martes, 11 de mayo de 2010

Hablan los Profesores
Richard Roca
Estimado Isaac y demás amigos de la Facultad:

Nosotros también suscribimos enteramente los planteamientos de recuperar la democracia, construir una institucionalidad, Recuperar la autonomía del Consejo de Facultad para gobernar y fiscalizar, como ordenan el Estatuto de la Universidad y la Ley universitaria, que deje de ser un ente intrascendente, y ejerza su función fiscalizadora. Instaurar la práctica de la rendición de cuentas en la Facultad y desarrollar evaluaciones de la gestión de la Facultad como una práctica institucionalizada.

Pero lamentablemente vuestra lista, que en buena medida es la continuidad de la actual gestión del Decano Giudice secundado por sus asociados entre ellos el Profesor Adolfo Reyes, no han aplicado nada de eso!!!! Recuerda que eres miembro del Consejo de Facultad por el grupo que actualmente maneja la Facultad

Por otro lado se aplicó la marginación a algunos profesores por discrepar con la forma como era manejada el post grado y con otras medidas que no les parecían correctas, se ordenó, como represalia, que no se les diera cursos en la unidad de postgrado.

Algunos de los integrantes de vuestra lista manejaron el postgrado y otras dependencias sin rendir informes detallados cuando se les requirió llevándola prácticamente a la quiebra económica y académica de la facultad. Es preciso reconocer la labor esforzada y casi heroica del profesor Urcisinio Cardenas y del Profesor Antonio Padilla.

Los pocos recursos de la Facultad se usaron no precisamente para mejorarla. Es evidente la falta de equipos multimedias que ya no funcionan. Ya no hay internet en las aulas!!!. El descuido de la biblioteca la falta de libros actualizados, peor aun la inexistencia suscripcion a revistas especializadas. Arguyendo que nadie sabía ingles se negaron a suscribirse al JSTOR !!!!. Las pésimas condiciones de trabajo docente donde los profesores no tenemos ni siquiera una banquito para sentarnos, ya ni siquiera hay un diario Gestión para leer en la sala de profesores, que durante mucho tiempo estuvo cerrada, ni hablar de las computadoras que se malograron tanto en la sala de profesores y el Cendoi donde solo queda una computadora que ya esta por malograrse también.

El bajo nivel varios cursos de las maestrías y los doctorados fue tan clamoroso que muchos cursos tenían menor nivel que los de pregrado. Ello terminó ahuyentando a los alumnos y la deserción fue terrible, aulas con 5 o 6 alumnos. Desapareció prácticamente el Doctorado de Economía. Las Tesis de maestrías y doctorado, salvo honrosas excepciones, tenían menor nivel que los de pregrado. Tesis con marcos teóricos pobrísimos, sin datos estadísticos, sin pruebas de hipótesis !!!!!!. Si esas tesis son publicadas en Internet el mundo se burlarían de nuestro postgrado.

Requerimos de un gran cambio, en el que se priorice el desarrollo académico, debemos avanzar hacia la acreditación de nuestra carrera, ello implica no solo mejorar la infraestructura, sino sobre todo, elevar el nivel académico, mejorar el nivel de las publicaciones, de las investigaciones, que la Facultad sea un centro de referencia nacional e internacional en temas económicos y que la formación de nuestros alumnos mejore de tal forma que tengan mayores probabilidades de colocarse en el cada vez más competitivo mercado laboral de los economistas.

lunes, 3 de mayo de 2010

Hablan los Profesores
Pedro Barrientos
Ysaac, me parece que a través de los comunicados que estás realizando y el intercambio de ideas que propicias y en cual participo me pareces que estás demostrando una posición de liderazgo, de lo cual me felicito. En verdad se necesitan vientos nuevos y nuevos compromisos que se basen en lo que se puede hacer y no en lo que se debe ofrecer. En tal sentido, el pronunciamiento cumple con lo que algunos profesores se han comprometido, sin importar por quien votaran en las elecciones en este momento; está por encima de las personas y pequeños grupos, lo que interesa es la facultad.

A mi parecer en cuanto a la opinión solicitada a ESTRADE considero conveniente que el requerimiento debe ser de los dos grupos que se están presentando a las elecciones, en uno de ellos el grupo mencionado es parte. Ahora, si sólo se le pide ESTRADE es un reconocimiento implícito de que hay un grupo único que está orgánicamente formado, y que los demás grupos son la suma de personas sin ningún efecto sinergético pero que si pueden llegar al gobierno. Hay que evitar que nos juzguen parcialmente pues el esfuerzo realizado puede caer en una trampa.

Sinceramente estoy complacido del trabajo que estás realizando, y aunque se escuchen algunas críticas hay que seguir adelante. Si sales elegido tendrás una tarea bien complicada pues pasas de la parte filosófica a la parte operativa. "Ladran Sancho, señal que avanzamos".

Saludos,

Pedro

Isaac Ospino

Pedro.
Un grupo de colegas a la fecha, no hemos recibido y nos gustaria conocer el parecer u posicion de los profesores de Estrade sobre el pronunciamiento que te adjunto a la presente, la misma que ya difundieramos con anterioridad.
Shalom
EL 1 DE MAYO
Y EL "TRABAJO DECENTE"
Humberto Campodónico


El Día del Trabajo ha sido, tradicionalmente, el día de los asalariados, aquellos que trabajan para un empleador. Sin embargo, hoy en día los asalariados en el Perú son claramente una minoría. Formando parte de “los que trabajan” ahora también están los informales, los mineros artesanales, los ambulantes y muchos más (algunos también consideran a los microempresarios, que tienen empresas familiares).

Es conocido el hecho de que los asalariados han visto decaer sus salarios en los últimos 15 a 20 años, además que han perdido buena parte de sus derechos (condiciones de trabajo, “services”, vacaciones, CTS, sindicalización, negociación colectiva, entre otros). Pero, desde nuestro punto de vista, estaba faltando un indicador que nos muestre de manera clara las condiciones de los asalariados.

Contribuye a llenar ese vacío un reciente trabajo de Julio Gamero (1. Se trata del “trabajo decente”, el mismo que debe cumplir con cinco condiciones básicas, a partir de indicadores llamados básicos y complementarios, diseñados por el Ministerio de Trabajo de Argentina.

Los indicadores básicos (IB) son el tipo de contrato (con o sin contrato) y el ingreso laboral (menor o mayor al salario mínimo vital), mientras que los indicadores complementarios (IC) son la duración de la jornada de trabajo (hasta 48 horas) y si se tiene o no un seguro de salud y acceso a algún sistema de pensiones.

A partir de allí, tomando como base la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO) del 2008 se establecen cinco indicadores para saber cómo están los asalariados (que son el 39% de la PEA de 15 millones de personas) y los no asalariados (que son el 61% de la PEA).

Definidos esos parámetros se construye un indicador final por el cual se establecen 5 niveles en la escala del Índice de Trabajo Decente. En el Nivel 1 se cumple con todos los IB e IC, mientras que en el Nivel 2 se cumple solo con todos los IB. En el Nivel 3 se cumple por lo menos con uno de los IB, mientras que en el Nivel 4 no se cumple con los IB, pero sí con al menos uno de los IC. Finalmente, en el Nivel 5 no se cumple con ningún indicador.

Los resultados son sorprendentes: solo el 19% de los asalariados está en el Nivel 1, es decir, se cumple con los IB e IC y, por tanto, tiene un “trabajo decente”. Un 25% de los asalariados está en el Nivel 2, o sea que trabajan más de 48 horas y no tienen seguro de salud ni sistema de pensiones. El 55% restante está en los Niveles 3, 4 y 5: o sea con trabajos superprecarios.

La cosa es peor con los no asalariados, pues casi no están en la foto de los Niveles 1 y 2. El 25% está en el Nivel 3 y nada menos que el 61% está en el Nivel 4. Así, para los no asalariados se puede decir que “desconocen mayormente” el hecho de trabajar menos de 48 horas, tener seguro de salud o una pensión de jubilación.

El texto de Gamero aborda toda una gama de facetas que no podemos comentar en este artículo: el Trabajo Decente por sexo, por edades y, también, por Regiones. Se demuestra que las mujeres tienen menos trabajo decente que los hombres y que en Huánuco, Piura y Amazonas se encuentra la mayor cantidad de asalariados en los Niveles 4 y 5.

Una cosa más antes de terminar: el estudio se realiza con la ENAHO del 2008, es decir, en el punto más alto del boom económico que comenzó en el 2002. Lo que quiere decir que desde el 2009 a la fecha la cosa ha empeorado. No es mucho, entonces, lo que tienen que celebrar los asalariados y los no asalariados en este 1º de mayo. Más bien hay que hacer todo lo posible para acabar con el trabajo indecente que, hoy, asola al Perú.

(1) A un año del TLC con EEUU, Un enfoque desde el trabajo decente, marzo del 2010, en Red de Globalización con Equidad, www.redge.org.pe.
La República
1 de mayo de 2010
LA DEUDA
CON LOS TRABAJADORES


Carlos Bedoya


Muchos analistas señalan que la crisis económica se acabó en el Perú porque se han recuperado los precios de las materias primas que exportamos y porque ya han regresado los capitales de corto plazo. Pero ¿qué hay del peruano de a pie que se esfuerza diariamente por salir adelante? Julio Gamero, ex viceministro de Trabajo, nos da sus impresiones sobre la calidad del empleo en el Perú de hoy.
-El Fondo Monetario Internacional (FMI) habla de recuperación sostenible de la economía mundial, pero ¿cuál es la situación mundial del empleo?
-En esta etapa vemos que hay incremento de la producción sin aumento del empleo. En las economías del norte es necesario distinguir EEUU de Europa y Asia. EEUU, si bien no ha tenido las tasas de desempleo abierto de España y otros, tiene el problema de que el aumento de su gasto público se concentró en el salvataje del sector financiero. El gasto público aumentó a favor de los bancos. Francia y Holanda no han tenido tanto crecimiento previo ligado a la construcción, a diferencia de España que tiene problemas derivados de una burbuja inmobiliaria. Europa está complicada. A ello se suma la debilidad del euro como moneda común. En un inicio se hablaba de que Grecia necesitaba 30 mil millones de dólares para pagar su deuda y cerrar sus déficits internos y externos, ahora se habla de 100 mil. Y al ser parte de la eurozona afectará al Euro. Como la solución que se busca dar a la crisis va dirigida al sector financiero, en lugar de al sector real, el empleo está aún en crisis.
-A nivel nacional ¿cuál ha sido el impacto de la crisis en el empleo?
-De acuerdo a las estadísticas oficiales no disminuyó el empleo. En el 2009 el empleo urbano creció 1%. Claro que en el año previo había crecido 8%. Es una bajada fuerte. Pero es cierto que el Perú no ha presentado un impacto fuerte en el empleo durante la crisis. Es que los sectores comercio y servicios vinculados a la demanda interna crecieron, contrarrestando la caída de 6% en los sectores manufacturero y agroindustrial de exportación. Dentro de la industria, el empleo en el sector textil cayó más de 10%, pero aún así el crecimiento de empleo en los otros sectores levantó el promedio.
-¿Y en términos de calidad del empleo?
-Ni el ciclo de expansión económica que hemos vivido los últimos años ha podido revertir la precariedad en el empleo originada por las reformas laborales neoliberales de los 90. Es el único sector que no ha logrado recuperar los niveles anteriores a los 80 y 90. El acceso a la seguridad social no ha recuperado niveles de cobertura anteriores. El único efecto positivo reciente es la reducción del empleo informal. Lo que pasa es que últimamente el empleo ha crecido en la mediana y gran empresa, pero esto no se ha expresado en mejores modalidades de contratación laboral o seguridad social debido al marco institucional con el que se cuenta.
-¿Cuál ha sido el impacto de los TLC que hemos firmado en el empleo? Algunos dicen que si no fuera por el TLC con EEUU nos hubiera ido peor.
-Cuando uno analiza las exportaciones a EEUU, se da cuenta que cayeron más que las exportaciones a Asia. Y si bien ya habían empezado a caer en el 2008, la caída se acentuó en el 2009. Por otro lado, si uno mira los mecanismos de solución de controversias laborales, se encuentra que son buenas herramientas que pueden ser utilizadas por el movimiento sindical, pero no se aprovechan dada la poca tasa de sindicalizació n. De acuerdo a los datos de diferentes estudios, el impacto de los acuerdos de libre comercio sobre el empleo es reducido. Hay un estudio –no difundido- del BID que señala que los puestos de trabajo crecerían en 40 mil en un lapso de diez años, por ejemplo. En general, con los TLC se ve afectada la microempresa que abastece el mercado interno. Por eso Gamarra no quiere saber nada del TLC con China.
-¿Cuáles son sus críticas a la política laboral peruana?
-Lo primero es que se mantiene el marco institucional que genera inequidades. El Producto Bruto Interno (PBI) per cápita ha crecido 43% del 2000 al 2009. Sin embargo, la remuneración media, como informa la Organización Internacional del Trabajo (OIT), solo creció 6.7%. De otro lado, el excedente en una economía se distribuye entre utilidades (empresas), remuneraciones (trabajadores) e impuestos (Estado), y en el Perú ni en ninguna parte dicha distribución obedece a criterios de racionalidad económica o de coeficientes técnicos. Entonces, todo depende de la capacidad de negociación de los actores involucrados. Depende del poder que ejerzan las partes y ya vemos que los salarios y la presión tributaria no se elevan. El sector empresarial tiene más poder que el Estado para la negociación. Las grandes empresas renegocian con el Estado cuando quieren, en cambio el Estado nunca plantea la renegociación de ningún contrato, como lo señala la evidencia de los últimos años. Asimismo, los trabajadores con una tasa de sindicalizació n del 5% no tienen mayor poder de influencia. A esto se suma que no hay políticas que busquen reducir la inequidad y que se expresen, por ejemplo, en facilitar la organización de los trabajadores, en mayores negociaciones y convenios colectivos de trabajo, los mismos que, por el contrario, se han venido reduciendo en número. Es bueno decir, también, que la dirigencia sindical no está exenta de responsabilidad, pues ha debido hacer a los sindicatos más atractivos para los trabajadores en un contexto de cambios. Sin embargo, también se debe señalar que abundan las prácticas antisindicales. Una expresión de ello es que en las más de mil empresas agroindustriales solo hay cinco sindicatos. En empresas como Ripley y Claro, cuando los trabajadores se afilian al sindicato no se les renueva el contrato.Esto debe ser reformado, modificado con nuevas formas de sindicalizació n, suprimir requisitos para la formación de sindicatos -como el de mantener un número mínimo de 20 trabajadores para constituir un sindicato de empresa- y que se facilite, también, la conformación de sindicatos de rama. En esto último, tenemos por ejemplo el sindicato de rama de construcción civil, donde el empleo es bastante inestable, pero los trabajadores en conjunto negocian periódicamente sus condiciones laborales. En conclusión hace falta transformar el marco institucional.
-¿Y sobre las políticas de generación de empleo?
-El sector informal concentra más de la mitad de la Población Económicamente Activa (PEA) del país. Y para que los emprendimientos tengan mayor viabilidad se necesitan políticas sectoriales. Según COPEME, solo 10 millones de dólares se dirigen a las Microempresas. En el Plan de Estímulo Económico que se elaboró en el contexto de la crisis global, se destinaron 150 millones de soles para compras estatales dirigidas a las microempresas. Esto debería ser la regla en lugar que una medida extraordinaria.La forma como se ha querido fortalecer a las Mypes ha sido a través de la reducción de los estándares de los beneficios para los trabajadores, como si ello fuera un tema legal. La promoción de las Mypes, su capacidad en generar mayor excedente y riqueza, es un tema económico. Se ha llegado al extremo, por ejemplo, de incluir a las pequeñas empresas, aquellas que tienen 100 trabajadores, bajo el régimen laboral especial del Decreto Legislativo 1086. La promoción a las Mypes más que un tema microeconómico es de política sectorial, de mayores recursos en el presupuesto nacional. La política económica debería ser marcadamente pro microempresa.
-¿Se puede subir el salario?
-Sí. En el 2007 hubo una comisión técnica tripartita (trabajadores, Estado y empresarios) , que estableció criterios para aumentar periódicamente el salario mínimo en función a los niveles de productividad y la inflación subyacente. Se incorporó, también, la cláusula gatillo, por la cual si la inflación era mayor a la proyectada por el Banco Central de Reserva (BCR), se ajustaba la remuneración mínima. Y a pesar que los empresarios estaban de acuerdo, en el 2008, cuando la inflación superó 4% a la proyectada por el BCR, llegando a 6%, no hubo aumento para el 2009. Por lo menos se debió ajustar en 27 soles el sueldo mínimo. El gobierno argumentó que eso afectaría al empleo. Cabe señalar que en América Latina, estamos en el tercio inferior en lo que se refiere a salarios mínimos medidos en dólares. Sin ir muy lejos, Ecuador tiene menor PBI per cápita pero su salario mínimo (240 dólares) es 46 dólares mayor que el nuestro (194 dólares).Todos los países de la región aumentaron el salario dentro de sus planes de estímulo durante la crisis. Y lo aumentaron porque es la forma más directa de promover la demanda interna. Nuestro Plan, de los 10 mil millones de soles con los que contaba, destinó 150 millones a las compras estatales de Mypes como dijimos, y 100 millones al programa de reconversión laboral Revalora. Fue muy poco y eso no hace sino expresar, creo, las prioridades del gobierno. El país tiene una deuda social con los trabajadores, entendidos estos de manera extensa: obreros, empleados, trabajadores del hogar, autoempleados, informales, etc. Resolver y honrar dicho pasivo es una tarea de gobierno y de Estado.El país tiene una deuda social con los trabajadores, entendidos estos de manera extensa: obreros, empleados, trabajadores del hogar, autoempleados, informales, etc. Resolver y honrar dicho pasivo es una tarea de gobierno y de Estado.
La Primera
2 de mayo de 2010

jueves, 29 de abril de 2010

HABLAN LOS
PROFESORES

Pedro Barrientos:


Isaac, esta es una excelente propuesta. Esperamos que los que lleguen al gobierno de la facultad al menos intenten realizarla. Considerando que eres parte de una lista que está postulando es conveniente que presenten su programa de gobierno haciendolo público a los profesores (los electores) como una señal de respeto hacia nosotros mismos y que sirva de elemento de análisis en la toma de decisión final. Recomiendo que por el momento se concentren en esta parte. La comparación de los programas es un elemento interesante para algunos, ya que otros ya tomaron su decisión final.
Saludos,
Pedro

Isaac Ospino
(Respetando la redacción)


Profesores.
Cumplo con reenviarles el documento en el cual manifestamos nuestro parecer sobre las proximas elecciones, a la cual se han adherido otros docentes, asi como esperamos se sumen otros.
Shalom
YSA
Elección de autoridades en la Facultad de Ciencias Económicas

En pocas semanas los docentes sanmarquinos acudiremos a las urnas para elegir a los miembros de los Consejos de Facultad, Consejo Universitario y Asamblea Universitaria. Los Consejos de Facultad tienen como primera función la de elegir a los decanos correspondientes. En nuestra Facultad tal evento requiere una necesaria reflexión sobre varios aspectos encaminados a la búsqueda de un compromiso institucional alejado del personalismo y la corrupción para mejorar la gestión académica y administrativa, promover la investigación y potenciar la Proyección Social y especialmente el desarrollo institucional. En consecuencia planteamos a los docentes lo siguiente:

1. Reivindicar la democracia en el gobierno de la Facultad adoptando una visión más amplia, que vaya mucho más allá del ejercicio de votar cada tres años. Hagamos del proceso electoral un espacio para el debate público entre los candidatos a Decano de la Facultad de Ciencias Económicas. La trascendencia de las elecciones dependerá en gran medida del debate público previo. Las elecciones, en medio del silencio revelan viejos métodos que resultan insuficientes para la buena marcha de la Facultad.

Invocamos a un mayor compromiso con la Democracia. Urge crear espacios de reflexión y debate para escuchar y dejarnos oír. Superar la presión que se ejerce sobre los votantes, el tradicional canje de votos por cargos administrativos y la formación de listas sin considerar las cualidades necesarias que se requieren para gobernar la Facultad. Igualmente, superar la censura y la intolerancia.

2. Construir institucionalidad que haga predecible la gestión y garantice el desarrollo de la Facultad. En este punto, nos parece pertinente establecer Políticas de Facultad entendidas como los grandes lineamientos –marco de gestión institucional, que orienten las acciones de gobierno. Es lamentable constatar el rumbo errático de la gestión y el aprovechamiento. La elaboración y ejecución de un Plan Estratégico debe constituirse en una buena herramienta para fortalecer la institucionalidad. El Plan Estratégico hay que entenderlo como un proceso de participación de todos los actores sociales de la Facultad., en la determinación de los problemas y de las acciones para superarlos. Es decir, Plan Estratégico debe ser la plasmación de un ejercicio democrático más no burocrático.

3. Recuperar la autonomía del Consejo de Facultad para gobernar y dejar de ser un ente intrascendente. Particularmente, su función fiscalizadora de las instancias académicas y administrativas en la Facultad debe ser efectiva. A nuestro juicio, esta tarea pasa, entre otras acciones, por romper la práctica perniciosa sustentada en la relación miembros del Consejo de Facultad y cargos administrativos. ¿Cuántos miembros del Consejo son o fueron a la vez funcionarios de la Facultad? ¿Qué motivaciones tienen estos para fiscalizar su gestión? Tales consejeros no pueden, de manera imparcial, fiscalizar su propia labor. Lamentablemente, la autonomía del Consejo está afectada por el vetusto hábito de canje de votos por cargos y la consiguiente ausencia de motivación de fiscalización.

4. Instaurar la práctica de la rendición de cuentas en la Facultad como un ejercicio periódico, mediante el cual el decano, los funcionarios y los consejeros informan sobre la gestión que están realizando. Este mecanismo permitirá legitimar la representación de los consejeros y autoridades y consentirá ejercer a los actores de la Facultad su derecho a participar activamente. Estamos persuadidos que la rendición de cuentas contribuirá a la generación de confianza que tanta falta hace. Desterremos el “secretismo” que limita el desarrollo institucional. Igualmente, la rendición de cuentas nos permitirá apreciar la responsabilidad y la transparencia con que los funcionarios ejercen sus atribuciones.

5. Desarrollar evaluaciones de la gestión de la Facultad como una práctica institucionalizada. Para lo cual es preciso enfatizar dos puntos: i) no basta con observar el efecto final de la gestión -evaluación de resultados- sino también los procesos que llevan a esos resultados. Particularmente, la libertad de la que disfrutaron los docentes, como: autonomía, autoestima, participación, derechos, entre otros; ii) en el caso de los ejercicios de evaluación que vienen ensayando algunos distinguidos docentes, tememos que se está confundiendo resultados con recursos: es absolutamente insuficiente evaluar la gestión de la Facultad desde la disponibilidad de computadoras, multimedia, pizarras, libros, etc. dejando en un lugar secundario la formación de estudiantes y la cualificación de docentes en el proceso de generación de conocimientos que contribuyan al desarrollo del país.

6. Finalmente, extendemos nuestros abrazos fraternos a todos nuestros colegas por el aniversario de la creación de la Facultad y por el Día del Economista, a la vez que les invocamos bregar por el consenso para construir institucionalidad.


Ciudad Universitaria, 12 de abril del 2010.

Adolfo Medrano, Javier Espinoza, Jorge Paz, Luis Reyes, Ysacc Ospino, Rogelio Macines, César Díaz, Hugo Rojas, Cornelio Ticse, siguen otros..

Isaac Ospino
(Respetando la redacción)

Colegas


Sin mayores comentarios a lo manifestado por los señores colegas de Estrade, su animo de poder les hace perder la gordura y las buenas costumbres llevandolos al comentario "picon".
Por otro lado se agradece a los profesores que nos vienen haciendo llegar sus propuestas positivas, constructivas de integracion, las mismas que se haran llegar al consejo de facultad con el nombre de sus autores.
Shalom
YSAAC,J.J.M
AMAZONÍA CONFRONTA
AL NEOLIBERALISMO

Stefano Varese
Servindi

A mediados del mes de octubre del año pasado escribí un texto corto sobre los trágico hechos de Bagua y sobre la continua lucha de los pueblos indígenas de la Amazonía y del Perú en defensa de sus tierras, sus recursos y su derecho a la vida. El ensayo fue recogido por Servindi [http://www.servindi.org/] y recibió más difusión de la que yo esperaba, algunas voces de apoyo y también algunos insultos que llegaron directamente a mi correo electrónico universitario. Hace pocos días la editorial Línea Andina me solicitó una contribución adicional a un libro colectivo que están preparando AIDESEP y CONACAMI. Acepto con gusto y humildad la invitación y me siento honrado de poder expresar una cuantas ideas que puedan fomentar el entendimiento entre todos los peruanos, la justicia social, la equidad cultural y la coexistencia pacífica y creativa de todas las expresiones histórico-culturales del país.
El pillaje neoliberal

El gran geógrafo inglés David Harvey ha afirmado que en esta etapa tardía del capitalismo neoliberal y global el proceso de acumulación del capital toma una nueva forma que él denomina “accumulation by dispossession”, es decir acumulación por despojo o acumulación por pillaje. La acumulación por despojo es el motor del neoliberalismo que aspira a mercantilizar todos los elementos de la naturaleza y del mundo e incluso del universo: todos los recursos, tierras, aguas, aire, animales, plantas, minerales, paisajes y sobre todo la gente pueden y deben ser mercantilizados. Es decir, tienen un precio y el capital los puede tomar (no solamente comprarlos) y disponer de ellos para su propio beneficio y ganancia.

Incluso el trastorno –o colapso- de Wall Street puede entenderse como el resultado intencional de la “acumulación por despojo”. Los enganches financieros e hipotecarios aparentemente baratos y finalmente impagables fueron ofrecidos al proletariado doméstico de los Estados Unidos con el pleno conocimiento de los banqueros y prestamistas de que los compradores iban a fallar en sus pagos (por el alevoso aumento astronómico de las tasas de interés) con lo que la institución financiera se podía reapropiar de las casas y también de los primeros meses de pagos hipotecarios de las víctimas de este pillaje. Las trampas financieras y “legales” de estos robos a mano armada del neoliberalismo, en el caso de los Estados Unidos, son invisibilizadas por los aparatos mediáticos que forman parte de los conglomerados financieros y bancarios siempre más monopólicos y en asociación con el gobierno federal de los EEUU. El público general tiene grandes dificultades en entender qué es lo que exactamente ha ocurrido y por qué repentinamente el sistema financiero y de crédito deja de funcionar.

Ocasionalmente, sin embargo, hasta la autocensura de los medios de comunicación en un descuido deja escapar algunos datos de los horrores de este sistema económico y social. En el New York Times del 11 de octubre de 2009 aparece la noticia de que numerosos cadáveres de familiares muertos son abandonados en la morgue y en los hospitales porque la gente no tiene dinero para pagar el entierro o la cremación. Sospecho que ni siquiera en los peores momentos de la Edad Media europea se llegó a estos extremos de miseria y desolación. La muerte de un ser querido se convierte en mercancía para la agencia funeraria (privada) y para el cementerio (casi siempre en subcontrato de la ciudad con agencias privadas). Aquí la acumulación por despojo se quita toda máscara de dignidad hipócrita y anuncia en spots televisivos perfectamente filmados que es indispensable que todo individuo de la tercera edad empiece a pagar en cómodas cuotas mensuales su propio entierro.

He dedicado algunas líneas a comentar estas manifestaciones del neoliberalismo en los mismos EE.UU. porque es a partir de este modelo socioeconómico, de este paradigma ideológico que se nos impone cotidianamente por los medios como salvación que hay que descifrar, analizar, criticar y eventualmente derrotar en sus interpretaciones políticas y empresariales a las élites peruanas en su adopción servil del modelo y en su implementación autoritaria del mismo.
El genocidio enmascarado

Unos de los éxitos más obvios del colonialismo europeo y estadounidense impuesto a los pueblos indígenas de todo el continente desde el siglo XVI, fue la construcción de un discurso ideológico generalizado que logró enmascarar a los ojos del mundo y de la historia el verdadero holocausto de los pueblos originarios de las Américas. Durante los primeros cien años de ocupación militar española el 95 por ciento de los indígenas de América desapareció. La guerra convencional y bacteriológica sumada a la guerra ambiental o ecológica lograron exterminar a los millones de pueblos indígenas que por milenios habían prosperado en el continente y construído sofisticadas y complejas formas de civilización. Los estudios recientes de demografía histórica empiezan a iluminar este período horroroso de la expansión europea y el costo verdadero que la humanidad indígena tuvo que pagar para el crecimiento desmedido de España, Europa y posteriormente Estados Unidos.

Ningún texto de historia y muy pocas escuelas de pensamiento social convencional han llamado a estas masacres masivas de hombres, mujeres, niños y ancianos por su verdadero nombre: genocidio. Si los más de 90 millones de muertos causados por la Segunda Guerra Mundial merecen el trágico nombre de genocidio y los 6 o más millones de judíos aniquilados por el nazismo se recuerdan como víctimas inocentes del holocausto, nada comparable ha sido recordado, escrito, conmemorado para los 300 o más millones de pueblos indios que murieron para enriquecer a las monarquías europeas y a las oligarquías coloniales y neocoloniales. El reiterado silencio de las intelectualidades nacionales sobre este doloroso y sangriento comienzo de la vida de Occidente en América marca la sucesiva sistemática alienación de las sociedades nacionales ante los propios pueblos indígenas que lograron sobrevivir y coexistir con los nuevos amos.

Hacia mediados de los años de 1960 la antropología francesa introdujo el término "etnocidio" para significar las políticas y prácticas de agresión y violencia de los Estados y el sector privado hacia los pueblos indígenas. Los barí de Colombia, cazados como animales por los colonos mestizos, se volvieron el emblema de esta nueva tipología del neocolonialismo. A los barí les siguieron las revelaciones sobre el etnocidio de los guayakí de Paraguay, los ñambikwara de Brasil y otros centenares de grupos indígenas de los que ni siquiera se conocía la existencia afuera de los círculos de la antropología. Lo absurdo de todo este movimiento inicial de la “antropología de rescate” es que no interesaba tanto la vida de los indígenas como el registro y documentación de sus culturas y lenguas en peligro de extinción. No era suficiente que pueblos indígenas enteros fueran diezmados o exterminados para que las comunidades nacionales, los gobiernos y los académicos llamaran las cosas por su verdadero nombre: estábamos asistiendo pasivamente al genocidio de pueblos enteros.

Cualquier diccionario define al genocidio como “la destrucción deliberada y sistemática de un grupo étnico-cultural, político o religioso”. Cómo y con qué métodos se lleve a cabo la destrucción de un grupo humano y cuán numeroso el grupo tiene que ser, no constituyen obstáculos para tipificar el hecho como genocidio. Los pocos centenares de ñambikwara, o los miles de witoto del Amazonas que fueron exterminados por los caucheros peruanos a finales del siglo XIX son tan víctimas de genocidio como los 800.000 tutsi y hutus de Rwanda o los millones de armenios victimados por el Estado turco-otomano.

En 1971 un grupo de antropólogos latinoamericanos se reunió en la isla caribeña de Barbados para debatir la situación de los pueblos indígenas de las tierras bajas de Centro y Sudamérica. La Declaración de Barbados I sobre la violencia sistemática, el despojo y las agresiones armadas a las que los pueblos indígenas estaban sometidos causó algunas reacciones entre los misioneros y los antropólogos y prácticamente ninguna respuesta de los gobiernos latinoamericanos que siguieron ignorando la situación de etno/genocidio que se daba al interior de sus países. Un solo gobierno respondió con rapidez al desafío de estas denuncias. La dictadura militar de Uruguay requisó inmediatamente todos los ejemplares del libro de Barbados I –publicado en español precisamente por una editorial uruguaya- y en la mejor tradición nazi-fascista los mandó a quemar. Se salvó la edición en inglés porque se publicó en Suiza. ¿Cómo interpretar este celo de los censores militares uruguayos? Creo que sin ni siquiera saberlo las dictaduras militares de Sudamérica que desembocaron en Pinochet asumieron para sí el rol de guardianes de la historia oficial de Occidente. Del Occidente cristiano y civilizado, cuyas expresiones más altas de civilización son que ha sabido asimilar e integrar (o eliminar) a los pueblos originarios del continente que vivían en la barbarie y en la oscuridad.

Nadie en nuestros países, y especialmente en Perú, quiere admitir que hay una corriente subterránea permanente de políticas sistemáticas de genocidio de los pueblos indígenas. En 1967 yo mismo denuncié en la revista Amaru (Nº 3, julio-septiembre) que el gobierno de Fernando Belaúnde Terry había mandado aviones de la FAP a bombardear con bombas incendiarias al pueblo matsés del alto Yaquerana. Para llevar adelante esta acción civilizadora el gobierno “democrático” de Belaúnde pidió ayuda a la International Petroleum Company para que sus ingenieros y técnicos estadounidenses enseñaran a los militares peruanos cómo construir bombas incendiarias. Las populares bombas Napalm que los EEUU estaban usando masivamente en Vietnam. Los bombardeos fueron ejecutados por la FAP con la ayuda logística de helicópteros de los EEUU especialmente traidos desde Panamá.

¿Cómo llamar este evento? ¿Con qué hipócritas metáforas esconder esta barbarie? ¿Qué más necesita hacer un gobierno, un Estado nacional y sus empresarios a los pueblos indígenas del Amazonas para que la acusación de genocidio entre a formar parte del léxico legal internacional y los gobiernos culpables de esta políticas sean responsabilizados?

La suma de estas políticas escandalosas de etno/genocidio llegó a repercutir tanto en la opinión pública europea que en 1981 la fundación Bertrand Russell convocó al IV Tribunal Internacional Bertrand Russell sobre los Derechos Humanos de los Pueblos Indígenas. El Tribunal y su jurado internacional reunidos en Rotterdam (Holanda) escucharon y revisaron una muestra de más de mil casos de formas deliberadas y sistemáticas de etno/genocidio cometidos contra de los pueblos indígenas de América por los gobiernos y las empresas privadas. La condena moral del Tribunal Russell si bien no causó molestia alguna a los gobiernos por lo menos sirvió para ampliar la conciencia en un sector ilustrado de la opinión pública latinoamericana y fue capitalizada por algunas de las organizaciones indígenas y sus miembros.

Sin embargo la fuerza ideológica y mediática de los sucesivos gobiernos, el apoyo que reciben del poder imperial, tanto en armamentos como en sustentos ideológicos, logran mantener invisibles a las varias modalidades de agresiones y violencias sistemáticas en contra de los pueblos y comunidades indígenas. Desde las matanzas a cargo de la policía y el ejército que ocurren en la selva central en los años 1964-65, luego en el Madre de Dios, pasando por las masacres del senderismo/tupamarismo y del ejército en la década trágica para desembocar en los miles de refugiados ashanínka, nomatsiguenga y otros pueblos amazónicos obligados a abandonar sus territorios y exilarse en la pobreza más absoluta, la historia reciente de la Amazonía manifiesta de manera inequívoca e irrebatible la estructura política genocida del Estado peruano en relación con los pueblos indígenas de la selva. Hay una sola excepción a esta estructura política genocida, y como excepción confirma precisamente la norma, se trata del período de pocos años de la revolución velasquista que ofreció respiro político y legalidad a los pueblos y organizaciones indígenas de la Amazonía para su adecuación a las nuevas embestidas del mercado neoliberal.
Economía política del genocidio

Cabe preguntarse ¿Por qué el velasquismo fue una excepción? ¿Cómo explicarse que aun dentro del marco “revolucionario” y popular del velasquismo la expansión a fierro y fuego en pueblos y tierras amazónicas disminuyó e incluso hubo logros en la consolidación de medidas legislativas de apoyo a los reclamos territoriales indígenas? La explicación de esta aparente contradicción hay que buscarla en el desfase estructural de la economía peruana de las décadas de los 60 y 70 en relación con las reformas de la economía liberal que se estaban produciendo en los EEUU e Inglaterra y que culminaron con la consolidación de la Escuela de Economía de Chicago que dio nuevo impulso a la economía neoclásica con el nombre y el programa del neoliberalismo.

En síntesis, esta nueva versión de la economía burguesa proponía la no intervención del gobierno y el Estado en el mercado –éste se ajusta por sí solo a los vaivenes de la producción-circulación-consumo-; el rol tradicional del Estado como regulador de las disfuncionalidades y desigualdades socioeconómicas tiene que ser eliminado; no más estado de bienestar social, sino dejar que la ley de la competencia y eficiencia se convierta en el ente regulador del mercado. Margaret Thatcher en Inglaterra y Ronald Reagan en EEUU fueron los abanderados de esta versión radicalizada –y hasta extremista- de la economía liberal. El Perú de los 70 pasó impunemente por estas reformas neoliberales mientras en Chile la dictadura militar las implementó a punta de bayoneta, desaparecidos y torturas logrando efectivamente enriquecer de manera vergonzosa a su oligarquía y empobrecer a trabajadores, campesinos y mapuches que fueron desposeídos de todos sus recursos. En el Perú del velasquismo, en cambio, una parte importante de la dirigencia política y una pequeña cúpula militar creía –aun sin decirlo demasiado en voz alta- en la ruta de una socialdemocracia adaptada a las necesidades del país y sus pueblos. Y sobre todo en un Estado con poderes reguladores y una ética de justicia social. Como se sabe, a partir del golpe de Morales Bermúdez el evangelio neoliberal volvió a tomar el control del Estado y de los gobiernos sin lograr del todo la cancelación total de las reformas estructurales que había establecido el velasquismo.
Acumulación por despojo y etno/genocidio

¿Qué tiene que ver todo esto con los pueblos indígenas de la Amazonía? Es aquí donde hay que retomar la propuesta analítica de David Harvey y su tesis de que en esta fase del capitalismo neoliberal global el proceso de acumulación del capital se da a partir del despojo o del pillaje de recursos, fuerza de trabajo y hasta dinero que están todavía bajo relativo control de algunas clases, grupos o, como en el caso de la Amazonía, de las nacionalidades/etnias indígenas. La misma historia de la expansión nacional de las fronteras agroforestales y ahora minero/petroleras explica por qué el despojo se tiene que dar en los territorios de los pueblos indígenas. ¿Adónde más puede el capital hacer pillaje y saqueo? ¿Adónde están todavía los bosques, las aguas, la riqueza biótica, los minerales, y desafortunadamente el petróleo sino en la Amazonía indígena? Este Perú de los territorios indígenas, que el Perú oficial, el Perú de la oligarquía en el poder, el Perú de las corporaciones transnacionales, de los mal llamados acuerdos o tratados de libre comercio considera como “colonias internas” que se pueden invadir, ocupar militarmente, someter, conquistar, saquear. No nos olvidemos que fue Belaúnde quien acuñó la frase digna de Pizarro: “La conquista del Perú por los peruanos” y que ahora este concepto de imperialismo barato ha sufrido la metamorfosis del “perro del hortelano” en un alarde presidencial de “profundo análisis histórico social”.

Hay necesidad de disfrazar el despojo y las consiguientes muertes por inanición de los pueblos saqueados con un aparataje legalista que pueda ser digerido por la opinión pública urbana y por las entidades financieras multilaterales. En esto la postdemocracia peruana ha avanzado mucho a partir de las enseñanzas y de las prácticas políticas de los EEUU. Todo robo, todo saqueo, toda ocupación territorial, toda incautación de bienes y finalmente toda violencia armada tiene que estar respaldada por una o más leyes. No hace falta remontarse a Marx para darse cuenta de que las leyes –incluso las que aprueban a carpetazo los congresistas diligentemente elegidos por el pueblo- constituyen simplemente el plan programático para ejecutar el robo con una apariencia de civilización. Es decir, que es importante para los gobernantes del neoliberalismo guardar un cierto estilo de conducta pública que los distancie de los narcotraficantes y del estereotipo del dictador de las república bananeras. Sin embargo los resultados son los mismos: los pueblos indígenas son depredados de tierras que han ocupado por milenios y recursos con los que han convivido de manera productiva y reproductiva desde tiempos inmemoriales. ¿Quiénes han domesticado la totalidad de las plantas comestibles y de uso de la Amazonía andina y de la selva baja? ¿Quiénes han creado y recreado el paisaje civilizado del bosque amazónico que durante milenios fue capaz de sustentar la vida de millones –no miles, sino millones- de personas? No fueron ciertamente los europeos ni los ciudadanos criollos de la republica oligárquica decimonónica y contemporánea expertos sólo en la devastación del bosque, en la depredación de los animales, en la contaminación de las aguas y en el ultraje permanente de los pueblos amazónicos.

La acumulación por despojo está siendo impuesta por el gobierno de Alan García y demás agentes de la oligarquía financiero-empresarial como modo económico extractivo dominante en la Amazonía. Las víctimas de este antiguo y renovado sistema de rapiña no son solamente los pueblos indígenas, los ribereños y los colonos pobres, sino toda la densa red de relaciones biótico-sociales que permiten la renovación de los recursos y enriquecen el paisaje en su diversidad productiva y su capacidad regenerativa. Al final de este modo criminal de extracción y acumulación sólo quedan desiertos, sabanas improductivas, pueblos enteros desaparecidos o demasiado debilitados para reconstituirse como agentes de su propia historia. Incluso una lectura superficial de la historia biótico-cultural de la Amazonía nos da los claros indicios de que éstos serán los resultados finales del saqueo. La trágica ironía de estas empresas de la economía liberal-burguesa es que la acumulación escandalosa de riqueza en pocas manos nacionales y transnacionales termina esfumándose en un mundo financiero y bancario especulativo fundamentalmente corrupto que reinvierte de manera incestuosa las ganancias en su propia reproducción de clase sin dejar que nada de esta riqueza se redistribuya ni siquiera parcialmente hacia abajo, hacia los pueblos saqueados o hacia proyectos productivos con objetivos morales de justicia social.
¿Qué hacer?

Desde los años 70 los pueblos indígenas de la Amazonía -las comunidades nativas- han irrumpido de manera incontenible en el escenario social, político y cultural nacional. Los pueblos indígenas de la Amazonía han entrado de lleno al Perú adormecido y embaucado por el consumismo de baratijas, por la desesperanza, por el desengaño cíclico de los partidos, y por la inequívoca certeza de que el sistema todo es corrupto e irremplazable. Los pueblos indígenas amazónicos organizados son un testimonio permanente de que ellos también son parte del Perú martirizado por los horrores de la amarga, mentecata e inútil década de violencia. Creo que la gran y monumental enseñanza que los pueblos indígenas de la Amazonía nos están dando es que se organizan y reorganizan, prescinden de los partidos, no se dejan seducir por ideologías y prácticas políticas generadas al exterior de sus trayectorias histórico-culturales y menos se han dejado embaucar por la retórica del desarrollismo y modernización que durante varias décadas han sido el disfraz del proyecto del capitalismo global.
Mientras la clase obrera está siendo dividida y desarticulada por un modelo de producción industrial (e incluso minera) fragmentado que obstaculiza las formas tradicionales de lucha sindical; mientras el desempleo y subempleo urbano aumentan vertiginosamente; y mientras el campesinado indígena y mestizo ha sido arrinconado a modalidades productivas poco rentables en un mercado competitivo de desventaja frente a las agroindustrias de alta tecnología y concentración de capital; los pueblos indígenas de la Amazonía, en cambio, han logrado mantener un cierto grado de autonomía y desvinculación del mercado capitalista apoyándose en la reconstitución y reforzamiento de sus economías sociales (las economías mixtas de subsistencia).

Es obvio que la pobreza sigue subsistiendo y que se acentúa en aquellas regiones donde la pérdida de recursos y la destrucción ambiental ponen a la comunidad en la disyuntiva de vender su fuerza de trabajo a las empresas extractivas o migrar de manera circular a otras zonas. Pero es así mismo claro que las comunidades nativas en gran parte han sabido evitar la disolución de la entidad étnico/comunal por abandono y desidia tendiendo a reconstituirse social y culturalmente incluso en condiciones muy desfavorables. Es el caso de las comunidades asháninkas del Ene martirizadas, deportadas y desplazadas por el senderismo y el ejército en una guerra de aniquilación étnica implementada con igual crueldad e idiotez por los dos bandos. Es imposible no ver en el caso de la espantosa violencia en contra de los asháninka del Ene la intención genocida de esas dos versiones fundamentalistas de un mismo proyecto nacionalista de “asimilación por exterminio”. Y a pesar de todo los asháninka viven, crecen, se adaptan, se organizan y nos dan lecciones de esperanzas.

No hay fórmulas políticas ni recetas culturales para compartir con los pueblos indígenas que se enfrentan a renovadas formas de opresión y violencia de Estado, a las políticas genocidas ocultas debajo de la retórica de la modernización y el desarrollo. Y si las hubiera serían fruto de la misma experiencia histórica de cada pueblo oprimido. Nosotros (yo) somos testigos, la mayoría de las veces lejanos y ausentes, que compartimos los sufrimientos y la rabia de los pueblos amazónicos e intentamos desenmarañar los engaños, las trampas, y el proyecto delincuente de esta vieja y nueva empresa colonialista llamada desarrollo y modernidad. La resistencia de los indígenas a la opresión y al exterminio sutil o abierto organizado por el Estado y sus amos nacionales o transnacionales tiene una larga historia que se remonta al siglo XVI. Poco hay que enseñarles a los awajún, por ejemplo, que ya en el siglo XVII expulsaron a los españoles de sus territorios o a los asháninka que cerraron las entradas a la selva central a los españoles y peruanos desde 1742 hasta 1848. Qué se le puede ofrecer en el campo de la organización etno-política a los yanesha que empezaron a organizarse para le defensa de sus tierras en 1967. Lo único que nosotros (yo) en solidaridad les ofrecería es el relato de sus historias de autonomía y resistencia, el compendio de siglos de oposición a ser sometidos, la memoria profunda de sus proyectos sociales y culturales utópicos que algunos de nosotros, fuereños indiscretos, llegamos a vislumbrar y comprender al calor de su hospitalidad.
Stéfano Varese es Antropólogo, catedrático en el Departamento de Estudios Indígenas (Native American Studies) en la Universidad de California, Davis.

Por qué y cómo debemos combatir el plagio


En la campaña contra el plagio en la que está empeñada, la Universidad Católica del Perú, a través de su Vicerectorado Académico preparó el documento que publicamos a continuación por considerarlo de importancia para nuestro trabajo académico.
1. Descripción de plagio

Todos debemos evitar y combatir el plagio, porque es equivalente a negarnos a
pensar por nosotros mismos; porque esa es una actitud que retrasa el progreso del
conocimiento de la Humanidad; porque, con ello, se niega la esencia misma del
trabajo universitario; y porque es profundamente inmoral.

Puede haber distintas definiciones de plagio. Desde el punto de vista del trabajo
universitario, podemos definirlo así: el plagio consiste en hacer pasar como
nuestras ideas o textos que pensaron otros y que nos fueron transmitidos por ellos,
bien por escrito, bien oralmente o por algún otro mecanismo de comunicación. El
plagio se consuma en dos circunstancias: cuando usamos las ideas textuales de
otro y no las colocamos entre comillas o cuando no damos a quien nos lee o nos
escucha la indicación suficiente como para que sepa de qué autor, libro, documento
o circunstancia fue tomada la idea ajena.

Para ser completamente claros: se plagia cuando una idea textual de otro es
reproducida por nosotros sin ponerla entre comillas o sin hacer la referencia al lugar
o circunstancia de la cual fue extraída. Son, por tanto, dos requisitos cuando se
trata de una idea textualmente utilizada. Basta que falte uno de ellos (las comillas o
la referencia) para que se produzca el plagio.

Si hemos tomado las ideas de otro, pero no las citamos textualmente (por ejemplo,
porque hacemos un resumen o porque solo usamos su forma de pensar), no
debemos utilizar comillas, pero sí debemos hacer siempre la referencia. Si no
actuamos así, se consuma el plagio.

Hay que poner comillas y hacer referencias cada vez que usamos ideas de otra
persona. Si, en un trabajo, usamos las ideas de alguien más de una vez, tenemos
que hacer la referencia en cada oportunidad y debemos poner comillas en cada cita
textual.

Se comete plagio en el trabajo universitario no solo cuando se toma como propias
ideas escritas de otros. También es plagio tomar como propias ideas dichas
verbalmente por otros (en una conferencia o una clase, por ejemplo) sin hacer
referencia a dicha circunstancia.

También se comete plagio cuando, en una exposición oral, usamos ideas de otro y
no lo decimos. En ese caso, no habrá que hacer una referencia detallada, pero,
cuando menos, será preciso decir el nombre del autor de quien hemos oído o leído
la idea.

El plagio también incluye las ideas expresadas gráficamente (fotografías, películas,
cuadros, caricaturas) o en obras escultóricas o en obras musicales. Siempre que
usamos una idea de otro como nuestra, cometeremos plagio.
El plagio no depende de las intenciones del que toma ideas de otro, sino de un
hecho objetivo: se puede plagiar, aunque no se quiera hacerlo. Se puede plagiar,
simplemente, por tener poca atención o poco cuidado.

Cada vez se ven más casos en los que los alumnos mandan hacer el
mecanografiado de los trabajos en lugares en los que se ofrece ese servicio. El
alumno debe saber que es responsable de lo que se haya escrito en nombre de él.
Por tanto, es altamente recomendable que sean los propios alumnos quienes hagan
la versión final o, en todo caso, que revisen cuidadosamente los trabajos cuyo
mecanografiado hayan encargado.

2. Razones por las que el plagio es condenable y, en consecuencia, es
sancionado por la Universidad

Existen, esencialmente, cuatro razones para condenar el plagio en el campo
específico del trabajo universitario, que es aquel del cual tratamos aquí.
La primera consiste en que el plagio es equivalente a negarnos a pensar. En efecto,
cuando hacemos un trabajo escrito o una exposición oral y utilizamos como propias
las ideas de otros, estamos utilizando lo que otros pensaron para no tener que
pensar nosotros mismos. La Universidad es un recinto académico dentro del cual la
tarea principal es pensar. Si plagiamos, negamos el trabajo fundamental que
debemos hacer. Estamos haciendo algo contradictorio con la esencia de la
Universidad y estamos degradando la calidad que buscan los demás profesores y
alumnos. En otras palabras, estamos traicionando el esfuerzo de la comunidad
universitaria como un todo.

La segunda consiste en lo siguiente: si cuando plagio no pienso, retraso el progreso
del conocimiento de la Humanidad, porque, a pesar de que tengo la posibilidad de
hacer un trabajo creativo en la Universidad (oportunidad que pocos tienen en la
vida), no cumplo con esa responsabilidad.

Desde luego, podemos suponer que sería una presunción soberbia de nuestra parte
creer que nuestras ideas harán avanzar a la Humanidad. Pero ese no es el enfoque
correcto. Lo que debemos tener en cuenta es que, si la vida nos dio la oportunidad
de ser universitarios, entonces, tenemos el deber correspondiente de hacer nuestro
mayor esfuerzo de pensar en beneficio de la Humanidad, logremos grandes
resultados o no. Es un deber y tenemos que exigírnoslo.

En tercer lugar, hay que tener en cuenta que la verdadera razón de ser de una
Universidad es pensar para hacer progresar el conocimiento. Esta es una
responsabilidad de profesores y estudiantes. Si plagiamos para no hacer el esfuerzo
de pensar, estamos negándonos a hacer el trabajo propio de la Universidad y, como
esta somos las personas que la conformamos, en realidad, la estamos haciendo
menos buena de lo que debe ser.

Finalmente, un aspecto fundamental es considerar que, en el plagio, hay un
comportamiento contrario a la ética, tanto porque incumplimos el deber de trabajar
como universitarios como porque, al tomar las ideas de otros y hacerlas pasar por
nuestras, se las estamos robando. El plagio, según esto, es una forma de hurto.
Conlleva intención de mentir, de ocultar, de fingir. Ningún plagio es excusable,
permitido o tolerable. Lo ético es cumplir bien nuestros deberes y reconocer a cada
uno lo que es suyo, especialmente si es su creación. Al mismo tiempo, al presentar
un trabajo ajeno como propio, estamos distorsionando la evaluación que
corresponde hacer a los profesores.
3. Cómo debemos citar

En el cómo citar, hay dos aspectos diferentes: cómo trato la cita en el texto de mi
trabajo y cómo hago la referencia a la fuente de la cual obtuve la idea.
3.1. Cómo tratar la cita en el texto
Cada vez que uso un texto con ideas elaboradas por otra persona, lo debo
encerrar en comillas, no importando cuán extenso sea.
No es ético cambiar las palabras del texto de otro para hacerlo pasar como
mío. Son tan importantes las ideas que expresó el autor como las palabras
que utilizó. Siempre que se pueda, hay que citar el texto de la otra
persona entre comillas. A esto se llama cita textual.
A veces, sin embargo, puede parecernos útil hacer el resumen de cómo
trata un tema entero un determinado autor o podemos usar su método de
desarrollo de las ideas, un procedimiento especial de pensamiento o una
fórmula inventada por otro.
En ese caso, no tiene sentido hacer una inmensa cita textual. A veces,
inclusive, ello no será posible.
En estas circunstancias, estaremos haciendo lo que se denomina una cita
ideográfica. Deberemos hacer mención a que estamos tomando ideas de
otra persona y que tal uso se extiende en las páginas en que ello ocurra:
puede ser media página o todo un capítulo. En definitiva, debemos decir la
verdad sobre el uso de las ideas ajenas con la mejor descripción posible de
su extensión.
3.2. La referencia a la fuente
Tanto al realizar citas textuales como al hacer citas ideográficas, debemos
hacer una referencia a la fuente de la que las ideas fueron extraídas: un
libro, un artículo de revista, un documento, una página de Internet, una
conversación, etc.
El verdadero secreto para hacer una referencia a la fuente de manera que
se evite el plagio es tratar de que quien nos lea pueda llegar a la fuente
que utilizamos mediante la descripción que le hagamos de ella.
Para citar un libro o una revista, hay modelos clásicos de fichas de
referencia que pueden ser utilizados (nos referimos a ellos a continuación).
Sin embargo, cuando citamos un documento, nada sustituirá nuestro
ingenio para describirlo y, para ello, deberemos consignar las
características que mejor puedan identificarlo: el papel, las letras, la fecha,
las firmas, los sellos o las primeras palabras de su texto cuando no hay
autor o título.
La cita de un libro debe ser hecha con los siguientes contenidos mínimos:
• Nombre y apellidos del autor
• Titulo de la obra
• Pie de imprenta que contiene el lugar donde el libro fue producido
(normalmente, una ciudad), la fecha de la edición y el nombre del
editor o, a falta de este, el de la imprenta en la que se imprimió el
trabajo. Normalmente, en un libro, encontramos todos estos
elementos con rapidez. Si no los hay (a veces ocurre), debemos
consignar en la referencia cuáles faltan.
Si se trata de un artículo de revista:
• Nombre y apellidos del autor
• Título del artículo
• Revista en la que se halla, para lo cual hay que indicar el nombre
de ella, quién la edita, lugar, fecha y número de edición. Si falta
alguno de estos elementos, hay que decirlo en la cita.
• Las ideas extraídas de Internet deben ser referidas con la dirección
correspondiente, la fecha de la cita (porque los contenidos de
Internet cambian con el tiempo) y, dado el caso, con el
procedimiento por seguir dentro del sitio de la web si es complicado
de realizar. Siempre que se pueda, se debe consignar el nombre del
autor, el título del documento citado y los elementos del pie de
imprenta que se hayan hecho explícitos en la publicación.
4. Bibliografía de referencia
Existen varias obras especializadas que tratan con detalle todo lo relativo a citas y
referencias. A continuación, se presenta una lista de ellas:
CARRILLO, Francisco.
Cómo hacer la tesis y el trabajo de investigación universitario.
Lima, Editorial Horizonte, 1988.
Código de la Biblioteca Central: LB 2395 C26 1988.
DEL BUSTO DUTHURBURU, José Antonio.
La tesis universitaria.
Lima, Librería Studium S.A., 1988.
Código de la Biblioteca Central: LB 2369 B96 1988.
HARVEY, Gordon.
Cómo se citan las fuentes.
España, Nuer Ediciones, 2001.
Código de la Biblioteca Central (tiene dos códigos): PE 1478 H22 HUM 111
H22
HERNÁNDEZ DÍAZ, Fabio.
Métodos y técnicas de estudio en la Universidad.
Colombia, McGraw-Hill, 1988 (también hay edición de 1993).
Código de la Biblioteca Central: LB 1049 H41
QUESADA HERRERA, José.
Redacción y presentación del trabajo intelectual.
Madrid, Paraninfo S.A., 1987.
Código de la Biblioteca Central: LB 2369 Q3
RAMOS NÚÑEZ, Carlos.
Cómo hacer una tesis de Derecho y no envejecer en el intento.
Lima, Gaceta Jurídica, 2002.
Código de la Biblioteca Central: 341.4 R21 2002
RODRÍGUEZ SOSA, Miguel A. RODRÍGUEZ RIVAS, Miguel A.
Teoría y diseño de la investigación científica.
Lima, Ediciones Atusparia, 1988.
Código de la Biblioteca Central: LB 2369 R74
TAPIA FERNÁNDEZ, Abel.
La investigación científica.
Arequipa, Universidad Católica de Santa María, 2000.
Código de la Biblioteca Central: no registrado.
ZUBIZARRETA, Armando F.
La aventura del trabajo intelectual.
México, Sistemas Técnicos de Edición S.A. de C.V., 1986.
Código de la Biblioteca Central (tiene dos códigos): LB 2395 Z86 1986
HUM 111 Z86
Puede consultarse también la Norma ISO 690 para referencias bibliográficas y la
Norma ISO 690-2 para referencias a documentos informáticos.