domingo, 25 de enero de 2009

UNIVERSIDAD Y
LEGADO COLONIAL
Daniel Mato
Las universidades latinoamericanas y su legado colonial Los noventa años de la Reforma Universitaria de Córdoba, nos imponen la necesidad y la oportunidad histórica de actualizar uno de sus postulados centrales. Me refiero particularmente al desafío que los reformistas formularon cuando anunciaron su pretensión de romper con la "dominación monárquica", en términos de lo que entonces se enunciaba como estar "viviendo una hora americana".
En 2008, esta propuesta podemos formularla más claramente como criticar y superar el "legado colonial" que viven nuestros países y también nuestras instituciones universitarias. Para evitar equívocos apunto explícitamente que no se trata de negar el pasado, ni de "retornar" románticamente a otro momento de la historia, sino de criticar y superar el racismo y la incapacidad de reconocernos como sociedades pluriculturales, la hegemonía de representaciones de la modernidad eurocéntrica y sus instituciones como referentes que aspiramos alcanzar.
Lo que en 1918 aparentemente no era siquiera pensable y menos aún susceptible de ser incluido en un programa de acción, hoy, es inexcusablemente imperativo: las universidades deben valorar la diversidad cultural y promover relaciones interculturales equitativas y mutuamente respetuosas, tanto en su seno como en la sociedad. No es suficiente con que las universidades incluyan personas indígenas y afrodescendientes (como estudiantes, docentes y funcionarios) dentro de su vieja institucionalidad, la cual es expresión viva del legado colonial.
Independientemente de su insuficiencia y problemas propios, la meta antes mencionada constituye una aspiración y una demanda de numerosas personas indígenas y afrodescendientes que encuentran obstáculos para acceder a las universidades y/o para graduarse. Pero no es suficiente con ella. Para superar el legado colonial, las universidades deben reformarse a si mismas para ser más pertinentes con la diversidad cultural propia de la historia y el presente de las sociedades de las que forman parte.
Deben incluir las visiones de mundo, saberes, lenguas, modos de aprendizaje, modos de producción de conocimientos, sistemas de valores, necesidades y demandas de pueblos y comunidades indígenas y afrodescendientes, así como, según los países, de otros grupos culturalmente diferenciados. Este ha sido, desde hace varias décadas, la demanda de numerosas expresiones y dirigentes de los movimientos indígenas y afrodescendientes de América Latina.
También lo ha sido de diversos y numerosos sectores sociales e intelectuales que sin ser ni indígenas ni afrodescendientes comprendemos que no sólo no es ético sostener modelos societarios y educativos que en la práctica excluyen a amplios sectores de población, sino que además entendemos que para las respectivas sociedades nacionales no es ni política, ni social, ni económicamente viable privarse de las importantes contribuciones de esas vertientes particulares, de su historia y de su presente.
No se trata sólo de sumar como individuos indiferenciados, sino colectivos con sus lenguas, visiones de mundo, saberes, valores y proyectos societarios. La valoración de la diversidad cultural y el desarrollo de relaciones interculturales equitativas y mutuamente respetuosas pueden ser recursos provechosos para mejorar la calidad de vida y el desarrollo humano sostenible de nuestras sociedades. Es curioso, pero algunas dirigencias universitarias parecen no acabar de valorar algo que ya ha sido comprendido y está siendo económicamente explotado por laboratorios farmacéuticos, agroindustrias y otras corporaciones transnacionales: los conocimientos tradicionales de esos pueblos.
No se trata de "hacerles un favor a los pobrecitos excluidos", se trata de hacernos un favor a todas/os nosotras/os, de reconocernos como ciudadanas/os de sociedades y Estados pluriculturales y plurilingües. Se trata de no vivir ignorando componentes y aspectos de nuestras propias sociedades para poder desarrollar nuestras sociedades acorde con nuestras peculiaridades y no, todavía hoy, como deslucidos reflejos de las sociedades europeas. En esto, las universidades y, más en general, la educación superior, tienen un papel importante que cumplir, no sólo como instituciones productoras de conocimiento, sino también como instituciones formadoras de cuadros técnicos, profesionales, dirigentes, críticos.
Noventa años después de la Reforma Universitaria de 1918, las universidades deben valorar la diversidad cultural y promover relaciones interculturales equitativas y mutuamente respetuosas. Un desafío que actualiza y reformula democráticamente los postulados de un movimiento que se propuso luchar contra la opresión y toda forma de tiranía.
Daniel Mato (Profesor de la Universidad Central de Venezuela) (Fragmento del capítulo "Actualizar los postulados de la Reforma Universitaria de 1918: las universidades deben valorar la diversidad cultural y promover relaciones interculturales equitativas y mutuamente respetuosas")
Le Monde diplomatique
4-11-08

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