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jueves, 9 de julio de 2009

HONDURAS EN CLAVE
DE CAPITAL




El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, otorgó legitimidad a un gobierno latinoamericano derrocado por un golpe de Estado, y contrario a sus intereses. El presidente de Honduras, Manuel Zelaya, líder máximo de este gobierno, fue recibido por el Departamento de Estado en Washington. Y una organización desacreditada por su rancia tradición golpista, la Organización de Estados Americanos (OEA), condenó el cuartelazo, pronunciándose a favor de Zelaya.
Algo no cierra. ¿A cuento de qué tanto frenesí democrático? Leer para creer: en Moscú, frente a un grupo de universitarios, Obama afirmó que su gobierno no señala a otros países quiénes deben ser sus gobernantes, y que no apoya a Zelaya por estar de acuerdo con él. “Lo hacemos –dijo– porque respetamos el principio universal de que los pueblos deben elegir sus propios líderes, coincidamos con ellos o no.” ¡Ay!…

Con argumentos muy bien documentados, varios comentaristas centraron sus análisis en el ethos por antonomasia: Estados Unidos urdió el golpe del 28 de junio en Tegucigalpa. La lectura simultánea de las luchas políticas internas de Washington, y las de Honduras, permiten concluir que, en efecto, los gringos sabían.

El economista hondureño Miguel Cáceres Rivera da cuenta de una reunión en la embajada de Estados Unidos en Tegucigalpa, celebrada la noche del 21 de junio, y auspiciada por el anfitrión Hugo Llorens (La Prensa, Tegucigalpa, 22/6/09).

¿Quién es el embajador Llorens? Nombrado por el gobierno de George W. Bush (abril de 2008), fue consejero para asuntos económicos en Honduras y Bolivia, agregado comercial en Paraguay, coordinador de asuntos para el narcotráfico en El Salvador y funcionario consular en Filipinas.
Cáceres apunta: De 2002 a 2003, años del golpe de estado y golpe petrolero en Venezuela, el embajador Llorens ostentó el cargo de Asuntos Andinos del Consejo Nacional de Seguridad, siendo el principal asistente del presidente Bush y del director del Consejo sobre asuntos relacionados con Colombia, Venezuela, Bolivia, Perú y Ecuador.

En la reunión de marras participaron el presidente Zelaya, el actual monigote golpista Roberto Micheletti, el liberal Elvin Santos, el ex candidato presidencial Porfirio Lobo Sosa (conservador) y el general Romeo Vásquez Velásquez, jefe del Estado Mayor Conjunto.

Punto único de la agenda: que Zelaya desistiera de la encuesta destinada a indagar entre los hondureños la modificación de algunas leyes constitucionales calificadas de pétreas. Zelaya se negó. Como es sabido, el general Vásquez secuestró las urnas, y el jueves 25 el presidente convocó al pueblo y recuperó el material electoral de una base militar.

Abortado el golpe técnico, el diario El Tiempo de Honduras publicó la noticia con un titular maravilloso: “Militares y hasta Hillary Clinton habrían evitado el golpe a Mel” (apodo popular de Zelaya). Es decir, que el golpe se iba a efectuar el jueves 25, no el domingo 28. Un golpe que, al parecer, habría sido causa de agrias disputas en Washington.

¿Qué sectores intervinieron en el golpe? Desde su conversión en enclave de la United Fruit Company (UFC, 1899-1970), Honduras y las naciones de América Central merecieron el despectivo mote de repúblicas bananeras, expresión acuñada por O. Henry (seudónimo del popular escritor William Sydney Porter, 1862-1910) en el libro de relatos Cabbages and Kings, ambientados en el puerto hondureño de Trujillo.

La primera importación de banano hondureño a Estados Unidos (1902) se dio en un marco jurídico semicolonial, administrado por una suerte de burguesía consular, ligada al sector terrateniente. El sociólogo brasileño Helio Jaguaribe diferenciaba esta burguesía de la nacional (empresarial, industrial, urbana).

En la segunda mitad del siglo pasado, la economía hondureña dejó de ser meramente bananera, y la minería cobró cierto auge. La UFC fue comprada en 1969 por Zapata Corporation (empresa petrolera de los Bush) y en 1984 cambió su desprestigiado nombre por United Brands, conocida hoy como Chiquita Brands.

Sin una burguesía propiamente dicha, Honduras apenas consigue sostenerse con el sector de maquila y el agroindustrial, las remesas de los inmigrantes, la cooperación externa, la ayuda financiera, y el arrendamiento del territorio para bases militares del Pentágono. Mas poco y nada se habla del lavado de dinero, así como de los empresarios, políticos y militares coludidos con el narcotráfico.

¿Qué otro sector de una nación paupérrima podría tener un poder económico y político capaz de desafiar a Wahington, las Naciones Unidas, el Vaticano, la Unión Europea, y el conjunto de los países de la OEA? ¿Un régimen narcomilitar como el de Myanmar en América Central?
Es una hipótesis. Aunque sin ella, el súbito desgarre de vestiduras made in USA por la democracia hondureña, a más de la tenaz obcecación de los golpistas ofendidos por la incomprensión internacional, se tornan inexplicables.
La Jornada
09-07-09
¿AHORA SE LLAMA
EL GOLPE DIALOGANTE?



Isaac Rosa


“Cuánto dure la negociación, no lo sé. Mi objetivo es no dejarlos salir de aquí hasta que haya un acuerdo” -Oscar Arias, presidente de Costa Rica-

Anuncio de interés para golpistas americanos: ¿Piensa dar un golpe contra su gobierno? ¿Su país necesita un cambio de rumbo y no ve la forma de conseguirlo por vías democráticas? Pues tenemos la solución a sus problemas, lo que usted necesitaba, lo último en violaciones antidemocráticas: el golpe dialogante. Y diga adiós a aquellos cuartelazos brutales del pasado. Por ahora el prototipo está en fase de pruebas en Honduras, pero si funciona bien, le enviaremos un comercial.

El golpe dialogante es ideal para países con tensiones internas, con fuerte polarización política. En tales circunstancias, bastan una intervención militar breve, una oposición que colabore y algunas instancias estatales que sigan el juego. Se coge al presidente, se lo saca del país (mejor que cargárselo, que es una ordinariez), se espera a que pase el ruido internacional de los primeros días, y se busca una mediación de prestigio avalada por Washington.

Fíjense en el hábil cambio de discurso estadounidense: Hillary Clinton, tras evitar comparecer con Zelaya, tuvo mucho cuidado en defender no la vuelta de presidente, sino “la restauración del orden democrático y constitucional a través del diálogo”. Cuando un periodista insistió sobre la restitución de Zelaya, dijo que eso era algo que ella dejaba “a decisión de las partes”, puesto que el golpe condenable se ha convertido en un conflicto con dos partes reconocidas.

No sabemos lo que saldrá de las conversaciones en Costa Rica, pero todo lo que no sea la restitución del presidente será un triunfo de los golpistas, que habrán alterado la situación a su conveniencia. Que otros mandatarios tomen nota, no sea que se ponga de moda el golpe dialogante.
Rebelión
09-07-09

miércoles, 8 de julio de 2009

GOLPE A LA DEMOCRACIA
EN AMÉRICA LATINA

Adolfo Pérez Esquivel

El pueblo hondureño vivió momentos de fuerte tensión y fue brutalmente reprimido por el ejército, provocando muertos y heridos. Los golpistas impidieron que aterrice el avión venezolano que conducía al presidente Manuel Zelaya de regreso a Honduras y al Presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas, Miguel D¨Escoto.

La dictadura hondureña no autorizó tampoco el aterrizaje del avión que conducía a los presidentes de Ecuador, Argentina, Paraguay y al Secretario General de la OEA, Insulza, quienes querían acompañar al presidente Zelaya. Debieron continuar hacia El Salvador.

Un ejército de cobardes y represores, transformado en tropas de ocupación de su propio pueblo, es indigno del pueblo hondureño. Los cómplices que apoyaron el golpe militar para instalar la dictadura son delincuentes a quienes sólo les interesa dominar al pueblo y someterlo. Deben ser juzgados por sus crímenes.

Entre los golpistas hay personajes de diversos ámbitos sociales, políticos, económicos y eclesiásticos, de pastores evangélicos y de la iglesia católica, como el Cardenal Oscar Andrés Rodríguez y el vocero de la Conferencia Episcopal Hondureña, Mons. Pineda, Obispo Auxiliar de Tegucigalpa. Parece que algunos jerarcas religiosos han olvidado el mensaje del Evangelio de buscar la Verdad y la Justicia, y prefieren recostarse en el poder de turno. Lo hemos vivido y sufrido en muchos países durante las dictaduras militares pasadas y ahora en Honduras, vuelven a las andanzas.

Debemos rescatar y señalar a aquellos pastores que son coherentes con el mensaje del Evangelio y no han claudicado, comunidades de religiosos, religiosas, como la Diócesis de Copan, que ha publicado una carta donde denuncian “las graves violaciones de los derechos humanos, la forma violenta en que fue silenciada la Radio Progreso y otros medios de comunicación, las detenciones ilegales, el destierro de algunos compatriotas, los golpes y heridas sangrantes" "No más mentiras. Queremos que se nos diga la verdad. No más injusticias. Queremos el respeto a la integridad de la persona y a los Derechos Humanos. Queremos vivir en libertad. No queremos la represión". Hacen un claro llamado a la Paz, al diálogo y a restablecer el Estado de Derecho.

Hay silencios que se oyen y golpean la conciencia y es necesario hacer una lectura serena, de gobiernos que se han expresado tímidamente frente al golpe de Estado y que parecen consentir el golpe militar, como el presidente Obama quien se ha pronunciado en el primer momento por presión de los mandatarios latinoamericanos y después, mira para otro lado, sabe que el Pentágono y la CIA son los impulsores y sostenedores del golpe militar en Honduras.

Nos preocupa el presidente de Brasil, Ignacio Lula da Silva, quien aparece desdibujado y sin una presencia clara y decidida frente a la situación que vive el pueblo hondureño.

Los hechos son evidentes, los golpistas desconocen la Presidencia de las Naciones Unidas y la OEA, no les preocupa las sanciones y expulsión de ese organismo. No tienen respeto a los presidentes latinoamericanos, impidiendo su entrada en Honduras.

ES URGENTE QUE LOS PUEBLOS DE AMERICA LATINA Y EL MUNDO SE PRONUNCIEN CON FUERZA CONTRA EL GOLPE DE ESTADO EN HONDURAS. ES UNA AMENAZA PARA TODO EL CONTINENTE, UN INTENTO DE VOLVER A IMPLANTAR LA DOCTRINA DE SEGURIDAD NACIONAL Y EL INTERVENCIONISMO DE EE.UU. EN PAISES DE LA REGIÓN.

No hay casualidades, ni hechos aislados, esto responde a políticas impuestas para asegurar los intereses hegemónicos, políticos y económicos en el continente. Se debe convocar a una fuerte movilización continental para impedir que la dictadura se consolide. Es un llamado de alerta por las consecuencias de otros golpes militares que vuelvan a aparecer en el horizonte de nuestro continente.

El Presidente Zelaya demostró responsabilidad y coraje en el intento de regresar a su país. Los presidentes y representantes de la ONU y la OEA, asumieron la responsabilidad de buscar los caminos de diálogo y tratar de restablecer el Estado de derecho. No han sido escuchados por los dictadores.

La situación que se ha generado en Honduras no ha terminado; queda aún un largo camino de resistencia frente a la barbarie, a la represión y la falta de libertad en Honduras bajo la dictadura cívico-militar.

El pueblo hondureño no está sólo, lo acompañan millones de hombres y mujeres solidarios con su lucha por la Vida y la Libertad en América Latina y el mundo.
Buenos Aires, 6 de julio del 2009
Hilo de Ariadna para recorrer los hilos de las cinco reglas de propaganda de guerra


Michel Collon


No son los pasillos del palacio del Minotauro, pero es una realidad de laberintos –y no hay escape a ella–; sucede que ante cada guerra, golpe de Estado o agresión llevada a cabo por Occidente, los grandes medios de comunicación periodística comercial se ciñen a las cinco reglas mínimas de la propaganda de guerra.

Emplee usted esta parrilla de lectura en los próximos conflictos, se sorprenderá de encontrarlos a cada vez y siempre nítidos. Veamos.

1. Ocultar la Historia.2. Ocultar los intereses económicos.3. Diabolizar al adversario.4. Blanquear a nuestros Gobiernos y a sus protegidos.5. Monopolizar la información, excluir el verdadero debate.

Aplicación al caso de Honduras – julio de 2009

1. Ocultar la Historia. Honduras es el ejemplo perfecto de la llamada “República bananera” en las manos de los EE.UU. Dependencia y saqueo colonial causaron una enorme brecha: ricos-pobres. Un 77% de pobres según la ONU. El ejército hondureño fue formado y adoctrinado –para los peores crímenes– por el Pentágono. El embajador USA John Negroponte (1981-1985) fue apodado “el virrey de Honduras”.
2. Ocultar los intereses económicos. En la actualidad, las multinacionales USA (plátano Chiquita, café, petróleo, farmacia…) quieren impedir a este país conquistar su independencia económica y política. Como Suramérica se une y transita hacia la izquierda, Wáshington quiere impedir a Centroamérica seguir la misma vía.
3. Diabolizar al adversario. Los medios de comunicación acusaron al presidente Zelaya de querer hacerse reelegir para preparar una dictadura. Silencio sobre sus proyectos sociales: aumento del sueldo mínimo, lucha contra la ultra explotación en las fábricas-cárcel de las empresas estadounidenses, disminución del precio de los medicamentos, ayuda a los campesinos oprimidos. Silencio también sobre su negativa a cubrir los actos terroristas made in CIA. Silencio sobre la impresionante resistencia popular.

4. Blanquear a nuestros gobiernos y sus protegidos. Se oculta la financiación del golpe por la CIA. Se presentaba a Obama como neutro mientras que él se negaba a encontrarse y sostener el presidente Zelaya. Si hubiera aplicado la ley habría suprimido la ayuda de EEUU a Honduras, lo que habría detenido rápidamente el golpe de Estado. Le Monde y la mayoría de los medios de comunicación blanqueó la dictadura militar hablando de “conflicto entre poderes”. Las imágenes de represión sangrienta no se muestran al público. En resumen, un contraste sorprendente entre la diabolizacíon de Irán y la discreción sobre el golpe de Estado hondureño “made in CIA”.
5. Monopolizar la información, excluir el verdadero debate. La palabra se reserva a las fuentes y expertos “aceptables” para el sistema. Se censura todo análisis crítico sobre la información. Es así como nuestros medios de comunicación impiden un verdadero debate sobre el papel de las multinacionales, de los EE.UU. y de la UE en el subdesarrollo de América Latina. En Honduras, los manifestantes gritan “¡TeleSur! ¡TeleSur!” para saludar al único canal de televisión que los informa correctamente.

Traducción al castellano para Investig Action de Patricia Parga-Vega

LAS LECCIONES
DE HONDURAS


Theotonio Dos Santos

Se cuenta un revelador chiste entre los presidentes latinoamericanos:
"- ¿Sabes por qué no hay golpes de Estado en Estados Unidos?
- ¡No!
- Porque en EE.UU. no hay embajada de EE.UU."
Además, sabemos que los golpes en Estados Unidos se dan a través del asesinato, puro y simple de sus presidentes (como en el caso de John Kennedy) o con la ayuda de la Suprema Corte para impedir el recuento de los votos (como en el caso de Bush).
A pesar de estos y muchos otros precedentes, vemos ahora a los líderes del Partido Demócrata indignarse con la negativa a recontar los votos en Irán, acusado de ser una tremenda dictadura.¿Pero cual es la lección de Honduras? Por primera vez en la historia, los Estados Unidos apoyan la condena de un golpe de Estado en América Latina permitiendo que se realice una condena unánime de un acto de fuerza militar en todas organizaciones internacionales.
¿Esto quiere decir que de esta vez la embajada americana no participó del acto de fuerza? Desgraciadamente no. De manera indiscreta, un diputado de la derecha hondureña reveló públicamente la conspiración que mantenían los golpistas con la embajada de EE.UU.
Él lo hizo en la memorable sección de primitivo disfraz democrático en la cual se realizó la “elección” del “sucesor” del presidente Zelaya, que había renunciado según la carta falsa leída por este bisoño “sucesor”, que se olvidó de forjar una carta de renuncia del vice-presidente, a quien cabría suceder al presidente secuestrado. Esta sesión fue transmitida por la Radio Globo de Honduras, última en ser silenciada por los “demócratas” del “gobierno provisorio”.
Según este diputado, el embajador de Estados Unidos, que aprobaba la movilización golpista, había estado en contra de realizar el golpe antes de la consulta popular no vinculante, llamada “referéndum” por la Corte Suprema hondureña y por la gran prensa internacional que busca desesperadamente justificar el golpe.
Sería muy difícil creer que el gobierno de Estados Unidos estuviera ausente de la conspiración en un país que sirvió de base a sus organizaciones militares mercenarias que desestabilizaron al gobierno legítimo de los sandinistas. En este mundo de contra información en el cual vivemos, escuché al locutor de la TV Globo News en Brasil decir que las organizaciones militares de los “contras” hondureños luchaban contra los “guerrilleros” nicaragüenses.
Sabemos todos los altos costos de estas operaciones de guerra de baja intensidad, las cuales pueden servir de modelo de corrupción para las organizaciones de defensa de los derechos humanos y transparencia. El Congreso de Estados Unidos se ocupó de revelarnos los detalles tenebrosos de la operación triangular en contra del gobierno sandinista, comandada por el entonces vice-presidente de Estados Unidos, George Bush: El gobierno de Estados Unidos expandió las operaciones del narcotráfico a partir de Colombia a través de los “contras” asentados de Honduras, Costa Rica y El Salvador. Sus ganancias servían para financiar sus operaciones y, al mismo tiempo, para comprar armas para el eterno “enemigo” público de EE.UU.: el gobierno del Irán.
A pesar de sus diferencias, los líderes religiosos iraníes habían acordado con el entonces candidato George Bush prolongar el secuestro de los norteamericanos prisioneros en su embajada en Teherán para desmoralizar a Carter y permitir la victoria electoral de Reagan a cambio de esta ayuda militar secreta.
Inmediatamente surgen las acusaciones de que este tipo de información hace parte de teorías “conspirativas”. Sin embargo, nos estamos refiriendo a los hechos revelados por las investigaciones del Congreso de Estados Unidos, el que, todo indica, sí cree en las conspiraciones, exitosas o fracasadas.
Estas conclusiones se refuerzan con los planteamientos de Ramsey Clark y el Obispo Filipe Teixeira de la Diócesis de San Francisco de Asís, en su mensaje urgente al Presidente de Estados Unidos:
“Tomando en consideración:
“1. La cercana colaboración de los militares de Estados Unidos con el ejército hondureño manifestado por el entrenamiento y los ejercicios comunes;
“2. El papel de la base militar Soto Cano, ahora bajo el comando del coronel Richard A. Juergens, quien era Director de Operaciones Especiales durante el secuestro en febrero del 2004 del Presidente haitiano Jean-Bertrand Aristide;
“3. Que el jefe del Estado Mayor del ejército hondureño, general Romeo Vásquez, fue entrenado en la Escuela de las Américas de los EE.UU.;
“4. Que el Secretario Adjunto de Estado Thomas A. Shannon Jr. y el Embajador de los EE.UU. en Honduras, Hugo Llorens estaban plenamente enterados de los conflictos que conducían al golpe militar,
“Concluimos que el gobierno de Estados Unidos tiene responsabilidad del golpe y está obligado a exigir que el ejército hondureño regrese al orden constitucional y evite acciones criminales contra el pueblo hondureño.
“Por lo tanto insistimos, por de la paz en la región, que el presidente Barack Obama corte inmediatamente toda la ayuda y las relaciones con el ejército de Honduras y suspenda todas las relaciones con el gobierno de Honduras hasta que el Presidente constitucional regrese a su puesto”.
En resumen, el currículo estadounidense en Honduras muestra la dificultad de confiar en sus designios democráticos en la región. Quizás la vuelta de los sandinistas y de los revolucionarios salvadoreños al gobierno después de años de brutal represión en sus países haya enseñado algo a la diplomacia estadounidense, aún vacilante en condenar definitivamente el golpe de Estado hondureño.
La prensa internacional expresa estas vacilaciones al llamar a Zelaya Presidente “depuesto” y al golpista Roberto Micheletti Presidente “interino”; al llamar a la consulta no vinculante, propuesta por Zelaya para crear una Constituyente, “referéndum” para perpetuarse en el poder. Cosas que no se ha podido escuchar sobre el presidente asesino de Colombia que busca el tercer período presidencial, ni se escuchaba sobre las pretensiones reeleccionistas de Fujimori, Menen o Fernando Henrique Cardoso.
Es también revelador entre sus motivaciones la ausencia de referencia en la prensa a la falsa carta de renuncia del presidente Zelaya leída en el parlamento para justificar la elección de su sucesor. Es cómico que se afirme que este señor fue elegido por unanimidad cuando no comparecieron a esa sesión los diputados gobiernistas amenazados con prisión. Por fin, entre otras insidiosas tergiversaciones, se pretende que hay una confrontación más o menos igual entre los defensores armados del golpe y los desarmados manifestantes en contra del mismo.
Todo esto y las declaraciones de la secretaria Hilary Clinton sobre el necesario respecto de las instituciones hondureñas que tienen acuerdos con EE.UU. nos muestran que hay divergencias dentro del gobierno de EE.UU. Con el fantástico apoyo internacional con el cual cuenta el presidente Zelaya, se está buscando obligarlo a una negociación espuria con los golpistas. Hasta hoy la justicia venezolana no acepta definir como un golpe de Estado lo que realizaron sus gorilas locales en 2002. Imagínese lo que van a proponer en Honduras...Zelaya y el pueblo hondureño tienen muchas dificultades por delante pero no deben acobardarse frente a ellas. No tiene porque bajar la cabeza frente a los mercenarios y sus jefes, ni frente a los golpistas que son despreciados por toda la humanidad, a pesar de los apoyos abiertos o incluso disfrazados de los grandes medios de comunicación.-

Theotonio Dos Santos es Presidente de la Cátedra y Red sobre Economía Mundial y Desarrollo Sostenible de la UNESCO y la UNU. Profesor emérito de la Universidad Federal Fluminense (UFF) de Río de Janeiro.
http://theotoniodossantos.blogspot.com

Alal-amlatina
08-07-09
América Latina:
ANTINEOLIBERALISMO
O RESTAURACIÓN CONSERVADORA





América Latina se ha caracterizado en esta década por un viraje espectacular que la ha trasformado de territorio privilegiado de políticas neoliberales en el eslabón más frágil de la cadena neoliberal. Gobiernos que de distintas formas enfrentan los modelos neoliberales han proliferado, pudiendo llegar a 10. A pesar de que la revista británica The Economist anunció que con la crisis esos gobiernos no se extenderían más en el continente –porque la crisis impondría la agenda de la derecha, centrada en el ajuste fiscal y en el combate a la violencia–, desde entonces triunfó el gobierno de Mauricio Funes y del Frente Farabundo Martí en El Salvador.

A partir de la elección de Hugo Chávez, en 1998, la derecha ha intentado, de distintas maneras, recobrar fuerza, tumbar a esos gobiernos y recuperar la apropiación del Estado en sus manos: el golpe de 2002 en Venezuela, el intento de impeachment de Lula, en 2005, las sucesivas ofensivas de los grandes agricultores en Argentina, del separatismo en Bolivia. Actualmente el golpe en Honduras, la derrota electoral del gobierno en Argentina y la elección de Pepe Mujica como candidato del Frente Amplio en Uruguay son otras tantas de las últimas escaramuzas entre las dos fuerzas que ocupan el campo político en América Latina a lo largo de esta década.

América Latina se debate entre profundizar las trasformaciones progresistas operadas por esos gobiernos o la restauración de la derecha. Donde se debilitan esos gobiernos, no gana ningún sector de izquierda, sino que se fortalece la derecha. Las primeras corrientes que fracasaron en la lucha antineoliberal fueron las provenientes de la llamada ultraizquierda, sean grupos políticos de corte doctrinario u organizaciones sociales que no han roto con la visión corporativa de la autonomía de los movimientos sociales. El campo político ha quedado polarizado entonces entre esos gobiernos –más moderados o más radicales– y la derecha.

La elección de Mujica como candidato del Frente Amplio representa más claramente el intento de profundización de las trasformaciones antineoliberales. Su condición de favorito en las encuestas apunta en esa dirección. Por el contrario, la derrota del gobierno argentino representa el intento de frenarlas y de construir un recambio de derecha. El golpe de Honduras, conforme a su desenlace, puede terminar con un gobierno que daba pasos en la dirección antineoliberal o permitir que el retorno de Zelaya recobre con más fuerza esa dinámica. Lo mismo se puede decir de Brasil: las elecciones presidenciales de 2010 pueden hacer que el gobierno de Lula sea un largo paréntesis en la dominación de la derecha o la profundización de las transformaciones iniciadas, con la victoria de Dilma Rousseff, que crece rápidamente en las encuestas, apoyada en 80 por ciento del respaldo popular y solamente 6 por ciento de rechazo del gobierno de Lula. Todo apunta hacia una gran victoria de Evo Morales y el MAS en las elecciones de diciembre de este año, garantizando la continuidad y la profundización del proceso de fundación del nuevo Estado boliviano.

Los efectos de la crisis sobre los países del continente estrechan los márgenes de las políticas de conciliación de clases desarrollada por gobiernos como los de Argentina, Brasil, Uruguay, entre otros, obligándolos a definiciones entre seguir con las concesiones al gran empresariado –en particular al capital financiero– o la intensificación de las políticas sociales como eje obligado de un gobierno antineoliberal.

Hay visiones que nunca han considerado a esos gobiernos como diferenciados de sus antecesores neoliberales, pero que en la práctica corren a saludar la posibilidad de su sustitución por la derecha. En ésas –que combinan catastrofismo y derrotismo– no habría ningún cambio significativo: una derecha sustituiría a la otra. Cambalache, ninguno es mejor, todo es igual. Las visiones que se limitan al plano de la crítica están al margen de los procesos reales de enfrentamiento al neoliberalismo en el continente.

El futuro de América Latina se decide entre la profundización de las trasformaciones apenas empezadas o procesos de restauración conservadora en que serán derrotados el campo popular y las izquierdas en su totalidad. El futuro sigue abierto, la disputa hegemónica frente al agotamiento del neoliberalismo y las alternativas, entre lo viejo que insiste en sobrevivir y lo nuevo que encuentra dificultades para nacer, es lo que marca el presente latinoamericano.

La Jornada
08-07-09