a punto de caer en el sendero equivocado que conduce a la pobreza y la crisis. Ahora vivimos una guerra fría en la que participan gobernantes extranjeros. Pero la están perdiendo quienes representan la penetración externa. Recordemos que el Perú es un centro vital para los hechos continentales. Fue necesaria la conquista del Perú para dominar Sudamérica, lo fue Ayacucho y ahora es necesario para el modelo regresivo y dictatorial que quiere dominar al Perú.

II. En el 2006 el Perú ganó la batalla, pero la guerra continúa: Escogió por 5 años un camino comprobado para el crecimiento, que fue de 9% en el 2007 y de 9.8 % en el 2008. Un camino de reducción de la pobreza que bajó desde 48% a 36% hoy. Sin embargo, la conciencia política no marcha tan rápido como el crecimiento material. Por eso, aún hay bolsones de incredulidad y desinformació n que la demagogia aprovecha. Aunque la modernidad gana terreno social, subsisten grupos "antisistema" que predican el estatismo y aprovechan cualquier queja o reclamo para impulsar la violencia. Dicen que dialogar es que se acepte al pie de la letra lo que ellos imponen aunque sea irracional, buscan muertos para agigantar las noticias y usan la mentira. Así, la Ley del Magisterio, hecha para que los maestros capacitados ganen el doble que hoy, la presentan como un medio para despedir a profesores aunque ninguno haya sido despedido. Dicen que si los alcaldes y padres de familia supervisan la calidad de las escuelas, se privatizará la educación. También hablan de "genocidio" con cientos de muertos inexistentes. Para frenar la inversión, siempre dicen que hay chilenos detrás, que hacer una hidroeléctrica es para llevarse el agua al extranjero, etc., etc. Saben que siempre habrá quien les crea, especialmente en las zonas donde votaron por el "antisistema" ..

III. Son una minoría: ¿Cuántos movilizan en todo el país y en todas sus marchas? Un máximo de 50,000 personas: 1,000 aquí, 2,000 allá, etc. pero hacen noticia cuando 200 impiden el tránsito de una ciudad o toman un puente llamando antes, claro, a un camarógrafo. Son viejos "dirigentes" que con sus huelgas y falta de estudios han contribuido a la baja calidad de la educación. Son eternos burócratas que negocian muy bien sus pliegos con los patronos, pero azuzan los conflictos de otros sectores. Aparecen con otras etiquetas junto a los sobrevivientes de la izquierda comunista de los 70, esa que predicaba la violencia y que llamaba "hermanos" a los senderistas. Multiplican las etiquetas con los "frentes de defensa", etc., pero siempre los mismos.

IV. ¿Cuál es su meta? Crear un "levantamiento general de los pueblos" aprovechando la crisis mundial. Pero se equivocan porque la inmensa mayoría piensa diferente a ellos y porque la estabilidad económica y el empleo están garantizados, pues el país ahorró y creció para enfrentar la crisis. Entonces sólo les queda presentar a los 50,000 movilizables en diferentes lugares como si fueran "todo el país". Usan la lucha de algunos medios de comunicación por el rating, retroalimentando el terrorismo del desorden como ocurrió en los años 80. Tomar un puente es un hecho, pero lograr que todo el país se entere y se atemorice vale mil veces más. Premeditar y ordenar la muerte de 24 policías puede atemorizar y desconcertar a toda la sociedad. Es la receta anarquista de la muerte como arma publicitaria.

V. ¿Cuál es su estrategia? Acumular fuerzas en la primera mitad del gobierno y en la segunda precipitar la caída del sistema y elegir una Constituyente establecer la reelección, proceder a la estatización de algunas empresas para ilusionar a la gente y luego estatizar el pensamiento y la vida social. Durar 10 o más años en el poder y consolidar la Internacional del Socialismo Sudamericano. Después, irse, dejando el país en la miseria social y el atraso tecnológico.

VI. Su táctica es la captura de los instrumentos de decisión y comunicación: En Rusia de 1917 los revolucionarios clásicos querían tomar los cuarteles y las oficinas del gobierno, pero Trotsky comprendió que era mejor tomar los trenes, los telégrafos y las radios. Los de ahora saben que no pueden ganar las elecciones ni pueden tomar cuarteles, porque han asesinado demasiados soldados y policías. Por eso, sólo se multiplican en los blogs, azuzan a los comunicadores, se adueñan con violencia de la noticia, etc. Su táctica es el negacionismo, repitiendo "nada se ha hecho", "todo está peor", "es el gobierno de los ricos". ¿Y el Programa Agua para Todos, que benefició hasta ahora a 2 millones? Nada. ¿Y la electrificació n de 3,300 pueblos del país? No hay nada ¿Y la Interoceánica , el puerto y otros 2,000 kms de carreteras? Nada ¿Y los teléfonos que pasaron de 5 millones a 22 millones? Nada ¿Y los 16 hospitales? Nada ¿Y la reducción de la pobreza? Nada. Según ellos, nada se ha hecho.

VII. Son pocos, pero tienen aliados: En el apetito electoral de algunos políticos y candidatos en competencia, por ver cuál es más fiero o cuál descubre la mejor frase, no ven el asesinato de 24 policías. Sólo citan la falta de diálogo y de información. No distinguen entre el reclamo justo y la violencia criminal. Ignoran la guerra ideológica de penetración violentista, buscando quedar bien con todos o sobre un argumento que les permita ganar audiencia y unos votos. Terminan dando la razón al extremismo. Y el extremista sabe muy bien que necesita de un dirigente o un parlamentario que, aunque piense diferente, terminará aceptando la receta extremista para "no quedar mal ante el público" o para "no ser menos".

VIII. No pasarán, porque la mayoría demócrata y racional es inmensa aunque esté silenciosa: El Partido del Pueblo defiende el modelo con resultados concretos y materiales para el país. En otros partidos también hay simpatizantes, que están a la espera que sus dirigentes defiendan con claridad su futuro. La inmensa mayoría está por trabajar, por mejorar su condición de vida. Son migrantes, profesionales, agricultores, pequeños empresarios, que piensan en progresar tecnológicamente y en exportar, que quieren una educación científica sin contaminación ideológica. Rechazan el estatismo de un solo puño y quisieran que se hable de sus éxitos. Exigen que el Estado afirme el orden y use la fuerza legal, aunque a veces se atemorizan por una marcha a 1000 kms de distancia o cuando se pone orden con severidad.

IX. ¿Qué falta a esta inmensa mayoría? Actuar evitando que el monopolio de la movilización y el grito esté en manos del "antisistema" . Usar más el teléfono y el internet para exponer en las radios y en los blogs sus ideas sobre el tema de fondo. Enviar cartas a los medios de comunicación, exigir a sus parlamentarios y alcaldes definiciones, crear grupos de acción y sobre todo no rendirse ante la agitación extremista. El momento es propicio en todos los niveles para el surgimiento de nuevos liderazgos, que defiendan a la nación de la penetración externa e impulsen el ejercicio de la ciudadanía activa.

X. Es cierto, muchas cosas podrían hacerse más rápido: Claro que hay problemas y errores. El gobierno lo acepta y pondrá más velocidad en las obras y más energía en el orden público, donde el poder se ha distribuido y depende más de gobiernos regionales y locales que de los organismos del gobierno central. Las leyes son contradictorias y lentas, pero no se pueden cambiar de la noche a la mañana cuando se es minoría. Además, la resistencia al cambio es grande. Cualquier persona que se pone al otro lado del escritorio toma precauciones, demora las cosas y se cuida de futuras acusaciones, porque en nuestro país sospechamos de todo. No hay tantos recursos como se quisiera, y sin embargo la inversión central, regional y local del Estado, se ha multiplicado por cinco desde el año 2005. Sabemos que debemos seguir acumulando inversión pública e inversión privada nacional y extranjera para que dentro de 7 años el país haya cambiado radicalmente.

Hoy el Perú crece, la pobreza retrocede y el empleo y los servicios avanzan. Los extranjeros y los peruanos que viven fuera, ven el Perú como ejemplo y con orgullo en medio de la crisis mundial. Los que quieren verlo retroceder aplicando recetas extranjeras, serán derrotados por el pueblo y por el progreso. Harán ruido pero no pasarán, porque el Perú del futuro es mucho más grande que sus adversarios de ayer. La ley y el optimismo de la inmensa mayoría, son el mejor capital de la patria.
Expreso
28 de junio de 2009
RECETA PARA ACABAR
CON EL PERRO DEL HORTELANO


Alan García Pérez

"El síndrome del perro del hortelano" ha iniciado un importante debate, al destacar toda la riqueza que el país tiene, pero no utiliza por razones ideológicas o burocráticas. Debo agradecer su buena acogida.

Hoy todos reconocen que hay dinero privado y público para invertir, que existe un mercado internacional creciente y que se puede incorporar las áreas ociosas a la producción, creando más trabajo con derechos sociales y garantizando el medio ambiente.

Añadiré una reflexión. Cada uno de nosotros sufre algo de lo que he llamado "síndrome del perro del hortelano". Muchas veces el Estado, las instituciones y las personas padecen de "patrimonialismo". Es decir, de la voluntad de no ceder ningún espacio y reservar para sí, para el ministerio o para la empresa, todas las funciones, los trámites y las decisiones. Ocurre también cuando un grupo que captura el poder, una región o un municipio, decide gobernar solo y bloquea el aporte técnico y profesional de muchos otros ciudadanos. En este caso, el perro del hortelano dice: "Si no lo hago yo, nadie debe hacerlo", y concluye: "Solo puede hacerlo la gente de mi propio equipo".

Permítanme enumerar algunos síntomas del mal y unas propuestas de solución:

[I] Quitar al Estado la obsesión del control total.
Ocurre que no se abre una ventana, no se arregla una vereda, ni se pone una torre de telefonía celular sin que el Estado central, regional o municipal lo apruebe. ¿Cómo curar esta obsesión?

A. Estableciendo por decreto, y de manera obligatoria, que el control del Estado sea aleatorio; es decir, que al igual que el semáforo de las aduanas del aeropuerto, el control se ejerza sobre un porcentaje de cada uno de los actos a vigilar, pero no sobre todos. Esto permite probabilísticamente una gran supervisión. Así también se reduce la ocasión de la coima y el riesgo del porcentaje no vigilado se compensa con la velocidad de los ciudadanos a los que no se retarda ni desanima. Ya la Ley 27444, del procedimiento administrativo, establece como principios la presunción de veracidad y el criterio del control posterior con los que se hace posible aplicar de inmediato el control aleatorio.

B. Fijando un plazo máximo para los estudios de la inversión. Calificar cada inversión pública por su rentabilidad y óptima calidad ha resultado un remedio peor que la enfermedad. Antes había inversiones malas, mediocres y buenas. Ahora, con el Sistema Nacional de Inversión Pública (SNIP), se busca la perfección, pero hay menos inversión y mayor demora, a pesar de los cambios reglamentarios, pues el problema central radica en el ser humano, que quiere afirmar su poder demorando el trámite. Una nueva ley debe establecer que el análisis de la inversión no supere el plazo máximo de tres meses. Así, el burócrata, si quiere controlar, tendrá que trabajar más y más rápido.

C. Tercerizando el control de la inversión. El SNIP deberá también hacerse a través de universidades o instituciones acreditadas. Por ejemplo, la Universidad Nacional de Ingeniería o el Colegio de Economistas. Para ello proponemos la ley que delega a instituciones evaluadoras ajenas al Estado funciones en el SNIP y en otros asuntos, como la sanidad agropecuaria y el otorgamiento de los brevetes.

D. Finalmente, ya hemos avanzado en el silencio positivo administrativo que el Estado aplicará desde esta semana a más de 500 trámites. Es un paso esencial y permite que, si no se responde a tiempo al ciudadano, este está automáticamente autorizado para abrir su establecimiento o hacer su inversión.

[II] Estimular al empleado público que presta el mejor servicio

El 17 de noviembre del 2006 presentamos un proyecto de ley estableciendo el criterio del mérito y la evaluación para distinguir al trabajador que tiene rendimiento bueno o excelente de aquel que es deficiente. Pero ese proyecto, importantísimo para reformar al Estado, tiene doce meses en el Congreso, sin aprobación. Ahora presentaremos un proyecto complementario que establece el bono o aumento por productividad.

El comunismo soviético se derrumbó porque donde todos son propietarios y ganan lo mismo nadie se esfuerza ni destaca. Un Estado que paga por igual al buen trabajador y al empleado ineficiente, no ofrece ningún estímulo, como sí lo brinda la actividad privada. Sin esta modificación, el Estado seguirá siendo una carga sobre el país y no una institución a su servicio.

[III] Liberar los bienes que el Estado no usa ni trabaja.
El Estado, en sus niveles central, regional o municipal, debe ceder los espacios necesarios para la inversión:

A. Las áreas inmobiliarias agrícolas o terrenos eriazos que no utiliza deben ser ofrecidos a los ciudadanos en pública subasta, para que las edifiquen y les añadan valor. Para esto presentamos la Ley General del Sistema de Bienes Estatales (proyecto 491-2007) que no ha merecido la aprobación del Congreso.

Además, mediante un decreto supremo, se facultará a más de cien beneficencias públicas que administra el Ministerio de la Mujer a vender los activos inmobiliarios que tienen a quienes los ocupan. Hay en todo el Perú aproximadamente 30.000 habitaciones o viviendas humildes que son propiedad de las beneficencias y por las que los inquilinos pagan por años un alquiler irrisorio, sin llegar a ser dueños de nada.

Es un círculo vicioso. Las beneficencias no reciben ingresos y por falta de ellos y pésima administración no han podido reedificar ni mejorar los corralones y quintas. Pero si se vende la vivienda o la habitación a la familia que lo ocupa, esta será propietaria y cuando lo decida, podrá mejorarla o venderla al propietario del cuarto vecino, con lo que se irá consolidando una vivienda mejor y la beneficencia tendrá más recursos para sus fines.

B. Vender las acreencias. Al Estado le deben muchos y por múltiples razones: privatizaciones, quiebras de bancos, deudas a bancos estatales, impuestos, etc. Esta enorme cartera de miles de millones por cobrar tiene gente encargada de su liquidación que gana por procedimientos sin fin y casi nunca llega a cobrar. Es necesario hacer paquetes de esas acreencias y venderlos en subasta pública. Así, otras personas e instituciones se encargarán de cobrar y lo que se gane en la subasta se aplicará a obras de desarrollo. Para ello presentaremos el proyecto necesario.

C. Transar en los juicios de menor cuantía. Por mil temas, el Estado tiene procesos y denuncias que siguen los abogados de los ministerios, regiones y municipios. Son decenas de miles de expedientes que entorpecen al Poder Judicial. Lo inteligente sería distinguir los litigios pequeños de los de gran valor. Por ejemplo, en todos los conflictos de menos de 100.000 soles debe autorizarse la inmediata transacción. Así nos ahorramos pagar gestiones, desbloqueamos el trabajo judicial y logramos una buena transacción, que es siempre mejor que un largo juicio. Presentaremos el proyecto porque hoy, según la ley del perro del hortelano, el Estado tiene la obligación de seguir eternamente los pequeños juicios, para no perder, aunque no gane nada.

[IV] Abrir a la producción y al trabajo las áreas sin uso que tiene el país.
Esto exige una gran reflexión de los ciudadanos para dejar atrás los prejuicios ideológicos.

A. En los 8 millones de hectáreas que han sido destruidas debe establecerse ya la propiedad en grandes lotes, para que empresas modernas y fondos de inversión trabajen a largo plazo en madera de alto valor y en bambú, que es un producto extraordinario. Sobre este tema se presentó el proyecto de ley 840-2006, que está detenido, bloqueando la creación de cientos de miles de empleos, mientras los madereros informales y los cultivos ilegales continúan destruyendo la selva. Esto nos es difícil de entender, pero una inversión que requiere diez años de espera y tecnología de alto costo, requiere seguridad y gran dimensión para ser rentable y reconstruir el medio ambiente.

B. En las restingas. Cada año, al reducirse los ríos de la selva, aparecen las playas o restingas, una tierra de nadie pero con humedad y fertilizantes traídos por los ríos desde los Andes. Son aproximadamente dos millones de hectáreas que el Estado debería otorgar por venta o alquiler en lotes de gran dimensión para el cultivo del arroz, que está salinizando las tierras de la costa. Pero nadie va a la selva porque no existe la propiedad o el derecho a cultivar las restingas. Para ello, presentaremos un proyecto de ley.

C. En la sierra, para las tierras comunales sin uso y para recursos como el mármol, presentaremos un proyecto de ley que permita a las comunidades campesinas tomar la decisión para vender, parcelar o alquilar. Ello podrá hacerse con el voto de la mitad más uno de los presentes en la reunión convocada para ese fin. Es absurdo, la Ley 26505 ya permite que en las comunidades de la costa se tomen decisiones con el 50% más uno de los asistentes, pero su artículo 11 exige para las comunidades de la sierra "el voto de no menos de los dos tercios de todos los miembros de la comunidad", muchos de los cuales ya han emigrado.

Esto debe corregirse, pues condena a los comuneros de la sierra al nivel de ciudadanos de segunda clase y sin iniciativa. Y nadie que se diga de izquierda puede sorprenderse porque en los sindicatos se pide que para declarar la huelga en una empresa lo decida la mitad más uno de los asistentes y no la mitad más uno de todo el padrón de obreros. ¿Por qué sí para estos y no para las comunidades campesinas?

D. Movilizando la inversión en los denuncios. Subsiste el problema de una enorme cantidad de terrenos eriazos, playas, caleras, mármoles, etc., solicitados al Estado hace muchos años con el procedimiento del denuncio y en los que nunca se ha puesto un centavo. Eso es injusto. Así como el provinciano invade en los cerros de la ciudad un terrenito de 100 metros para vivir, el otro que tiene más recursos y educación invade con un denuncio miles de hectáreas, pero no les da uso.

Al Perú le conviene que todas esas playas (balnearios), caleras (cementeras), bosques (industria maderera) se pongan en valor mediante la inversión inmediata. Por eso propondremos un proyecto de ley para obligar al denunciante que no trabaja a cumplir con la inversión, a transferir o abandonar el denuncio.

Si en los últimos tres años no se ha invertido, se debe exigir un compromiso de inversión con garantía para los próximos dos años o que se transfiera el denuncio a otra persona que haga la inversión. El principio es que los denuncios los entrega el Estado a quien quiere invertir y no a quien inmoviliza los recursos.

[V] Nuevos procedimientos para fomentar la inversión.
Veamos un caso. El Estado quiere cobrar 30% de impuesto por las ganancias, pero al mismo tiempo tiene que promover el inicio de actividades nuevas y difíciles y en las que no hay ganancia de inmediato. El error sería querer cobrar todo desde el inicio, pues eso mataría la gallina de los huevos de oro en su nacimiento.

A. Nuestro objetivo es orientar la extracción minera hacia la metalurgia, para producir alambrón, tubos, partes y piezas. El país debe ser exportador de artículos procesados que crean más trabajo y valen más. Para ello presentaremos un proyecto para la reinversión en industria procesadora. Si hoy se cobra 30% de impuesto a la minería, sería absurdo decir "aventúrate en la inversión de la metalurgia y te cobraré desde el primer año el mismo 30%". El proyecto establecerá un calendario plurianual de reducción del impuesto a la reinversión en metalurgia con generación de empleos. Por ejemplo, 25%, 23%, 20%, etc., y lo mismo puede hacerse con la joyería en un país de finos orfebres como el Perú.

B. Con el mismo objetivo, debe procederse a una amplia exoneración impositiva para la maricultura y la acuicultura. Invertir en el mar para instalar jaulas y balsas o invertir en lagunas a 4.000 metros de altura para la crianza artificial de truchas y ranas resulta heroico. Es diferente a la seguridad burocrática o a la de una industria sobre la tierra, pero el perro del hortelano pretenderá siempre cobrar mucho a una difícil actividad que aún no ha surgido.

C. En nuestra patria existen proyectos de miles de microrepresas para retener el agua. Algunos cientos puede construirlos el Estado, pero no podrá hacer los miles propuestos porque al mismo tiempo debe hacer carreteras, educar, dar salud y agua potable. Requerimos de una ley que permita la inversión privada en irrigaciones, cuyo costo sea pagado con una parte de las nuevas tierras irrigadas o con la venta del agua.

Pero el perro del hortelano dice: "Es mejor que el agua se vaya al mar y que nadie haga el embalse porque así se privatizaría el agua". Lo que no sabe es que el agua está de hecho privatizada, pues se entregó su gestión a las juntas de usuarios del riego, y como el agua que pertenece a la nación se vende, en muchos casos, a un centavo de sol por metro cúbico, se utiliza mal, se riega hasta 25.000 metros cúbicos anuales por hectárea de arroz y así se destruye la tierra de la costa, salinizándola.

D. Se han construido muchas viviendas con crédito, pero la hipoteca de cada una es distinta a las demás, no está estandarizada con las otras en plazos e interés. Si lo estuviera se podría hacer paquetes de 10.000 o más hipotecas que se vendan a un banco más grande para que se encargue del cobro futuro y el dinero de esta venta se utilice construyendo más viviendas. Ello, además, reduce el interés y aumenta el plazo de pago hasta 30 años, como lo es en Estados Unidos. Para esto se presentó un proyecto que aún no ha sido aprobado y que multiplicaría la construcción desde el año 2008.

Y se ha presentado, además, el proyecto 1715-2007, que agiliza la expropiación de inmuebles para ejecutar obras públicas de infraestructura de gran dimensión, lo que aceleraría las inversiones.

E. Evitar trabas y cobros adicionales a los servicios. Por ejemplo, la inversión en teléfonos no puede ser detenida por la ciencia de un alcalde que cree que la transmisión celular produce cáncer o del que exige pagos adicionales por instalar postes o conexiones domiciliarias de gas que sirven a sus propios ciudadanos. Para ello, hemos presentado el proyecto de ley 1211-2006, que propicia la inversión en servicios públicos e infraestructura.

Frente al aumento del petróleo, nuestro país debe acelerar los trámites y plazos para la gasificación de la industria y del transporte, lo que haremos por decreto supremo. Además, impulsar el uso de las caídas de agua, que son la riqueza más grande que tiene el Perú para abastecerse y para exportar. Por ello hemos presentado el proyecto de ley 1799-07, que promueve la generación eléctrica con recursos renovables y que está aún en las comisiones del Congreso.

Con la gasificación del transporte podremos romper el círculo vicioso en el peaje. Es difícil invertir en grandes obras como la Autopista del Sol Lima-Piura, porque hay un número insuficiente de vehículos particulares. Nuestro promedio de automóviles es menor a los de Chile, Colombia y México. Solo si hay más vehículos habrá pago de peaje y las carreteras podrán hacerse. Para ello debemos reducir los aranceles y el impuesto para los automóviles de 1.500 a 1.800 centímetros cúbicos, siempre y cuando estén convertidos a gas o puedan serlo y, además, utilizar un bono que estimule esa reconversión en los vehículos para taxis.

F. Cambiar la actitud ante la inversión. Si el Estado quiere promover la inversión privada no puede tener como objetivo que el privado gane lo menos posible, exigiendo condiciones con las que finalmente ningún postor se presenta a los concursos. Por evitar que el inversionista gane 5% más, nadie viene. En vez de exigir criterios exagerados, debe dejarse al mercado y a la competencia de los privados la fijación de esas condiciones.

Recuerde el perro del hortelano la enseñanza de Lenin en su texto "Capitalismo de Estado e impuesto en especie": "Deben venir los capitalistas, ganarán mucho, pero nos enseñarán el camino de la técnica y el desarrollo". Fue un cambio de rumbo genial, pero Lenin murió poco después. Hoy, el perro del hortelano se entusiasma a sí mismo gritando "ni un paso atrás" y se olvida del mismo Lenin que aconsejó: "Un paso atrás para dar dos adelante".
(VI) Dar al trabajo un nuevo valor de ahorro.


Hay millones de peruanos que no tienen jubilación ni seguro social ni vacaciones ni jornada de ocho horas. Resulta así que su trabajo no tiene valor futurible. Trabajan en pequeñas y microempresas y los dirigentes sindicales de la gran empresa y del Estado no los defienden sino que se defienden a sí mismos. Es absurdo. Al poner como condición el "todo o nada", exigiendo a la microempresa costos que solo la mediana y gran empresa pueden pagar, lo único que se logra es que esos millones de trabajadores no tengan ningún derecho. Lo inteligente es conciliar el avance de los derechos con la realidad del pequeño empresario, que no es un gran capitalista sino un trabajador que ha creado trabajo.

Por eso, defenderé ante el Congreso el Proyecto de Acceso Progresivo a los Derechos Laborales. Un desempleado o un ambulante quieren trabajar ocho horas con un sueldo mínimo, seguro de salud y derecho a jubilación, pero el dirigente profesional le grita que no debe aceptar. El perro del hortelano dice que no debe haber 'cholo barato' porque prefiere al 'cholo desempleado y en la miseria'. En los próximos días entregaremos la propuesta de la ley de mypes y la propuesta del acceso progresivo a los derechos laborales, para aprovechar bien los tratados de libre comercio y vincular a la pequeña empresa y a los derechos de sus trabajadores con el mercado mundial.

Cambiar muchos otros temas. Por ejemplo, cuando la Sunat pone una multa cobra altos intereses mensuales, pero cuando la misma Sunat tiene que devolver al ciudadano lo que le cobró por error, le entrega el dinero sin intereses. Típica política del perro del hortelano que rectificaremos.
Concluyendo. En todos estos temas debemos trabajar los municipios, las regiones, el Gobierno y el Congreso, sin demoras. Y como la Constitución dice que los proyectos del Ejecutivo se tratan con urgencia, tal vez podríamos acordar un máximo de tres meses para su decisión en el pleno.

Y para trabajar mejor, erradiquemos la mala costumbre por la que todas las instituciones se sienten capaces de tratar sobre todos los temas. La administración, los legisladores, los jueces, el tribunal que deja sin piso a los legisladores y otras instituciones, cada uno reivindicando con afán imperial su autonomía frente al ciudadano y al inversionista, condenados al silencio y la espera.

Estoy seguro de que los lectores agregarán otros temas que pondremos en acción para que el país abandone la política del perro del hortelano y crezca grande, más grande y con justicia social.


El Comercio
25-11-2007
EL SÍNDROME
DEL PERRO DEL HORTELANO
Alan García Pérez


El reclamo por la titulación de la vivienda es muy grande. Cada peruano sabe que con una propiedad legalizada, vendible, hipotecable o transmisible por herencia puede mejorar su situación. Pero el Perú como conjunto tiene el mismo problema y no lo sabe. Muchos de sus bienes no se pueden poner en valor, ni vender, ni se puede invertir en ellos, ni generar empleos con ellos.

Hay millones de hectáreas para madera que están ociosas, otros millones de hectáreas que las comunidades y asociaciones no han cultivado ni cultivarán, además cientos de depósitos minerales que no se pueden trabajar y millones de hectáreas de mar a los que no entran jamás la maricultura ni la producción. Los ríos que bajan a uno y otro lado de la cordillera son una fortuna que se va al mar sin producir energía eléctrica. Hay, además, millones de trabajadores que no existen, aunque hagan labores, pues su trabajo no les sirve para tener seguro social o una pensión más adelante, porque no aportan lo que podrían aportar multiplicando el ahorro nacional.

Así pues, hay muchos recursos sin uso que no son transables, que no reciben inversión y que no generan trabajo. Y todo ello por el tabú de ideologías superadas, por ociosidad, por indolencia o por la ley del perro del hortelano que reza: "Si no lo hago yo que no lo haga nadie".

El primer recurso es la Amazonía. Tiene 63 millones de hectáreas y lluvia abundante. En ella, se puede hacer forestación maderera especialmente en los 8 millones de hectáreas destruidas, pero para eso se necesita propiedad, es decir un terreno seguro sobre 5.000, 10.000 o 20.000 hectáreas, pues en menos terreno no hay inversión formal de largo plazo y de alta tecnología.

Ahora solo existen las concesiones que dependen de la voluntad del Gobierno y del funcionario que puede modificarlas. Por eso nadie invierte ni crea un puesto de trabajo por cada dos hectáreas como debería ser; ni hay elaboración de la madera y exportación de muebles. En su mayoría, esas concesiones rapiña solo han servido para sacar la madera más fina, deforestar y abandonar el terreno.

Por el contrario, la propiedad formal por grandes empresas colectivas como los fondos de pensiones permitiría hacer inversiones de largo plazo desde la siembra hasta la cosecha años después.

Los que se oponen dicen que no se puede dar propiedad en la Amazonía (¿y por que sí en la costa y en la sierra?). Dicen también que dar propiedad de grandes lotes daría ganancia a grandes empresas, claro, pero también crearía cientos de miles de empleos formales para peruanos que viven en las zonas más pobres. Es el perro del hortelano.

Respetemos los bosques vírgenes y nativos, pero comencemos por los 8 millones de hectáreas que han sido convertidos en desiertos y destruidos en los últimos años por las concesiones rapiña, la coca y la tala salvaje. Allí podrán generarse un millón de empleos y además trabajos en la elaboración de muebles.

Es una vergüenza que Chile exporte US$2.000 millones en madera sin tener una hectárea de Amazonía, Uruguay US$1.000 millones, Brasil US$8.000 millones y que el Perú apenas exporte US$200 millones.

Un segundo tema demuestra lo mismo, es la tierra. Para que haya inversión se necesita propiedad segura, pero hemos caído en el engaño de entregar pequeños lotes de terreno a familias pobres que no tienen un centavo para invertir, entonces aparte de la tierra, deberán pedirle al Estado para fertilizantes, semillas, tecnología de riego y además precios protegidos. Este modelo minifundista y sin tecnología es un círculo vicioso de miseria, debemos impulsar la mediana propiedad, la clase media de la agricultura que sabe conseguir recursos, buscar mercados y puede crear trabajo formal.

¿Pero qué es lo que observamos en el país? Cuando uno ve una playa muy bella, alguien ya la denunció hace muchos años y no ha puesto un centavo de inversión para hacer en ella un balneario y pasará decenios más sin valor. Así están todos los cerros que rodean lima, donde la inversión podría hacer milagros. Así están todas la canteras y calizas de cemento denunciadas pero no trabajadas.

Además existen verdaderas comunidades campesinas, pero también comunidades artificiales, que tienen 200 mil hectáreas en el papel pero solo utilizan agrícolamente 10 mil hectáreas y las otras son propiedad ociosa, de 'mano muerta', mientras sus habitantes viven en la extrema pobreza y esperando que el Estado les lleve toda la ayuda en vez de poner en valor sus cerros y tierras, alquilándolas, transándolas porque si son improductivas para ellos, sí serían productivas con un alto nivel de inversión o de conocimientos que traiga un nuevo comprador.

Pero la demagogia y el engaño dicen que esas tierras no pueden tocarse porque son objetos sagrados y que esa organización comunal es la organización original del Perú, sin saber que fue una creación del virrey Toledo para arrinconar a los indígenas en las tierras no productivas.
Este es un caso que se encuentra en todo el Perú, tierras ociosas porque el dueño no tiene formación ni recursos económicos, por tanto su propiedad es aparente. Esa misma tierra vendida en grandes lotes traería tecnología de la que se beneficiaría también el comunero, pero la telaraña ideológica del siglo XIX subsiste como un impedimento. El perro del hortelano.

El tercer tema es el de los recursos mineros en los que el Perú tiene la riqueza más grande del mundo, no solo por la cantidad sino también por la variedad de recursos mineros, o que permite que si un producto baja de precio, se compense con otros productos. Sin embargo, apenas la décima parte de esos recursos está en proceso de explotación, porque aquí todavía discutimos si la técnica minera destruye el medio ambiente, lo que es un tema del siglo pasado, claro que antes lo destruía y los problemas ambientales de hoy son básicamente por las minas de ayer, pero en la actualidad las minas conviven con las ciudades sin que existan problemas y en todo caso eso depende de lo estricto que sea el Estado en la exigencia tecnológica a las empresas mineras y en negociar mayor participación económica y laboral para los departamentos donde estén las minas.

Cuando voy a la ciudad de Ilo y veo su desarrollo urbano, que es el más avanzado del Perú, sé que es producto de la minería y de la pesquería y me duele comparar eso con el pueblo de Ayabaca, que tiene más recursos mineros que la mina de Cuajone en el sur, pero que vive la mayor pobreza. Y es que allí el viejo comunista anticapitalista del siglo XIX se disfrazó de proteccionista en el siglo XX y cambia otra vez de camiseta en el siglo XXI para ser medioambientalista. Pero siempre anticapitalista, contra la inversión, sin explicar cómo, con una agricultura pobre, se podría dar un salto a un mayor desarrollo.

Y contra el petróleo, han creado la figura del nativo selvático 'no conectado'; es decir, desconocido pero presumible, por lo que millones de hectáreas no deben ser exploradas, y el petróleo peruano debe quedarse bajo tierra mientras se paga en el mundo US$90 por cada barril. Es preferible para ellos que el Perú siga importando y empobreciéndose.

Un cuarto tema es el del mar; Japón tiene menos riqueza pesquera pero come cinco veces más pescado por año y por habitante que el Perú, porque ha desarrollado su maricultura. Pero aquí, cada vez que se quiere otorgar un lote de mar para que un inversionista ponga sus jaulas de crianza artificial, aumente la producción y cree trabajo, reaccionan los pescadores artesanales de la caleta cercana, que ven nacer una competencia más moderna y dicen que se está bloqueando su derecho al libre paso, que se contamina el mar y otros invocan lo sagrado del Mar de Grau, en vez de aceptar esta nueva actividad que podría generar cientos de miles de empleos.

Además, el Perú tiene en la cordillera una riqueza enorme por las lluvias que caen sobre ella. Se calcula que anualmente caen 800 mil millones de metros cúbicos en la cordillera que bajan por los ríos hacia el Pacífico y el Atlántico. De lo que va al Pacífico aprovechamos una pequeña cantidad para agricultura y para la generación eléctrica, pero de lo que baja hacia el Atlántico a formar el Amazonas, no aprovechamos prácticamente nada.

¿Cómo aprovecharlo? Ahora que el petróleo aumenta y seguirá aumentando su precio, debemos pensar en la generación eléctrica que es renovable, casi eterna y limpia. Y pensar su uso y su venta en términos continentales. Grandes centrales eléctricas hechas sobre el Marañón y en las caídas del bajo Urubamba, nos permitirán vender energía a Ecuador, Colombia, Chile, Brasil. Pero eso tienen que hacerlo grandes capitales privados o internacionales que necesitan una seguridad de muy largo plazo para invertir miles de millones y para poder recuperar sus inversiones. Pero el perro del hortelano dice: ¿Por qué van a hacer dinero con nuestras caídas de agua? Mejor que lo haga el gobierno regional. Pero no dicen con qué dinero.

Así pues, cualquier peruano que mire a su alrededor verá cuánta riqueza existe que no está puesta en valor.

En quinto lugar, el propio trabajo humano no está puesto en valor para el que trabaja. El trabajo informal que es mayoritario, es un trabajo no incorporado a la economía ni a la legalidad; no tiene seguridad social porque no cotiza, no tiene pensión porque no aporta a ningún sistema, para darle valor a ese trabajo en beneficio a la persona, lo lógico sería un avance progresivo para que los empleados de la microempresa, que son millones, tengan en primer lugar los derechos fundamentales mínimos, seguro de salud, pensión y 8 horas. Es más de lo que hoy tienen. Así se fortalecen la caja de pensiones y el fondo del seguro médico.

Pero a este acceso progresivo se opone la demagogia que dice: "Hay que dar de inmediato todos los derechos a los trabajadores de la microempresa familiar o informal". Pero no saben (o tal vez sí) que lo único que conseguirán es que el microempresario, incapaz de pagar esos costos, cierre la empresa y despida a muchos trabajadores, con lo cual el remedio será peor que la enfermedad.
También hay otros que dicen: "Si no se puede dar de inmediato todas las gratificaciones y 30 días de vacaciones, que el Estado les dé salud total sin que coticen y les dé a todos una pensión mínima sin que hayan aportado". Pero resulta que son estos los mismos que están en contra de la inversión forestal en la selva porque es sagrada, en contra de que el comunero venda, aunque quiera, las tierras comunales porque son sagradas, en contra de que se abran más minas porque el Perú solo debe ser agrario, que no haya maricultura en el mar. Y así sin inversión, sin trabajo creado, creen que el Estado es un pozo sin fondo del que pueden salir eternamente todos los recursos y terminar diciendo: "Reduce la jornada laboral estatal a 6 horas, paga más salarios, aunque el Perú no produzca más".

Como punto final podría añadir que tampoco se pone en valor el cerebro de nuestros alumnos e hijos. La educación se hace en la mayoría de casos para ser aprobada con 11, en lugar de impulsar la excelencia y el esfuerzo del 18. Un grupo de malos profesores y malos funcionarios exigen no ser evaluados para esconder su mediocridad y así el sistema sigue produciendo resultados sin valor. Y los de siempre dicen: "Que me den más sin que yo cambie y sin que haga ningún esfuerzo". Así pues, son aliados del minero informal, del maderero clandestino, de la miseria campesina, del empleo informal y de la falta de mérito y esfuerzo.

Frente a la filosofía engañosa del perro del hortelano, la realidad nos dice que debemos poner en valor los recursos que no utilizamos y trabajar con más esfuerzo. Y también nos lo enseña la experiencia de los pueblos exitosos, los alemanes, los japoneses, los coreanos y muchos otros. Y esa es la apuesta del futuro, y lo único que nos hará progresar.

El Comercio,
28 de octubre de 2007