lunes, 23 de marzo de 2009

Crítica a la ortodoxia
PROPAGANDA
O CIENCIA


Grupo Lujan *

La crisis sistémica mundial dio lugar para que se cuestionara el saber económico, por décadas incuestionado, al punto de tener durante los ‘90 y redivivos aún gurúes neoclásicos de distinta orientación, pero coincidiendo en un núcleo neoclásico devenido políticamente en “neoliberal”. Recientemente, la revista científica Nature Nº 455 (octubre/2008) postuló la necesidad de una “revolución científica” en la economía, reconociendo la incapacidad de los economistas en “prever y evitar las crisis”, en haber asumido al mercado como ídolo, y acusándolos de hacer propaganda en vez de ciencia.

La importancia de la crítica teórica en la economía suele ser ignorada en el plano de la aplicación política, ya no por economistas ortodoxos sino por la mayoría de los considerados heterodoxos. Lo que es permitido cuestionarse –limitadamente– en la academia, es olímpicamente ignorado a la hora de tomar medidas de política económica.

Un punteo de temas muy cuestionados en la teoría económica actual y que son ignorados: ¿qué posibilidades hay de que la economía deje de mostrar un supuesto pensamiento de “expectativas racionales” siempre frustradas por la realidad? Veremos rápidamente que, durante el siglo XX, distintos problemas (puzzles) para la teoría ortodoxa fueron respondidos por economistas heterodoxos, que fueron olvidados o desplazados de los manuales (de)formadores de economistas.

Para analizarlo, partiremos de un economista de perfil bajo, Piero Sraffa (1898-1983), cuya crítica temprana allá por los ‘20, llegado a Cambridge llamado por Keynes, logró mostrar que, a diferencia de la economía ortodoxa, la oferta y la demanda no servían para analizar los precios y las cantidades. Toda la simetría generada tras las curvas en forma de tijeras se volvían lógicamente contradictorias. Como resultado de ello, resolver precios a los que se compraban y vendían los bienes no implicaba resolver las cantidades de los mismos transados a dichos precios, y viceversa. Desde entonces, las cantidades quedaron separadas de los precios, de la misma forma en que resolvían el tema Smith, Ricardo y Marx.

En los ‘30 aparecen en escena –también en Cambridge, Inglaterra– autores como Kalecki y Keynes, cuya importancia crítica redundó en establecer que lo que impulsa el crecimiento de la producción es la demanda efectivamente realizada en el mercado. Es decir que se genera una posibilidad de llevar la demanda (consumo, gasto público y exportaciones) a un nivel que se pueda acceder al pleno empleo.

Para los ‘40, y alentado por el esquema keynesiano, Abba Lerner desarrolla los fundamentos –ya establecidos por Innes, Knapp y el propio Keynes– del dinero como “Criatura del Estado”: su valor lo da el “poder del Estado” y no la confusión generalizada de creer que el dinero adquiere su valor de respaldo del oro u otra “reliquia bárbara” que posea el tesoro de un país. El ejemplo en la realidad deberá esperar a 1971, cuando Estados Unidos promete que dará un dólar a aquel que le venda un dólar. Así, Estados Unidos elimina la libre convertibilidad del dólar con el oro. Es el “chartalismo” (dinero carta) en las teorías monetarias que hacía su debut de fuego. El dólar quedaría como moneda mundial, con valor hegemónico, pero sin “nada” mercantil detrás que lo respalde. Simplemente los billetes son certificados de poder. Este resultado a su vez genera la posibilidad de cuestionar las versiones mercantiles y metalistas del dinero en el pasado también.

Al mismo tiempo se observa que las economías normalmente se encuentran con una utilización parcial de la capacidad productiva, oscilando la media mundial alrededor del 70 por ciento, con lo que desde el punto empírico todas las conclusiones neoclásicas que se basan en el pleno empleo de factores, caducan más allá de las críticas teóricas. Es la impertinencia de la llamada Ley de Say, que ya Keynes atacara para la coyuntura y que Kalecki y Steindl desarrollaran profusamente.

Para los ‘50, heredados debates del siglo XIX acerca de la medición del capital en valor se resuelven brillantemente por Sraffa en su “Producción de mercancías por medio de mercancías” en 1960, en lo que se conoce como “Debate del capital”, en donde el propio Samuelson finalmente tuvo que sacar bandera blanca y reconocer la derrota teórica. Aquí se termina de derrumbar toda la teoría neoclásica basada en el marginalismo. Sraffa demuestra que puede deducir precios sin necesidad de recurrir al aparato marginal, sólo conociendo las cantidades producidas y consumidas, o excedente físico en la producción, más una variable distributiva dada (salario o ganancias). No se puede hablar más de una “cantidad de capital” si antes no se sabe la tasa de ganancia. Es decir que los cambios en la distribución afectan la “medida” del capital, como ya Ricardo se había encontrado con el tema con más de un siglo de anticipación.

En el transcurso de los ‘60 y ‘70, elaboraciones de Nicholas Kaldor muestran la importancia de una variable de demanda en particular para permitir el crecimiento: las exportaciones. Estas permiten obtener finalmente las divisas para importar los insumos necesarios para expandir la economía. Continuadores de esta línea, resumidos en los trabajos de Thirlwall y otros, muestran también que no existe lo que los economistas ortodoxos denominan “tipo de cambio de equilibrio”, puesto que la actividad de los Estados otra vez frustra explicaciones basadas en oferta y demanda de divisas, como también de aquellos otros que creen encontrar en los coeficientes de producción la expresión de igualación de valores entre mercancías de distintas naciones.

En los ‘80, aspectos teóricos vinculados con las políticas fiscales muestran que los impuestos cumplen un papel secundario para la distribución del ingreso, y que sólo sirven para determinar el nivel deseado de circulación monetaria en una economía. Se retoman trabajos de Abba Lerner en los ‘40, conocidos como “finanzas funcionales” al logro del pleno empleo, pero en el marco teórico sraffiano en la distribución del ingreso, y con economías con su utilización de la capacidad en permanente desempleo de recursos, el gasto público adquiere un peso relevante para el crecimiento, pero ahora descartando la explicación ortodoxa de pleno empleo de factores, en que la inflación sería causada por exceso de la demanda.

Si agregamos que se crece liderado por la demanda (Keynes-Kalecki) y que la distribución del ingreso se debe a cuestiones institucionales y políticas, como se desprende de Sraffa, tendremos que la actividad del Estado incentivando el gasto público es la manera de estimular el crecimiento, sin generar por esta causa procesos inflacionarios. La inflación quedará explicada por el “tironeo” (puja) que hacen los trabajadores y otros grupos sociales dueños de medios de producción al disputarse el excedente físico generado. Precios y salarios de mercado que tiran del ingreso en cada momento.

Lo importante de este breve racconto de resultados es que no se trató de exabruptos de brillantes economistas que quedaron aislados sino que todos ellos pueden ser coherentemente articulados para conformar una explicación rigurosa, alternativa a la dominante. Sólo intereses fanáticos de carácter político-ideológico han llevado al ostracismo cada aporte enumerado en cada década. No cabe esperar menos ahora para una alternativa completa a la teoría dominante impotente como paradigma explicativo de la realidad del capitalismo actual. Con sólo ver lo lejos que se está de tener incorporadas estas críticas, uno puede sentirse impulsado a avalar la crítica que hace Nature, sólo que “la economía” no es un cuerpo único de teoría y, después de todo, existen economistas y economistas.

* Fernando H. Azcurra, Alejandro Fiorito, Gustavo A. Murga, Fabián Amico, Pablo G. Bortz de la Universidad de Luján.
Página/12
22-02-09

sábado, 21 de marzo de 2009

ECONOMÍA SUPERFICIAL
Y ECONOMÍA PROFUNDA

Leonardo Bof
¿Hay una economía profunda? Aunque no sea la economía dominante, creo que existe, y que debe existir. En los inicios de los años 70 del siglo pasado, el filósofo noruego, recientemente fallecido, Arne Naess, introdujo una distinción, hoy ampliamente aceptada en los medios ambientalistas, entre ecología superficial y ecología profunda. La superficial sería aquella que separa al ser humano de la naturaleza y lo coloca fuera, y por encima de la misma, presuponiendo que las cosas sólo tienen sentido cuando le son útiles a él. La profunda ve el entrelazamiento ser humano-naturaleza, afirma el valor intrínseco de cada ser, y se da cuenta de que todo está inmerso en un tejido de relaciones, que forma la comunidad de la vida. Hay un Todo orgánico y lleno de propósito, y el ser humano es capaz de identificar el hilo conductor que liga y religa a todo, y lo llama Fuente Originaria de todo el ser, base de valores infinitos (veneración, amor, justicia) que llenan de sentido a la vida humana. La economía profunda ayuda a la superficial a autolimitarse y a no ser destructiva.

Apliquemos estas reflexiones al campo de la economía. La economía superficial sería aquella que se centra solamente en ella misma, en los capitales, los mercados, las inversiones, el lucro, en una palabra: en el PIB, sin preocuparse por la dilapidación de la naturaleza, ni la ruptura de la autorregulació n de la Tierra, ni la creciente distancia entre ricos y pobres. Eso serían externalidades, factores que no entran en el cálculo económico.

Su lógica es la de un sistema cerrado, como si la economía fuese todo en la sociedad. Efectivamente, como fue ampliamente denunciado por la Escuela de Frankfurt, especialmente por Polaniy, en el capitalismo avanzado le economía ha absorbido todas las instancias sociales (política, ética, estética, ciencia...), transformándolo todo en mercancía, en oportunidad de lucro. Se ha establecido como el eje articulador de todo lo social. Y eso ha tenido como consecuencia el exceso malsano de la voluntad de enriquecimiento a toda costa, y nos ha conducido al caos socio-económico actual. Es la locura de la racionalidad económica superficial.

¿Qué sería la economía profunda? Sería la vuelta al sentido originario de la economía como «técnica y arte de atender a las necesidades de la casa» -hoy, de la Casa Común, la Tierra viva, respetando sus ciclos y su capacidad de aguante-. Se inscribiría en todo lo que constituye una sociedad. En ella habría una base que, en última instancia, aseguraría la vida material: la economía. Habría una forma de organización, de distribución del poder, y leyes que permitieran a todos vivir juntos sin demasiados conflictos. Habría un conjunto de valores morales, éticos e ideales que darían sentido a la vida social y que humanizarían las relaciones siempre tensas entre las diferencias. Y, por fin, habría un horizonte de sentido mayor, que vincularía la historia a una instancia más alta y diseñaría el cuadro final del universo: la espiritualidad.

Así, idealmente, tendríamos una sociedad que podríamos considerar verdaderamente humana, porque tendría una visión integradora de la complejidad humana.

Aquí emergería la economía profunda, aquella que sabe su lugar en el conjunto de la estructuració n social, y que respondería a la cuestión: ¿cómo producir lo suficiente, de modo decente, conservando el capital natural y en armonía con toda la comunidad de la vida?

El economista profundo, ante la crisis actual, pensaría: ¿cómo podemos resolver los problemas de la humanidad?, y no: ¿cómo salvar el sistema económico que está en crisis?

El cambio de pregunta implica un cambio de respuesta. Y ésta solamente vendrá si hubiese una quiebra del paradigma antiguo -la dictadura de la economía- y volviéramos a poner la economía en su debido lugar, en el conjunto de la sociedad.

Ese sería un nuevo paradigma, sostenible a largo plazo. Entonces, la economía sería parte de la política, que sería parte de la ética, que a su vez sería pare de la espiritualidad. La economía superficial sería incorporada dentro de la profunda. Y el futuro sería diferente.
20-03-09

viernes, 20 de marzo de 2009

Theotonio Dos Santos
EL NEOLIBERALISMO
ESTÁ EN DECADENCIA
Yásser Gómez
Theotonio Dos Santos es economista e investigador brasileño. Profesor de la Universidad Federal Fluminense. Presidente de la Cátedra y Red UNESCO y Universidad de las Naciones Unidas sobre Economía Global y Desarrollo Sostenible e integrante de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad. Estuvo en Lima, donde clausuró un seminario sobre los 80 años de la publicación del libro Siete Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana de José Carlos Mariátegui. Era necesario conocer la opinión del destacado intelectual brasileño, cuando el mundo sufre una de las más grandes crisis financieras de la historia. Por eso, lo entrevistamos al día siguiente del seminario. Theotonio nos recibió en su casa, ubicada en un barrio de clase media al sur de Lima.

- Esta crisis mundial provocada por los especuladores financieros del Wall Street ¿Significa el fin del Neoliberalismo o sólo es un traspiés de esta fase del capitalismo?
- Es un golpe muy profundo al Neoliberalismo, porque demuestra claramente, que la idea del Estado mínimo, del equilibrio fiscal, monetario, cambiario no tiene ninguna vigencia. La verdad es que, en el funcionamiento concreto de la economía capitalista contemporánea está basada en los grandes monopolios y en la fuerte intervención estatal, el capitalismo estatal, no hay espacio para una doctrina de Estado mínimo y de vuelta a un ideal de libre mercado que nunca existió, ni tiene la posibilidad de existir. Entonces, todo eso compromete muy profundamente al Neoliberalismo como ideología, porque como ciencia nunca tuvo realmente ninguna calidad científica. Está en proceso de decadencia, pero todavía es difícil enterrarlo, porque el gran capital y los políticos se han comprometido con estos ideales -si se les puede llamar así- neoliberales. Y hay una búsqueda de garantizar un libre mercado, que en el fondo es mucho más, no tanto una política de libre mercado, pero sí un intento de salvar lo máximo posible al sector privado y particularmente al sector financiero. Todavía hay una política fuerte en esa dirección, el gobierno de los EE.UU. está entregando recursos colosales al sector bancario a nombre de que el Estado no debe asumir el control completo de la situación, sino que simplemente apoyar al propio sector financiero que es el culpable de todo esto. Ahora mismo existe una discusión grande sobre como los bancos norteamericanos van a utilizar los recursos y por qué los bancos deben recibirlos y que hacer con estos. Entonces, todos estos recursos gigantescos que se están invirtiendo para mantener liquidez en los EE.UU., terminan en manos del sector financiero privado, que pasa a una etapa superior de capital monopólico. Los cinco mayores bancos controlan la mitad del movimiento interbancario mundial y ahora van a fortalecerse mucho como potencias oligopólicas, además han quebrado gran parte de los más importantes bancos.

Y tienen que quebrar, porque el sector financiero existente en el mundo, se ha generado en función de la especulación y por lo tanto no corresponde a ningún valor efectivo. Estos activos tan grandes no existen. Es una situación absurda, inflacionaria, porque todo lo que se produce en el sector productivo se pasa al sector financiero y por lo tanto, la gente que vive de ese sector -que es una gente inútil para la sociedad en general- son los que manejan estos falso activos. Eso tiene que ser reajustado para que se pueda volver a una etapa de crecimiento significativo.
Desgraciadamente la acción del Estado, es en el sentido de conservar estos activos falsos. Y la sociedad se amaga a contribuir para que esos activos falsos continúen existiendo.
- ¿Cuál es la influencia económica que tiene China sobre los EE.UU.?

- De esta crisis China va a salir como una potencia mundial mucho más fuerte, primero porque ella tiene liquidez. En una situación donde no hay liquidez, es evidente que tiene un poder muy grande al ofrecer liquidez para los sectores que les parezca interesante. Hasta ahora no ha entregado su liquidez al gobierno norteamericano, sino que está buscando aprovecharse de la situación para comprar empresas, para fortalecerse dentro del sistema financiero internacional. Creo que con eso va a salir de la crisis como un poder financiero muy grande. El hecho de que tenga alrededor de unos 600 mil millones de dólares de activos en bonos norteamericanos, son reservas. Claro le da también un poder muy grande en los EE.UU.. El gobierno norteamericano depende mucho de China en este momento, en el sector financiero además del aspecto comercial. China va a usar esto para tener un rol más importante en las instituciones internacionales. En este momento el gobierno de China está empezando a tomar medidas en ese sentido y esta realmente hablando de una reestructuración del sistema financiero mundial con un rol creciente de China y del grupo conocido como los BRIC (Brasil, Rusia, India y China) además de otros centros y polos de poder mundial.

Se refuerza mucho como poder asiático, que es la versión más dinámica del mundo hoy. Japón profundiza sus crisis, mientras China se desarrolla. La moneda china tiene una perspectiva muy superior a la moneda japonesa, porque está muy devaluada. Entonces la gente sabe que es una moneda que sólo puede valorizarse y por lo tanto hay una preferencia por el yuan muy grande. La situación de China es de una potencia en ascenso, entre otras cosas como resultado de la crisis.
- ¿Qué significa el Banco del Sur como propuesta financiera antihegemónica? ¿Qué hubiese sucedido si este banco estaría consolidado hoy?

- Si hubiéramos avanzado más en el Banco del Sur ya estuviésemos operando, sería una circunstancia muy favorable, porque con estos recursos como quería y quiere el gobierno de Venezuela. Usar gran parte de las reservas como capital del Banco del Sur, pero hay resistencias, por lo menos de parte de Brasil y de otros países de utilizar las reservas. Sólo quieren mantener dentro de los capitales básicos puestos por ellos, que da una suma de unos 10 mil millones de dólares. Pero, si nosotros pudiéramos tomar de las reservas, aunque sea un 10 por ciento, podríamos operar con unos 30 mil millones de dólares. Y eso le daría al Banco del Sur una condición de intervenir en esta crisis con mucha fuerza, garantizar liquidez para casi toda la región con 30 mil millones de dólares de préstamos se estaría fortaleciendo mucho la liquidez de la región y dirigida a inversiones del sector social, infraestructura y a sectores que son estratégicas en este momento. Pero desgraciadamente las negociaciones son lentas, los bancos centrales están en contra, están aceptando eso porque los gobiernos están peleando, aunque hay mucho miedo de operar con mayor autonomía. Hay una debilidad histórica de nuestra clase dominante, porque son clases dominantes, dominadas, dependientes, subordinadas, enajenadas y ellos continúan dominando nuestro sistema financiero, nuestros bancos centrales, que son los que residen realmente la utilización de los grandes recursos de la nación. Lamentablemente no se ha podido avanzar en el Banco del Sur, sino estaríamos con un poder de negociación muy fuerte.

Se está avanzando a paso lento y en unos tres años el banco estará operando con un cierto rigor y la propia dinámica del banco va a empujar a que se disponga más recursos. Entonces, hay una dinámica pero inferior a la que debería haber, por falta de voluntad política de gran parte de nuestros gobiernos.
- En Venezuela además de la extracción de importantes yacimientos de hidrocarburos ¿Hay algún avance respecto a la industrialización, para que dejen de ser un exportador de materias primas? Sobre todo hoy que el precio internacional del petróleo ha bajado bruscamente.
- En cuanto a la sustitución de una economía rentista del petróleo por una economía productiva, hay un esfuerzo muy grande en esa dirección. En el sector alimentario que ha desarrollado un plan de seguridad alimentaria bastante fuerte, en infraestructuras como el acero, también un desarrollo grande de las refinerías e industrialización del petróleo y otras inversiones en sectores básicos de economía pesada. El gobierno venezolano está nacionalizando gran parte de ese sector y articulando dentro de un cierto grado de planeamiento. Pero algunos ejemplo: Venezuela compraba leche y productos lácteos, en este momento está atendiendo su mercado interno e incluso ya se inició la exportación de estos productos, que es una fuente fundamental alimentaria para la población. Carne también se está patrocinando un desarrollo importante del ganado y maíz, se está aproximando de una situación de compra solamente de Venezuela e incluso se pretende exportar. Es algo absurdo que países como Venezuela o México tengan que importar maíz, que deberían ser exportadores. Pero como el maíz es subsidiado por el gobierno norteamericano casi en un 50%, es poco competitivo producir maíz, pero como están usando mucho maíz para producir combustible, eso está ejerciendo cierta presión sobre el precio del maíz, independientemente del hecho que está subsidiado.

Además el maíz es un absurdo como fuente de energía, porque gasta alrededor de 70% de la energía que crea, entonces, sólo logra producir 30 % de energía, es algo absurdo.
Son diversos los productos que Venezuela tiene una política para crear una producción nacional en el sector alimentario, en el sector de infraestructura y también en otros niveles de consumo. Como es el caso de las refinerías que producen un tipo de producto que usa la petroquímica, que es de consumo de clase media en general. Se está avanzando mucho en la política de conversión de Venezuela en un país productivo.
- ¿Se debe definir a los gobiernos progresistas de América Latina como regímenes neoliberales con rostro humano? ¿Existe un proyecto alternativo estructural en lo económico y productivo?
- Gran parte de los esfuerzos que los países están haciendo se está orientando más para tener una cierta independencia económica. En el caso de Venezuela hay muchas propuestas y experiencias socializantes a nivel productivo. Como la creación de las empresas sociales, en que la idea del planeamiento de la actividad y concepción de la empresa, parten de una visión solidaria y no de mercado. Esto se está aplicando en sectores significativos. En el caso del maíz, para generar una fuerte producción nacional del maíz, no se puede aceptar las condiciones del mercado internacional, porque con ese subsidio tan fuerte se hace poco viable tener un desarrollo del maíz y de sus derivados a nivel nacional. Entonces ahí se toma una decisión por razones de alimentación para el pueblo.

Se está haciendo una política muy grande de revalorización de los productos de la región, de las formas de alimentación basada en los productos regionales, porque es una cuestión cultural muy importante.

Y en las comunas donde existe una actividad muy fuerte se está desarrollando un concepto de planeamiento realizado por los integrantes de la comuna. Eso está muy avanzado, hay comunas en todo el país, hay millares de consejos comunales que están practicando un planeamiento de sus actividades frente a un gran sistema de financiamiento que tiene el gobierno venezolano. Las comunas están en un nivel de planeamiento casi óptimo -digamos- desde el punto de vista de su capacidad de gestión. Lo que ellos quieren y pueden hacerlo porque tienen financiamiento estatal del banco comunal, préstamos a fondo perdido. Entonces, los Consejos Comunales están planteando la reestructuración de la vida de la gente.

Los Consejos Comunales están a niveles locales 8 a 10 conforman una comunidad más amplia con un planeamiento que ellos mismos producen, claro que el Estado ayuda mucho en el nivel de concepción de cómo debe ser. Pero son ellos los que proponen y deciden los proyectos. Están hechos con la experiencia que la gente está acumulando de cómo hacer la gestión de la vida de la comunidad. Y mucha gente joven está en la dirección de las comunas con una visión muy amplia de cuáles son los aspectos estratégicos que deben ser atacados.

Esta es una experiencia de gran profundidad socializante porque camina hacia una democracia participativa. Respecto a este proceso se han creado leyes menores (no constitucionales) que lo consolidan. Por ejemplo, el rol de las nacionalidades y comunidades indígenas en Bolivia, Ecuador es una propuesta. En Bolivia tiene una dinámica más fuerte y en toda la región existe un movimiento de abajo hacia arriba en el sentido de consolidar una acción local muy grande.

La revolución cubana también tiene mucha experiencia en ese campo, los poderes locales en Cuba tienen mucha influencia en el aspecto económico, social y cultural. Hay una inversión muy fuerte en lo que se llama recursos humanos, es decir que se está formando gente en acción técnica y cultural a nivel local muy fuerte. Hoy casi todas las ciudades cubanas tienen universidades y también es la meta de Venezuela. Y llegar a las comunas. Esto permite una gran formación de recursos humanos.
- ¿Ha habido progresos en el Mercosur en cuanto a la integración económica?
- Se ha avanzado mucho. Te doy un ejemplo claro. Hace veinte años las exportaciones de Brasil para América Latina equivalían al 5% hoy es de 23%. Eso demuestra como la dinámica del comercio ha aumentado mucho y se está avanzando en otros sectores, menos de lo que se debería. Porque no se han desarrollado de manera suficiente las instituciones de tipo educacional, social. La integración es un éxito y muy difícil que retroceda, porque son muchos los sectores económicos que tienen en la integración latinoamericana su objetivo estratégico.
- ¿Cuál es su balance económico de los dos periodos presidenciales de Luis Ignacio Lula Da Silva?

- El primer periodo de Lula fue muy dominado por las concepciones neoliberales en la macroeconomía. Al final de su primer periodo empezó a cambiar con la caída de Paloche que era el ministro de Economía, pero el Banco Central resiste todavía. Es una fuerza neoliberal muy grande, es como una toma del Estado por parte del sector financiero que consigue recibir como intereses un tercio del presupuesto del Estado. En el segundo periodo el gobierno dirigió más recursos al sector social, 12 millones de familias reciben las Bolsas Familia y otras políticas sociales fuertes. Podría ser mucho más si el Banco Central sería asumido a favor del desarrollo económico y las necesidades sociales de la población. Hay una nueva dirección en políticas de desarrollo e inversión social que ha refinado la figura de Lula.
Yásser Gómez. Periodista. Editor de Mariátegui. La revista de las ideas.

Rebelión
20-03-09

miércoles, 18 de marzo de 2009

EL DESAFÍO
DE AMÉRICA LATINA


Noam Chomsky


Hace más de un milenio, mucho antes de la conquista europea, una civilización perdida floreció en un área que conocemos ahora como Bolivia.

Los arqueólogos están descubriendo que Bolivia tenía una sociedad muy sofisticada y compleja, o, para usar sus palabras, uno de los medios ambientes artificiales más grandes, extraños y ecológicamente más ricos del planeta... sus poblaciones y ciudades eran grandes y formales, y eso creó un panorama que era una de las obras de arte más grandes de la humanidad.

Ahora Bolivia, junto con buena parte de la región, desde Venezuela hasta Argentina, ha resurgido. La conquista y su eco de dominio imperial en Estados Unidos están cediendo el paso a la independencia y a la interdependencia que marcan una nueva dinámica en las relaciones entre el norte y el sur. Y todo eso tiene como telón de fondo la crisis económica en Estados Unidos y en el mundo.

Durante la pasada década, América Latina se ha convertido en la región más progresista del mundo. Las iniciativas a través del subcontinente han tenido un impacto significativo en países y en la lenta emergencia de instituciones regionales.

Entre ellas figuran el Banco del Sur, respaldado en 2007 por el economista y premio Nobel Joseph Stiglitz, en Caracas, Venezuela; y el Alba, la Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe, que podría demostrar ser un verdadero amanecer si su promesa inicial puede concretarse.

El Alba suele ser descrito como una alternativa al Tratado de Libre Comercio de las Américas patrocinado por Estados Unidos, pero los términos son engañosos. Debe ser entendido como un desarrollo independiente, no como una alternativa. Y además, los llamados acuerdos de libre comercio tienen sólo una limitada relación con el comercio libre, o inclusive con el comercio en cualquier sentido serio del término.

Y ciertamente no son acuerdos, al menos si las personas forman parte de sus países. Un término más preciso sería acuerdos para defender los derechos de los inversionistas, diseñados por corporaciones multinacionales y bancos y estados poderosos para satisfacer sus intereses, establecidos en buena parte en secreto, sin la participación del público, o sin que tengan conciencia de lo que está ocurriendo.

Otra prometedora organización regional es Unasur, la Unión de Naciones de América del Sur. Modelada en base a la Unión Europea, Unasur se propone establecer un Parlamento sudamericano en Cochabamba, Bolivia. Se trata de un sitio adecuado. En 2000, el pueblo de Cochabamba inició una valiente y exitosa lucha contra la privatización del agua. Eso despertó la solidaridad internacional, pues demostró lo que puede conseguirse a través de un activismo comprometido.

La dinámica del Cono Sur proviene en parte de Venezuela, con la elección de Hugo Chávez, un presidente izquierdista cuya intención es usar los ricos recursos de Venezuela para beneficio del pueblo venezolano en lugar de entregarlos para la riqueza y el privilegio de aquellos en su país y el exterior. También tiene el propósito de promover la integración regional que se necesita de manera desesperada como prerequisito de la independencia, para la democracia, y para un desarrollo positivo.

Chávez no está solo en esos objetivos. Bolivia, el país más pobre del continente, es tal vez el ejemplo más dramático. Bolivia ha trazado un importante sendero para la verdadera democratización del hemisferio. En 2005, la mayoría indígena, la población que ha sufrido más represiones en el hemisferio, ingresó en la arena política y eligió a uno de sus propias filas, Evo Morales, para impulsar programas que derivaban de organizaciones populares.

La elección fue solamente una etapa en las luchas en curso. Los tópicos eran bien conocidos y graves: el control de los recursos, los derechos culturales y la justicia en una compleja sociedad multiétnica, y la gran brecha económica y social entre la gran mayoría y la elite acaudalada, los gobernantes tradicionales.

En consecuencia, Bolivia es también ahora el escenario de la confrontación más peligrosa entre la democracia popular y las privilegiadas elites europeizadas que resienten la pérdida de sus privilegios políticos y se oponen por lo tanto a la democracia y a la justicia social, a veces de manera violenta. De manera rutinaria, disfrutan del firme respaldo de Estados Unidos.

En septiembre pasado, durante una reunión de emergencia de Unasur en Santiago, Chile, líderes sudamericanos declararon su firme y pleno respaldo al gobierno constitucional del presidente Evo Morales, cuyo mandato fue ratificado por una gran mayoría, aludiendo a su victoria en el reciente referéndum.

Morales agradeció a Unasur, señalando que por primera vez en la historia de América del Sur, los países de nuestra región están decidiendo cómo resolver sus problemas, sin la presencia de Estados Unidos.

Estados Unidos ha dominado desde hace mucho la economía de Bolivia, especialmente mediante el procesamiento de sus exportaciones de estaño.

Como el experto en asuntos internacionales Stephen Zunes señala, a comienzos de la década de los años 50, en un momento crítico de los esfuerzos de la nación para convertirse en autosuficiente, el gobierno de Estados Unidos obligó a Bolivia a utilizar su escaso capital no para su propio desarrollo, sino para compensar a ex dueños de minas y repagar su deuda externa.

La política económica que se impuso a Bolivia en esa época fue precursora de los programas de ajuste estructural implementados en el continente 30 años más tarde, bajo los términos del neoliberal Consenso de Washington, que ha tenido por lo general efectos desastrosos.
Ahora, las víctimas del fundamentalismo del mercado neoliberal incluyen también a países ricos, donde la maldición de la liberalización financiera ha traído la peor crisis financiera desde la gran depresión.

Las modalidades tradicionales del control imperial –violencia y guerra económica– se han aflojado. América Latina tiene opciones reales. Washington entiende muy bien que esas opciones amenazan no sólo su dominación en el hemisferio, sino también su dominación global. El control de América Latina ha sido el objetivo de la política exterior de Estados Unidos desde los primeros días de la república.

Si Estados Unidos no puede controlar América Latina, no puede esperar concretar un orden exitoso en otras partes del mundo, concluyó en 1971 el Consejo Nacional de Seguridad en la época de Richard Nixon. También consideraba de importancia primordial destruir la democracia chilena, algo que hizo.

Expertos de la corriente tradicional reconocen que Washington sólo ha respaldado la democracia cuando contribuía a sus intereses económicos y estratégicos. Esa política ha continuado sin cambios, hasta el presente.

Esas preocupaciones antidemocráticas son la forma racional de la teoría del dominó, en ocasiones calificada, de manera precisa, como la amenaza del buen ejemplo. Por tales razones, inclusive la menor desviación de la más estricta obediencia es considerada una amenaza existencial que es respondida de manera dura. Eso va desde la organización del campesinado en remotas comunidades del norte de Laos, hasta la creación de cooperativas de pescadores en Granada.

En una América Latina con una flamante autoconfianza, la integración tiene al menos tres dimensiones. Una es regional, un prerrequisito crucial para la independencia, que dificulta al amo del hemisferio escoger países, uno después de otro. Otra es global, al establecer relaciones entre sur y sur y diversificar mercados e inversiones. China se ha convertido en un socio cada vez más importante en los asuntos hemisféricos. Y la última es interna, tal vez la dimensión más vital de todas.

América Latina es famosa por la extrema concentración de riqueza y de poder, y por la falta de responsabilidad de las elites privilegiadas con respecto al bienestar de sus países.
América Latina tiene grandes problemas, pero hay también desarrollos prometedores que podrían anunciar una época de verdadera globalización. Se trata de una integración internacional en favor de los intereses de pueblo, no de inversionistas y de otras concentraciones del poder.
(Los ensayos de Noam Chomsky sobre lingüística y política acaban de ser recolectados en The Essential Chomsky, editados por Anthony Arnove y publicados por The New Press. Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto de Tecnología de Massachusetts de Cambridge).

La Jornada
15-03-09
LO POSIBLE Y LO IMPOSIBLE
EN EL CAPITALISMO

Pablo González Casanova

El tema que pretendo tratar está muy vinculado con dos problemas principales: el de la inmensa miseria en que vive el 85% de la población humana y el de la supervivencia humana. Es decir, íntimamente relacionados con los problemas de la emancipación y de la vida, lo cual amplía la problemática a que nos enfrentamos quienes hemos considerado que el modo de dominación y de acumulación capitalista produce efectos relacionados con la explotación de los trabajadores, de los pueblos.

Si bien este planteamiento original sigue siendo válido en medio de un proceso de luchas de clases y de luchas por la independencia, por la liberación cada vez más complicada debido a una serie de mediaciones, no hay duda de que la posibilidad de que desaparezca la vida en la tierra constituye un elemento más a considerar. Este elemento no solo afecta a la inmensa mayoría de la humanidad sino a toda la humanidad, incluso a quienes se benefician de los privilegios que significa su dominio sobre el mundo actual y el tipo de acumulación que están buscando, al cual se refieren los economistas —como varias veces han hecho aquí*— al decir que la economía como ciencia tiene por objeto lograr la eficiencia de las empresas en la optimización, maximización de utilidades y en la disminución de riesgos.
Efectivamente, nos encontramos en una etapa histórica del capitalismo organizado que no conocían los clásicos, ni nuestros predecesores partidarios de reformas o revoluciones. Un desarrollo tecnocientífico y de las llamadas ciencias de la complejidad, íntimamente vinculado a los problemas que la cibernética planteó a mediados del siglo XX y que se fueron desarrollando como sistemas autorregulados, adaptativos y complejos, capaces de adaptar sus objetivos y de corregir sus rumbos cuando estuvieran fallando. Pero estas técnicas muy ligadas a la informática y a las ciencias de la comunicación y la información, se encuentran con límites que no pueden ser ignorados y de una manera u otra se llegan a hermanar con otro tipo de investigaciones que vienen más bien de la cosmología y de las ciencias biológicas, geológicas, en que aparecen sistemas sumamente complejos en el sentido de sus relaciones interactivas, en las que unos sectores interfieren en el desarrollo de otros. Aquí, reaparecen los problemas de la historicidad, del nacimiento y la muerte de los sistemas, no solo en la historia del ser humano, sino en la historia de la vida y de la materia.

Lo paradójico y dramático de este extraordinario desarrollo de la inteligencia humana es que su aplicación tecnocientífica lo coloca en una irracionalidad sin precedentes, capaz de lograr muchos objetivos que tienen efectos secundarios no apreciados, como la posibilidad de una guerra. Esta guerra fue prevista como una forma de la guerra fría para intimidar a la entonces potencia mundial que constituía la URSS, pero en realidad se convirtió en una situación que se sabe fuera de control y en la que otra vez aparecen lo irracional y lo absurdo, por ejemplo, cuando se ve que habiendo ya armas para destruir varias veces a la humanidad, se sigue invirtiendo en armamento.
El hecho es muy grave porque con la utilidad se invierte en armamento bajo la lógica de una política defensiva y actualmente se hace por razones de obsolescencia, porque se declaran obsoletas las armas anteriores cuando cada una de ellas, de por sí, es varias veces inferior a cada una de las que destruyeron Hiroshima y Nagasaki, y cuando en el mundo hay no una, sino varias potencias que disponen de armas atómicas que circulan por toda la Tierra y por todos los lugares, en formas que hacen difícil predecir o disminuir los riesgos.

Actualmente, se estudian las fases de transición al caos y, sin abusar de la metáfora, podemos decir que hay tendencias que anuncian, por ejemplo, la disminución de la gobernanza, —empleo términos de las ciencias políticas hegemónicas—, síntomas de que puede venir una situación equivalente a la caótica como es la sustitución de los estados nación por mafias sumamente poderosas y muy bien organizadas. Este criterio no es resultado de una ideología ni de un estado de ánimo catastrofista. Yo, por ejemplo, hice un estudio de mis propias predicciones y de los errores que había cometido en varios trabajos de simulación del futuro, y descubrí que tengo la tendencia a equivocarme más cuando soy optimista que cuando soy pesimista. Entonces, la idea no es hacer catarsis sin esperanza, al contrario, hay mucha esperanza y la tengo fundada en que podemos aún controlar este problema, antes que otros lo controlen para siempre.

No creo que se desconozcan las ventajas que la paz puede traer a la especie humana; pero muchos quieren mantener a toda costa la economía de mercado por las megaempresas y por un complejo organismo en el que se han articulado complejos militares, empresariales y políticos.
Hoy, tenemos algo inédito: un Presidente de origen afro en EE.UU. Siento que está rodeado por fuerzas que van a hacer muy difícil que logre los objetivos que se propone, aunque de todos modos pienso que hay ciertos elementos que podrían al menos atenuar la política que estuvo llevando esa nación a la locura. En todo caso, la situación es muy fuerte. Para saber qué pasa en el mundo, aparte de las revistas de pensamiento crítico, me gusta leer el Financial Time y el World Street Journal, muy conservadores, y en ellos he advertido una fuerte polémica entre los neoliberales que quieren conservar su fundamentalismo antiestatal y los keynesianos que quieren implantar en EE.UU. políticas parecidas a las keynesianas. El problema es que todos están contra todos y de una manera muy enfática. Por ejemplo, recientemente, The New York Times publicó un artículo firmado por varios economistas en el que se alertaba al Presidente de no intervenir en las soluciones a la crisis, sino que los dejara a ellos resolver los problemas. Economistas de muchas universidades firmaron.
Todas las críticas que se hacen unos a otros están signadas por la sinrazón. Muchos de ellos se engañan por la presión que existe sobre la vida científica y cultural, porque es obvio que hay un conocimiento prohibido. Lucha de clases es una frase que hoy es para muchos prohibida. Hay autoengaños sobre lo que pasa en el mundo, sobre lo que será, sobre las causas que lo determinarán, sobre las medidas a tomar, los efectos directos e indirectos… Hay la imposibilidad de que dentro de un sistema dominado por el afán de lucro y la acumulación de capitales, donde han aumentado las desigualdades hasta un grado sin precedentes, se resuelvan los problemas de la civilización, del progreso y del desarrollo. El problema más serio de todos es que cuando el presidente Obama dice que va a mejorar las cosas, habla de la clase media, de los EE.UU… pero no puede hablar de los pobres de la Tierra, de los condenados, que son la inmensa mayoría de la humanidad, sobre los cuales pesa la amenaza no solo de seguir siendo pobres, sino de ser desechables y eliminables.
Si no se ha desatado una guerra internacional, sí parece existir lo que algunos llaman “la Cuarta Guerra Mundial contra los pobres de la Tierra”: la forma en que los despojan de sus alimentos, de sus pocos bienes, son cosas a las que estamos asistiendo como espectadores. La obligación de cualquier hombre —no solo de izquierda, socialista o comunista— es decirse o preguntarse si esto es la verdad y si realmente tiene ganas de estudiarla, para saber si es posible el desarrollo de la humanidad mientras el capitalismo subsista.
*Se refiere al XI Encuentro Internacional de Economistas Globalización y Problemas del Desarrollo, en el cual intervino con estas palabras.

La Jiribilla
15-03-02
LOS MUERTOS
ENSEÑAN


Alberto Mosquera Moquillaza


¿Es necesario un Museo de la Memoria en el Perú? La derecha, sus gobernantes y sus pastores de almas, han dicho de mil maneras que no. Los sectores más lúcidos de la burguesía, la intelectualidad peruana progresista y los familiares de las víctimas de la guerra interna que vivió el Perú, han respondido afirmativamente. La estación terminal de la muestra fotográfica Yuyanapac (para recordar) debe ser la de un Museo, en una gran alameda en la que también estarán El ojo que llora de Lika Mutal y el Quipu de la memoria, creaciones todas que servirán para que los peruanos de todas las condiciones sociales recuerden y asimilen las lecciones que nos ha dejado la guerra interna que vivió el Perú y su secuela de miles de miles de muertos, de uno y otro lado.

Que los sectores conservadores y recalcitrantes de la burguesía peruana, y sus representantes políticos, lo mismo que sus ideólogos de turno, se opongan a que el gobierno alemán haga realidad el ofrecimiento de un donativo para la construcción de ese Museo, es algo que no debe llamar la atención. A esos sectores nunca les ha interesado la elaboración de una memoria histórica, muy por el contrario siempre han trabajado por la amnesia histórica, o en su defecto por la elaboración de imágenes falsas de los principales hechos que jalonaron la historia Patria. La verdad no les interesa, les resulta subversiva.

El tratamiento interesado y falaz que le han dado a lo que realmente ocurrió en la guerra con Chile es un excelente ejemplo. La guerra se perdió por la irresponsabilidad de quienes dirigían el país en esos aciagos momentos, enfrascados en llenarse los bolsillos con los ingresos del guano y del salitre, antes que en contruir realmente una nación. Por esto es que siempre han jugado más al chovinismo y al antichilenismo visceral, que a la formación de una verdadera conciencia histórica, que nos permita estar claros sobre los objetivos geopolíticos de un país por naturaleza expansionista.

Razón tenía el olvidado Manuel Gonzáles Prada cuando en un escrito sobre Miguel Graú dijo:

"En la guerra con Chile, no sólo derramamos la sangre, exhibimos la lepra. Se disculpa el encalle de una fragata con tripulacion novel i capitán atolondrado, se perdona la derrota de un ejército indisciplinado con jefes ineptos o cobardes, se concibe el amilanamiento de un pueblo por los continuos descalabros en mar i tierra; pero no se disculpa, no se perdona ni se concibe la reversión del orden moral, el completo desbarajuste de la vida pública, la danza macabra de polichinelas con disfraz de Alejandros y Césares"

Fueron éstas las razones por las que en su célebre discurso en el teatro Politeama (1888), ante decenas de escolares le puso el epitafio a quienes consideraba los verdaderos responsables del desastre de la guerra con Chile: ¡Qué vengan árboles nuevos a dar flores nuevas y frutas nuevas! ¡Los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra!

Volviendo al Museo de la Memoria, la derecha se opondrá siempre a su construcción, porque el recuerdo llevará inevitablemente de un lado, al enjuiciamiento de quienes se levantaron irracionalmente en armas; y de otro lado, al juzgamiento moral y político de aquellos sectores sociales que por acción y omisión, desde el gobierno del país, crearon las condiciones objetivas para que en el Perú de los 80 estallase una guerra como la que estamos comentando. Juzgamiento que conllevará al cuestionamiento de una democracia que en esa confrontación descendió a los mismos infiernos para apagar el fuego que ellos habían contribuido a encender.

lunes, 16 de marzo de 2009


Don't look back
Arguing over a museum of memory

The Economist


IT HAS been much changed and improved by years of rapid economic growth and peace. But less than a generation ago Peru suffered an appalling bloodletting. A murderous guerrilla insurgency unleashed by the Maoist Shining Path and a small Marxist rival was met by indiscriminate repression by the armed forces. In 2003 a Truth and Reconciliation Commission set up by a democratic government and composed of academics and human-rights activists concluded, after an exhaustive investigation, that more than 69,000 people died in the violence between 1980 and 2000. Three out of four of the victims lived in the Andean highlands and were of Indian descent.
The commission tried hard to be even-handed. It reckoned that the Shining Path was responsible for slightly over half the killings, and the security forces for 37%. Out of its work came a harrowing exhibition of photographs and accounts by survivors. Called Yuyanapaq (“to remember” in Quechua), this toured Peru before finding a temporary home in the National Museum. Supporters of the commission want to set up a permanent “museum of memory”. Last month the German government offered to build the museum at a cost of $2m.

But Peru’s government has rejected the money, and says it doesn’t want the museum. Ántero Flores-Aráoz, the defence minister, said that it was “not a priority” in a country where “there are other basic needs to satisfy”, such as food, health and schools. (He also noted that the Shining Path survives and killed a soldier this month, though it numbers only a few score in remote parts of the Amazon jungle.) “Memory doesn’t belong to a particular group,” added Alan García, the president.
The rejection has been criticised across much of the political spectrum. In a withering article Mario Vargas Llosa, a Peruvian novelist who is also Latin America’s best-known liberal thinker, wrote that “we need a museum of memory to fight the intolerant, blind and obtuse attitudes which unleash political violence”—attitudes exemplified, he said, by Mr Flores-Aráoz’s comments.
The plan for the museum coincides with a wider re-examination of Peru’s violent years. They are the subject of several recent novels. La Teta Asustada (“The Milk of Sorrow”), a film about the trauma of a woman raped during the war, directed by Claudia Llosa, a relative of the novelist, won the top prize at last month’s Berlin Film Festival. A court in Lima will shortly reach a verdict in the trial of Alberto Fujimori, an elected autocrat who, as president from 1990 to 2000, crushed the Shining Path but is accused of having authorised killings by an army death-squad.
Some Peruvians are uneasy about reopening the past. If they appear to include Mr García, that may be because worse abuses occurred during his first presidency (1985-90). His vice-president, Luis Giampietri, a retired admiral, took part as a junior officer in the suppression of a violent Shining Path prison rebellion in 1986 in which scores of inmates were killed after they had surrendered. Mr García is surely right when he says that the museum should “take all perspectives into account”. But that is all the more reason for building it.
12-03-09