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sábado, 1 de noviembre de 2008

Ignacio Ramonet:
“NECESITAMOS
UN NUEVO BRETTON WOODS”

Eva Usi

Para Ignacio Ramonet, la crisis financiera traerá tantos cambios o más que la implosión de la URSS. “El mundo ha dejado de ser lo que era, necesitamos un nuevo Bretton Woods con China, India, África, Brasil y México”.
“Así como la caída del muro de Berlín fue la manifestación de que el socialismo autoritario no funcionaba, la implosión de Wall Street es la demostración de que el capitalismo ultraliberal no funciona”, afirma el periodista español Ignacio Ramonet en conversación con DW-WORLD. “Hoy el mundo tiene que dotarse de una nueva arquitectura financiera internacional, un nuevo Bretton Woods que incluya a países como China, India, África del Sur, Brasil y México.
La organización ATTAC fue fundada por Ramonet en 1998 en Francia, a raíz de un artículo editorial escrito por él y publicado en Le Monde diplomatique en el que promovía la aplicación de la tasa Tobin y la creación de un grupo de presión que actuara a favor de la misma. Una década después el movimiento se ha extendido al resto de Europa. La bolsa de Fráncfurt fue escenario el lunes de las protestas de activistas de ATTAC que se hicieron eco de la indignación y rabia ciudadana ante la crisis provocada por la especulación en los mercados financieros. Los activistas repetían en pancartas el título de aquel editorial que dio origen a la organización: “Desarmemos los mercados”.
Sucesos que no tienen lógica
Ramonet, autor de “Fidel Castro: biografía a dos voces”, obra que salió a las librerías alemanas en septiembre, una versión revisada por Castro mismo y presentada por el periodista en la Feria del Libro de Fráncfort, señala que no se tiene un plan B a diferencia de cuando cayó la Unión Soviética y comenzó el capitalismo neoliberal. “Por eso estamos ante sucesos que no tienen ninguna lógica. El presidente Bush nacionalizando la banca como Lenin. O como Chávez. Hace poco se acusaba a Chávez de todos los males del mundo porque nacionalizó la banca. Bueno, ahora la nacionaliza Bush".
El periodista señala que ahora es el presidente Sarkozy el que demanda cerrar los paraísos fiscales. “Esa fue la consigna prioritaria cuando fundamos ATTAC y defendíamos la tasa Tobín, el propio Tobin decía que era imposible, ahora se reclama eso” dice. La tasa Tobín, sugerida por el economista James Tobin en 1971, es un hipotético impuesto sobre el flujo de capitales en el mundo, lo que le valió a Tobin el Premio Nobel de Economía en 1981, siendo Ramonet y la organización ATTAC quienes propusieron su implementación internacional.
Bush: un agente infiltrado
“Bush es ahora más Attaquista que nosotros. En todo caso habrá destruido a su país y al mundo”, afirma Ramonet y recuenta la serie de catástrofes ocurridas durante la gestión del todavía inquilino de la Casa Blanca: “La guerra de Irak, los atentados del 11 de septiembre, Katrina, la destrucción de Nueva Orleans y la implosión de Wall Street; Bush es como una bomba atómica para su país. Bueno, no está mal. En definitiva es un agente infiltrado”, señala.
El periodista señala que las actuales turbulencias sólo pueden compararse con la crisis de 1929. “Ahora empieza un período que podría ser de unos diez años en el que muchas cosas podrían ocurrir en el plano geopolítico”, afirma, y recuerda cómo, después de la crisis del 29 hubo una serie de desastres sociales. “Aquí en Alemania llegó Hitler al poder, en España llegó la República, luego la Guerra Civil en España, el frente popular en Francia, una Segunda Guerra Mundial”, señala. Sin embargo reitera que ahora empezamos una era en la que nadie tiene brújula. “No sabemos adonde vamos, no se saben las dimensiones que tiene la crisis. Ningún político lo sabe, están dando palos de ciego, pero nadie sabe nada, ni los economistas ni los políticos".
El derrumbe del neoliberalismo
El periodista explica que curiosamente muchos movimientos sociales se encuentran desbordados, no han reaccionado adecuadamente por timidez. “Estamos asistiendo al derrumbe no digo del capitalismo, pero de la fase más salvaje de la globalización y sin embargo estos movimientos sociales que tanto han trabajado para este derrumbe no capitalizan teóricamente el efecto de esto”.
“En primer lugar, -explica-, mucha gente está intimidada por los sucesos, no sabe hasta que punto afectará la crisis sus ahorros y su vida personal, por eso no puede haber triunfalismos, porque es una tragedia”. El presidente honorario de ATTAC señala que el discurso de izquierda que parecía radical hace unas semanas está siendo arrebatado por los ultraliberales, por Paulson, Bush o Brown, los mayores defensores del neoliberalismo. “La izquierda no está sacando beneficios de esta tragedia, recuerde el beneficio que sacó la derecha cuando se hundió la Unión Soviética. Inmediatamente los neoconservadores consideraron que ellos habían ganado la guerra.
Ese movimiento se extendió en el mundo entero sin ninguna traba. No está pasando eso en este
momento”, concluye.
30-10-08

jueves, 2 de octubre de 2008

LA CRISIS DEL SIGLO


Los terremotos que sacudieron las Bolsas durante el pasado «septiembre negro» han precipitado el fin de una era del capitalismo. La arquitectura financiera internacional se ha tambaleado. Y el riesgo sistémico permanece. Nada volverá a ser como antes. Regresa el Estado. El desplome de Wall Street es comparable, en la esfera financiera, a lo que representó, en el ámbito geopolítico, la caída del muro de Berlín. Un cambio de mundo y un giro copernicano. Lo afirma Paul Samuelson, premio Nobel de economía : «Esta debacle es para el capitalismo lo que la caída de la URSS fue para el comunismo.» Se termina el período abierto en 1981 con la fórmula de Ronald Reagan: «El Estado no es la solución, es el problema.» Durante treinta años, los fundamentalistas del mercado repitieron que éste siempre tenía razón, que la globalización era sinónimo de felicidad, y que el capitalismo financiero edificaba el paraíso terrenal para todos. Se equivocaron.

La «edad de oro» de Wall Street se acabó. Y también una etapa de exuberancia y despilfarro representada por una aristocracia de banqueros de inversión, «amos del universo» denunciados por Tom Wolfe en La Hoguera de las vanidades (1987). Poseídos por una lógica de rentabilidad a corto plazo. Por la búsqueda de beneficios exorbitantes.Dispuestos a todo para sacar ganancias: ventas en corto abusivas, manipulaciones, invención de instrumentos opacos, titulización de activos, contratos de cobertura de riesgos, hedge funds… La fiebre del provecho fácil se contagió a todo el planeta. Los mercados se sobrecalentaron, alimentados por un exceso de financiación que facilitó el alza de los precios.La globalización condujo la economía mundial a tomar la forma de una economía de papel, virtual, inmaterial. La esfera financiera llegó a representar más de 250 billones de euros, o sea seis veces el montante de la riqueza real mundial. Y de golpe, esa gigantesca «burbuja» reventó.

El desastre es de dimensiones apocalípticas. Más de 200 mil millones de euros se han esfumado. La banca de inversión ha sido borrada del mapa. Las cinco mayores entidades se desmoronaron: Lehman Brothers en bancarrota; Bear Stearns comprado, con la ayuda de la Reserva Federal (Fed), por Morgan Chase; Merril Lynch adquirido por Bank of America; y los dos últimos, Goldman Sachs y Morgan Stanley (en parte comprado por el japonés Mitsubishi UFJ), reconvertidos en simples bancos comerciales.Toda la cadena de funcionamiento del aparato financiero ha colapsado. No sólo la banca de inversión, sino los bancos centrales, los sistemas de regulación, los bancos comerciales, las cajas de ahorros, las compañías de seguros, las agencias de calificación de riesgos (Standard&Poors, Moody’s, Fitch) y hasta las auditorías contables (Deloitte, Ernst&Young, PwC).

El naufragio no puede sorprender a nadie. El escándalo de las «hipotecas basura» era sabido de todos. Igual que el exceso de liquidez orientado a la especulación, y la explosión delirante de los precios de la vivienda. Todo esto ha sido denunciado –en estas columnas – desde hace tiempo. Sin que nadie se inmutase. Porque el crimen beneficiaba a muchos. Y se siguió afirmando que la empresa privada y el mercado lo arreglaban todo.La administración del Presidente George W. Bush ha tenido que renegar de ese principio y recurrir, masivamente, a la intervención del Estado. Las principales entidades de crédito inmobiliario, Fannie Mae y Freddy Mac, han sido nacionalizadas. También lo ha sido el American International Group (AIG), la mayor compañia de seguros del mundo. Y el Secretario del Tesoro, Henry Paulson (expresidente de la banca Goldman Sachs…) ha propuesto un plan de rescate de las acciones «tóxicas» procedentes de las «hipotecas basura» (subprime) por un valor de unos 500 mil millones de euros, que también adelantará el Estado, o sea los contribuyentes.

Prueba del fracaso del sistema, estas intervenciones del Estado –las mayores, en volumen, de la historia económica- demuestran que los mercados no son capaces de regularse por sí mismos. Se han autodestruido por su propia voracidad. Además, se confirma una ley del cinismo neoliberal: se privatizan los beneficios pero se socializan las pérdidas. Se hace pagar a los pobres las excentricidades irracionales de los banqueros, y se les amenaza, en caso de que se nieguen a pagar, con empobrecerlos aún más.Las autoridades norteamericanas acuden al rescate de los «banksters» («banquero gangster») a expensas de los ciudadanos. Hace unos meses, el Presidente Bush se negó a firmar una ley que ofrecía una cobertura médica a nueve millones de niños pobres por un costo de 4 mil millones de euros. Lo consideró un gasto inutil. Ahora, para salvar a los rufianes de Wall Street nada le parece suficiente. Socialismo para los ricos, y capitalismo salvaje para los pobres.Este desastre ocurre en un momento de vacío teórico de las izquierdas. Las cuales no tienen «plan B» para sacar provecho del descalabro. En particular las de Europa, agarrotadas por el choque de la crisis. Cuando sería tiempo de refundación y de audacia.

¿Cuanto durará la crisis? «Veinte años si tenemos suerte, o menos de diez si las autoridades actúan con mano firme.» vaticina el editorialista neoliberal Martin Wolf (1). Si existiese una lógica política, este contexto debería favorecer la elección del demócrata Barack Obama (si no es asesinado) a la presidencia de Estados Unidos el 4 de noviembre próximo. Es probable que, como Franklin D. Roosevelt en 1930, el joven Presidente lance un nuevo «New Deal» basado en un neokeynesianismo que confirmará el retorno del Estado en la esfera económica. Y aportará por fin mayor justicia social a los ciudadanos. Se irá hacia un nuevo Bretton Woods. La etapa más salvaje e irracional de la globalización neoliberal habrá terminado.

Nota

1) Financial Times, Londres, 23 de septiembre de 2008

Le Monde Diplomatique
30-09-2008