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lunes, 13 de octubre de 2008

UN PLAN COSTOSÍSIMO
Paul Krugman

¿Qué se supone que hará este rescate? ¿Servirá para lo que se propone? ¿Qué deberíamos hacer, si no? HablemosPrimero, un análisis en cápsula de la crisis.1) Todo empezó con el estallido de la burbuja inmobiliaria. Eso llevó a un drástico incremento de las tasas de morosidad y ejecución hipotecaria, lo que a su vez condujo a enormes pérdidas en lo títulos hipotecariamente respaldados.2) Las pérdidas en esos títulos, a su vez, dejaron al sistema financiero subcapitalizado; tanto más, cuanto que los niveles de apalancamiento antes considerados aceptables ya no lo son.3) El sistema financiero, en sus esfuerzos de desapalancamiento, está contrayendo el crédito, lo que pone presión sobre cualquiera que dependa del crédito.4) Hay también, hasta cierto punto, un círculo vicioso de desapalancamiento: a medida que las empresas tratan de ajustar sus balances contables, presionan a la baja los precios de los activos, reduciendo así el capital y forzando un ulterior desapalancamiento.

Así pues, ¿en qué punto de todo este proceso ofrece su alivio el Plan de Alivio Temporal de Activos? La respuesta es que posiblemente ofrezca algún respiro en el punto 4: en los pasos dados por el Tesoro para comprar activos que el sistema financiero trata de vender, mitigando así, esperemos, la espiral bajista de los precios de los activos.Pero cuanto más pienso en el asunto, más escéptico me vuelvo sobre la posibilidad de que esto arregle algo. Problemas:Aunque el problema empezó con los títulos hipotecariamente respaldados, el abanico de activos cuyos precios se están derrumbando por el desapalancamiento es mucho más amplio que el de aquellos títulos. De manera que eso, a lo sumo, corta sólo una parte del círculo vicioso.En cualquier caso, el aspecto de círculo vicioso es sólo una parte de un problema mucho mayor. Aun si no hubiera habido ventas de activos motivadas por el pánico, el sistema financiero estaría gravemente subcapitalizado, lo que provoca un desplome crediticio.

Y el Plan no hace nada para corregir eso.O Quizá debería decir que el Plan no hace nada para corregir la falta de capital, a menos que el Tesoro pague de más por los activos. Y si ese es el Plan real, el Congreso tiene todo el derecho a plantarse.Bien; ¿qué debería hacerse? Reflexionemos un poco sobre el modo en que, hasta que Paulson apretó el botón del pánico, se suponía que el sector privado iba a enfrentarse a eso: se suponía que las empresas financieras se recapitalizarían por la vía de atraer a inversores foráneos a fin de ampliar su base de capital. Es decir, se suponía que el sector privado saldría del problema atacando el punto 2.Lo que ahora parece es que eso no ocurrió, y que es necesaria la intervención pública. Pero en tal caso, ¿no debería también la intervención pública atacar el problema por el punto 2? ¿No debería tomar la forma de inyecciones públicas de capital a cambio de una apuesta en la cúspide?No aceptemos atropelladamente un plan costosísimo que no parece capaz de enfrentarse al problema real

Rebelión/25-09-08

ESTO PUEDE TERMINAR
EN UNA CRISIS COMO LA DE 1930

Paul Krugman

El sistema financiero estadounidense se desplomará hoy o quizá en los próximos días? No lo creo, pero no estoy para nada seguro.

La cuestión es que Lehman Brothers, un importante banco de inversión, está en bancarrota. Y nadie sabe qué pasará después. Para entender el problema, el lector debe saber que el viejo mundo de los bancos, en el que instituciones instaladas en grandes edificios de mármol aceptaban depósitos y prestaban ese dinero a clientes de largo plazo, en gran medida ha desaparecido, reemplazado por lo que se conoce como "sistema bancario fantasma". Los bancos depositarios, los de los edificios de mármol, ahora tienen un papel menor en canalizar los fondos de los ahorristas hacia los tomadores de créditos; la mayor parte de las transacciones financieras se realizan a través de complejas operaciones organizadas por instituciones "no depositarias", instituciones como el extinto Bear Sterns. y Lehman.

El nuevo sistema supuestamente iba a ser más eficiente en distribuir y reducir el riesgo. Pero, tras el estallido de la burbuja inmobiliaria y la consecuente crisis de las hipotecas, parece evidente que ese riesgo fue más bien escondido que reducido: había demasiados inversores que no tenían idea de lo expuestos que estaban. Y conforme las incógnitas desconocidas se fueron transformando en incógnitas conocidas, el sistema comenzó a experimentar corridas bancarias posmodernas.

Estas no se parecen a la versión tradicional: con pocas excepciones, no estamos hablando de multitudes de depositantes enloquecidos que corren a golpear las puertas cerradas de los bancos. Hablamos de actores financieros que con frenéticas llamadas telefónicas y clics de los mouse cierran una línea de crédito o tratan de reducir el riesgo de incumplimiento de pago. Pero los efectos económicos -congelamiento del crédito, espiral descendente en el valor de los inmuebles- son los mismos que los de las grandes corridas bancarias de los años 30.

Y el problema es este: las defensas que se han creado para impedir la repetición de esas corridas bancarias -seguros de depósitos y acceso a líneas de créditos de la Reserva Federal- sólo protegen a los habitantes de los edificios de mármol, que no son parte central de la actual crisis. Esto abre la puerta a la posibilidad real de que 2008 sea una repetición de 1931. Los funcionarios son conscientes de los riesgos; antes de que le asignaran la responsabilidad de salvar al mundo, Ben Bernanke era uno de los cuatro especialistas más destacados del mundo en la economía de la Gran Depresión.

En el último año, la Reserva Federal y el Tesoro han orquestado una serie de planes de rescate ad hoc. Los funcionarios y los banqueros privados pasaron el fin de semana encerrados en la Fed de Nueva York tratando de idear un acuerdo que salvara a Lehman o, al menos, le permita quebrar más lentamente. Pero Henry Paulson, secretario del Tesoro, se mantuvo inflexible en su postura de no "endulzar" el acuerdo aportando más fondos públicos. Muchos pensaron que sólo estaba fanfarroneando.

Pero la ayuda no llegó, y aparentemente tampoco se llegó a un acuerdo. Paulson parece apostar a que el sistema financiero podrá asimilar el sacudón. Pronto sabremos si fue valiente o estúpido. La verdadera respuesta al actual problema, por supuesto, habría sido tomar medidas preventivas antes de que llegáramos a este punto. Pero aquí estamos, en manos de Paulson, que aparentemente piensa que jugar a la ruleta rusa con el sistema financiero es su mejor opción.

Rebelión
18-09-2008
BUSH Y LA TEORÍA ECONÓMICA
DEL DERRAME

Paul Krugman


Hace cuatro años, explotando el rebote politico que le vino de la ilusion del éxito en Irak, la Administración Bush hizo aprobar por el Congreso una disminución de los impuestos a los beneficios del capital y a los dividendos. Era una bajada de impuestos extremadamente elititista, incluso con los criterios de la era Bush: el Tax Policy Center, una institución independiente, dice que más de la mitad de los recortes fiscales han ido a parar a norteamericanos con ingresos superiores al millón de dólares anuales.

Huelga decir que los economistas del gobierno pergeñaron varias estadísticas tendentes a ofrecer la impresión contraria, a saber: que los recortes fiscales beneficiaron sobre todo a norteamericanos corrientes, de clase media. Pero también insistieron en que los beneficios de los recortes fiscales se derramarían hacia abajo, que los recortes fiscales a los ricos harían grandes cosas por la economía y serían de ayuda para todos.

Bien; el lúgubre informe del pasado viernes sobre el empleo mostró... que los trabajadores norteamericanos tienen derecho a preguntar: "¿dónde están mis gotas del derrame? Lo que es realmente notable es que cuatro años de crecimiento económico no hayan producido ganancias substanciales para los trabajadores norteamericanos corrientes y molientes.Los salarios, ajustados por la inflación, se han estancado, los beneficios se han deteriorado, y uno de los pocos farolillos aparentemente brillantes de la economía de la era Bush, el auge de la propiedad inmobiliaria, se ha revelado ahora como el resultado de una burbuja inflada en parte por la estafa financiera...Ahora saben ustedes por qué el 66% de los norteamericanos valoran la situación económica de este país como justita o mala, y por qué los norteamericanos rechazan la forma de manejar la economía del presidente Bush tanto como rechazan su política en general.

Y sin embargo, la economía ha crecido a un ritmo razonable en los pasados cuatro años. ¿A dónde fue a parar el crecimiento económico? La respuesta es que fue a parar a la misma elite económica que recibió la parte del león de aquellos recortes fiscales...La ausencia de cualquier beneficio para los trabajadores desde los recortes fiscales de 2003 constituye una refutación harto convincente de la teoría del derrame. También lo es el hecho de que la economía experimentó un auge mucho más robusto luego de que Hill Clinton elevara los impuestos a los más ricos.

Lo cierto es que cuando bajáis los impuestos a los ricos, los ricos pagan menos impuestos, y cuando aumentáis los impuestos a los ricos, pagan más impuestos: ¡no le deis más vueltas!La idea de que una marea alta levanta todas las barcas por igual, de que el crecimiento económico necesariamente se traslada a la gran mayoría de ciudadanos, es desmentida por la experiencia de la era Bush. Por lo que yo sé, nunca antes los EEUU habían experimentado una desconexión tan radical entre el rendimiento económico general y la suerte de los trabajadores como en los últimos cuatro años.

Los EEUU fueron una sociedad tremendamente desigual en la Era de la Codicia [el último cuarto del siglo XIX], pero los niveles de vida de los trabajadores mejoraron a medida que crecía la economía. La desigualdad creció rápidamente en los años de Reagan, pero el "Amanecer en América" fue, con todo, lo bastante brillante como para generar el contento de la mayoría de la gente, al menos temporalmente. La desigualdad siguió creciendo durante los años de Clinton, pero los salarios crecieron, como creció el acceso a los seguros de salud, y la gran mayoría de norteamericanos se sintió en la prosperidad.

Sin embargo, lo que tenemos desde 2003 es una expansión económica que no tiene mala pinta, y aun la tiene buena, conforme a los criterios habituales, pero que ha pasado de largo ante el grueso de los norteamericanos.La asistencia sanitaria garantizada eliminaría una de las razones de ese visible descontento. Pero sería sólo el comienzo de un conjunto más amplio de políticas sociales –un nuevo New Deal— concebidas para hacer del crecimiento económico algo más que un deporte para espectadores.

Rebelión
21-09-07
PAUL KRUGMAN
(Nobel de Economía 2008)

Paul Krugman, nacido en 1953, ha sido reconocido con el máximo galardón de ciencias por su contribución al análisis y de los patrones de comercio y la localización en la actividad económica.

Este profesor de la Universidad de Stanford es, además, colaborador de The New York Times, desde 2001, y desde su columna ha criticado en numerosas ocasiones algunas decisiones de George W. Bush. Se trata de uno de los economistas más prestigiosos e influyentes del mundo y ya ganó en 1991 la medalla John Bates Clack, concedida cada dos años por la American Economical Associacion.

El Premio de la Academia sueca está dotado con diez millones de coronas suecas -un millón de euros- y se entregará el 10 de diciembre, aniversario de la muerte de Alfred Nobel, inventor de la dinamita y promotor de los premios a los que da su nombre.

Teoría de Krugman

Los patrones de comercio y localización ha sido siempre cuestiones clave en el debate económico. ¿Cuáles son los efectos del comercio libre y la globalización? ¿Qué fuerzas están influyendo en el crecimiento exponencial de las áreas urbanas en todo el planeta? El profesor estadounidense ha formulado una nueva teoría para responder a estas preguntas, para lo que ha cruzado datos procedentes de la investigación del comercio internacional con la geografía económica.

La aproximación de Krugman está basada en la premisa de que muchos productos y sercvios se pueden producir más baratos en grandes series, algo propio de las economías de escala, mientras que los consumidores tienen a demandar una creciente variedad de bienes y servicios. Como resultado, la producción a pequeña escala de las economías locales está siendo progresivamente sustituida por la producción a gran escala de la economía mundial, dominada por las empresas que fabrican productos similares y que compiten entre sí.

Las teorías clásicas sobre patrones comerciales sostienen que los países son diferentes entre sí, lo que explica por qué algunas naciones exportan productos agrícolas mientras otros exportan bienes industriales o siderúrgicos, por ejemplo.

Pero la revisión de Krugman da una explicación a por qué el comercio internacional está dominado por países caracterizados no sólo por tener condiciones económicas similares, como defienden los clásicos, sino también por comerciar con productos similares -un ejemplo sería Suecia, país que a la vez importa y exporta coches-. Según el profesor, este tipo de comercio facilita la especialización de la producción a gran escala, que a su vez repercute en una disminución de los precios y hacer crecer una gran diversidad de artículos de consumo.

Las economías de escala, combinadas con los bajos precios de transporte también ayudan a explicar por qué la gente tiende a concentrarse en las ciudades realizando tareas económicas y en localizaciones geográficas similares.

Los bajos precios del transporte pueden provocar y autorreforzar estos procesos a través del cual el crecimiento de la población metropolitana contribuyen al aumento de esta producción a gran escala, que a su vez causa un incremento de los sueldos reales y una mayor diversidad de oferta de bienes y mercancías: así se estimula la migración a las ciudades.

Las teorías de Krugman han demostrado que la consecuencia será el crecimiento de regiones urbanas cada vez mayores divididas en dos áreas, al estilo de Silicon Valley, en California: una zona dominada por la alta tecnología, rodeada por una periferia en expansión mucho menos desarrollada.