Para que ello ocurra, el nuevo presidente, Sebastián Piñera, y su ministro de Hacienda, Felipe Larraín, deberán impulsar un fuerte plan de gasto desde el gobierno, lo cual probablemente los llevará a operar con déficit fiscal durante 2010. Nadie descarta que así sea, pese a las fuertes críticas que ambos hicieron a la Concertación por haberlo hecho durante 2009 para enfrentar la crisis global. No obstante, el dinero ahorrado por el alto precio del cobre en 2002-2008, en el Fondo de Estabilización Económica y Social, sirve de respaldo para emprender la campaña sin perjuicio a los fundamentos macroeconómicos.
“Chile tiene más de US$11.000 millones en activos financieros y una particularmente baja carga de deuda de menos de 7% del PIB”, dice Gabriel Torres, vicepresidente de la calificadora de riesgo Moody’s, la cual asegura que no revisará la positiva calificación que tiene la deuda soberana chilena producto del terremoto. “Eso permitirá al país incrementar sus pasivos en caso necesario”.
Tampoco es esperable que haya un salto en las tasas de interés en el corto plazo. “Tenemos una política monetaria expansiva que va a seguir siendo expansiva por un tiempo más, lo cual permite (...) que la inversión y el gasto se hagan con el costo financiero adecuado”, dice de Gregorio.
En palabras más simples, el Central favorecerá una mantención de tasas, estirando al máximo posible el estímulo monetario para favorecer la recuperación. Sí se espera que por efectos directos del terremoto muchos precios suban, especialmente en el área afectada, lo que haría a las tasas de corto plazo aún más bajas. Sin embargo, no es esperable que se mantenga así por mucho tiempo. “Una vez que se dé la recuperación, el Banco va a verse obligado a subir la tasa significativamente”, dice Le Fort. “Va a haber un aumento de tasas más fuerte de lo normal, pero va a ser rezagado”. Matías Braun lo dice de otra forma: “la mayor necesidad de recursos para financiar proyectos de largo plazo hará subir las tasas largas”.
Sin feriado bancario. Para los bancos, el impacto del terremoto fue inmediato. Una muestra fueron sus sucursales cerradas, sitios de internet caídos y centrales telefónicas que no funcionaron por varios días. El Banco de Chile, por ejemplo, fue uno de los más liados, pues su proveedor de servicios de almacenamiento de datos, Global Crossing, tuvo serios problemas en sus centros de servidores ubicados en Huechuraba. Las autoridades, no obstante, vieron con calma cómo los mecanismos de transacciones de valores y de pago funcionaron normalmente.
“Cualquier país del mundo habría decretado feriado bancario el lunes, después del terremoto”, dice De Gregorio. “Acá no lo hicimos y el mercado financiero operó normalmente, pese a algunas fallas puntuales”. Es bueno que sea así, pues según Cristián Gardeweg, economista de Celfin Capital, los bancos y aseguradoras (por los pagos que realicen) serán los que proveerán de la liquidez necesaria para el sistema. Y están en condiciones de hacerlo. “Hay liquidez suficiente”, dice. “El sistema financiero va enfrentar una mayor demanda por crédito, por lo tanto, puede haber un alza de colocaciones más fuerte de lo que se esperaba”. Las fuentes serán principalmente recursos internos. Y si los US$4.000 millones que deberán pagar las aseguradoras tienen respaldo de reaseguros en el exterior, no debiera haber problemas.
Pero la mayor demanda de créditos que favorece a los bancos, podría verse contrarrestada por un incremento de la morosidad. “Esperamos un deterioro mayor al esperado de la cartera de créditos, por la menor capacidad de pago y garantías sin seguros contra sismos”, dice Javier Pizarro, analista sénior del Departamento de Estudios de LarrainVial. Eso afectará sus utilidades, aunque en un margen menor. Según un estudio de la corredora de bolsa de BCI, el terremoto podría impactar con una caída de 5,9% en las utilidades del sistema bancario, en un modelo que simula una morosidad equivalente al 1% de las colocaciones en las zonas afectadas.
La velocidad de la infraestructura. El terremoto ocurre en el peak de la temporada de cosecha de la zona centro-sur. Aunque gran parte de la fruta ya estaba embarcada con rumbo a sus mercados del norte, los daños provocados en la infraestructura afectarán el proceso de exportación del remanente.
“Los puertos no sufrieron daños de consideración”, dice el informe del BCI. “Lo más grave es el transporte por las carreteras de la zona hacia los puertos”. Y es que la velocidad de recuperación de muchas industrias depende de la velocidad con que vuelva a operar la infraestructura que las sostiene. No hubo área de las infra que no se viera afectada por el sismo. Desde el agua potable, hasta las telecomunicaciones, pasando por la electricidad y los puertos. No obstante, los tiempos de recuperación son distintos entre unos servicios y otros.
La energía eléctrica tiene sus problemas focalizados en la distribución eléctrica, pues las grandes generadoras, tanto hídricas como térmicas, pueden seguir operando sin problemas. Es en las redes de cables que llevan esa energía, a los distintos puntos del país, donde está la crisis.
El suministro se comenzó a normalizar poco a poco, al igual que los servicios de telecomunicaciones. La Asociación Gremial de Telefonía Móvil, Atelmo, que reúne a las compañías Entel PCS, Movistar y Claro, aseguró que el problema de la red de celulares radica en que las radioestaciones y antenas repetidoras funcionan con energía eléctrica y baterías de respaldo, las que se agotaron rápidamente.
Los procesos de reparación serán mucho más largos en la infraestructura vial y puertos. Valparaíso, por ejemplo, reinició operaciones un día después del terremoto, pero sólo en algunos de sus terminales, lo que reducirá su capacidad de embarque por un tiempo. Por su parte, los daños en autopistas y carreteras totalizarían entre US$200 millones y US$300 millones, según estimaciones del sector. Los principales problemas estarían en las concesiones Vespucio Norte Express y Ruta 5 Sur, donde no se descarta que las restauraciones duren entre seis y ocho meses.
Los supermercados, pequeños comerciantes y las industrias de distribución de alimentos fueron unas sorpresivas víctimas del terremoto ante la fiebre de saqueos que siguió al sismo. No obstante, es un hecho puntual que poco afectará a sus cuentas para 2010.
“Los supermercados están abastecidos y los pequeños comerciantes también”, dice Carlos Jorquera, presidente de la Cámara Nacional del Comercio. “Si bien hay un retraso, porque los camiones en lugar de tardarse ocho horas de Santiago a Concepción, se están demorando 18, la comida está llegando a todos lados, incluso en la zona del terremoto”.
Algunos proveedores claves del comercio también se vieron afectados. Las lácteas como Nestlé y Soprole tuvieron daños en sus plantas y centros de distribución. “Las fábricas de Nestlé de Los Ángeles y Graneros presentan problemas estructurales. La primera de ellas recepciona leche de nuestros proveedores, por lo tanto, decidimos recibirla en la VIII Región y luego transportarla a las fábricas lecheras de la compañía en Osorno y Llanquihue, para procesarla. Con esto la recolección de la leche está normalizada”, dice Fernando del Solar, presidente ejecutivo de Nestlé Chile. “Por otra parte, los centros de distribución presentan daños que están siendo evaluados en terreno. Por el momento tenemos claro que los de Santiago y Temuco tienen problemas serios, y el de Talca está inhabitable”.
El terremoto tuvo pocos efectos en compañías de bebidas como Andina. Sus filiales, Envases Centrales y Vital S.A., sufrieron daños de mediana magnitud, pero al cierre de esta edición ya se anunciaba su reapertura.
En el caso de CCU, se prevé que los principales problemas estarían ubicados en su filial vitivinícola San Pedro, que tiene alrededor de 3.000 hectáreas de viñedos en Chile. Y es que acá sí hay daños fuertes.
“El de los vinos fue uno de los sectores más afectados”, dice Luis Mayol, presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura en Chile. Las bodegas de vino, desde Casablanca hasta el valle de Curicó y el Maule, fueron dañadas. En Colchagua, ciudad devastada por el sismo, se veían ríos de vino fluir por la calle. En muchas bodegas, los sistemas antisísimicos que tenía instalados simplemente no funcionaron. En algunos, los tanques se cayeron empujando unos a otros, en un verdadero efecto dominó enológico. La industria estima en US$250 millones las pérdidas por el sismo. Muchos adelantan una vendimia muy triste para este 2010, la que terminará con un nivel de exportaciones inferior a los US$1.381 millones exportados en 2009, y que permitirá el paso a competidores como los vinos argentinos.
Sebastián Piñera asume la presidencia 12 días después del sismo, cuando ya habrá pasado la parte más urgente y critica del desastre, y empiecen a tomar forma los esfuerzos de reconstrucción. Su capacidad de gestión y sintonía con el sector privado serán escenciales para tener éxito. No obstante, deberá transformar al Estado en el motor fundamental de este proceso. Si logra superar las trabas ideológicas de sus aliados, será bueno para él, pues transformará en capital político los buenos resultados que debiera tener Chile en este proceso de reconstrucción, y para el golpeado país que tiene a la mano las herramientas para salir adelante.
América Economía
05-03-10