domingo, 31 de enero de 2010

CANTAR VICTORIA
ES EL PEOR RIESGO
Michael Porter *
El hecho de que el Perú haya mejorado su rendimiento económico resulta indiscutible y alentador. Con la implementación de sólidas políticas macroeconómicas, el país ha dado grandes pasos durante la década pasada hacia la superación de su larga historia de inestabilidad económica. Esto le ha permitido capear la crisis global actual y convertir su economía en una de las más resistentes del hemisferio occidental en los últimos años.

Sería fácil declarar que el Perú es un éxito económico; sin embargo, cantar victoria puede convertirse en el mayor riesgo de cara al país y sus líderes. De ningún modo se puede asegurar que se mantendrán las tasas de crecimiento obtenidas recientemente, ello ni siquiera es probable. Si bien el “boom” de los “commodities” ha llevado a un crecimiento en el corto plazo, la prosperidad por ciudadano se mantiene a niveles bajos, el desempleo persiste a pesar del rápido crecimiento, y cerca del 60% de la población rural vive por debajo de la línea de pobreza.

La recuperación de precios de los “commodities” desde su desplome ocurrido en el 2008 es ciertamente bienvenida, pero el verdadero trabajo para crear un futuro auspicioso para el Perú recién ha comenzado. El país debe mejorar sustancialmente su competitividad o la economía no tendrá un crecimiento sostenido, no generará empleos, ni mejorará el nivel de vida de la población. Si se continúa dependiendo de los “commodities” como impulsadores de la economía, se acabará en un callejón sin salida. El Perú debe, en lugar de ello, adoptar una estrategia económica y social integral para lograr transformar la economía, basándose en las ventajas únicas del país.

PROGRESO ECONÓMICO
Ninguna economía nacional puede avanzar sin estabilidad macroeconómica, la cual crea condiciones de inversión tanto para empresas nacionales como para inversionistas extranjeros. El Perú ha progresado bastante en su gestión macroeconómica, incluyendo un fuerte compromiso para reducir la deuda pública, lograr el equilibrio presupuestal y crear un fondo de estabilización. Asimismo, el país ha liderado a la región en la apertura de la economía hacia el comercio y la inversión extranjera y en la protección de inversionistas. Según el Banco Mundial, el Perú es el primer país latinoamericano en protección de inversión extranjera, lo cual ha generado un significativo incremento de flujos de capital en la economía, que han superado los US$6 mil millones tan solo en el año 2009.

La estabilidad macroeconómica del Perú sigue siendo excesivamente dependiente de los “commodities”; de hecho, un tercio del ingreso fiscal proviene de fuentes relacionadas con estos.

El país ha logrado además importantes progresos en ciertas áreas del ámbito empresarial, particularmente con relación a la solidez de sus bancos y mercados financieros, la protección de los derechos civiles, la libertad empresarial y la propiedad privada. Asimismo, ha realizado algunas mejoras de infraestructura, incluyendo la Carretera Interoceánica, cuyo fin es aumentar el volumen de comercio entre el Perú, Brasil occidental y el norte de Bolivia. Una emergente clase media está cada vez más consciente de la calidad de los productos y demanda altos estándares en términos de servicios.

RETOS MÁS PROFUNDOS
A pesar de este progreso, el país sigue siendo muy poco competitivo en muchos campos, lo cual limitará seriamente su capacidad para continuar creciendo económicamente y, especialmente, de mejorar el nivel de vida de su población.

Las compañías peruanas tienen que asumir costos extremadamente altos para hacer negocios, desde lidiar con un sistema impositivo ineficiente y con la dificultad de hacer cumplir los contratos hasta enfrentar retos para contratar a sus trabajadores. La carga impositiva y las regulaciones laborales, por ejemplo, se encuentran entre las más pesadas del mundo: el país figura en los puestos 135 y 158, respectivamente, según la medición de la publicación “Doing Business” del Banco Mundial.

Si bien se ha logrado cierto progreso, los negocios peruanos se encuentran atados de pies y manos por la baja calidad de la infraestructura física (aire, tierra y mar), así como por un inadecuado suministro de electricidad y agua. El Gobierno del Perú necesita invertir una mayor proporción de su PBI en infraestructura pública, como también debería alentar al sector privado para que tenga una mayor participación en temas de infraestructura. El Perú sufre además de servicios públicos de baja calidad y de falta de independencia en el Gobierno.

El sistema educativo está quebrado. Sin una educación y sin un sistema de capacitación de mano de obra eficientes, los peruanos jamás serán capaces de lograr mejores salarios. En regiones pobres lidiar con la falta de educación, salud y nutrición resulta especialmente urgente si se quiere reducir las disparidades en el desarrollo humano y crear oportunidades económicas equitativas para todos los grupos socioeconómicos. Además de las debilidades relacionadas al capital humano, se invierte de manera insuficiente en ciencia y tecnología.

La corrupción sigue significando una importante desventaja para los negocios. Resulta esencial enfrentar la perversa corrupción en todos los niveles de gobierno si se aspira a un crecimiento empresarial más allá de la minería; asimismo, se debe contar con una eficiente inversión del capital de la nación y un gobierno eficaz. Igualmente importante resulta proteger de manera decidida los derechos de propiedad (tanto física como intelectual), algo esencial para impulsar la inversión y la innovación. La estabilidad política del país se ve desafiada por el crimen organizado en la forma del tráfico de drogas y por el predominio de la delincuencia común.

Las iniciativas de desarrollo a nivel sectorial deberán tener un rol protagónico en la política económica del país con el fin de fomentar ese nuevo desarrollo económico que se necesita de manera tan urgente. En lugar de escoger ganadores, el sector empresarial y el Gobierno deben colaborar para ayudar a crecer a todas las industrias existentes y emergentes en el Perú, a través de regulaciones menos engorrosas, mejorando sus capacidades e impulsando su internacionalización.

Cada región del Perú necesita una estrategia clara para construir una economía propia y única basada en las fortalezas locales. La descentralización y una mayor responsabilidad en el ámbito local son el camino correcto para enfrentar las inequidades sociales y económicas entre la sierra y la costa. Optimizar los vínculos físicos a lo largo del país mejorando la infraestructura logística entre las diferentes regiones y elevar la capacidad de planeamiento, diseño e implementación de políticas de desarrollo por parte de los gobiernos locales son pasos esenciales dentro de este proceso.

El Perú necesita fomentar relaciones más cercanas con sus vecinos para coordinar políticas de desarrollo económico más allá de sus fronteras. En una región que se consume en debates ideológicos sobre los beneficios de la integración internacional, el Perú está posicionado para convertirse en el trampolín de todas aquellas empresas sudamericanas que deseen acceder a los mercados norteamericanos y asiáticos. Por lo tanto, debe continuar con su agenda de liberalización comercial, pero entendiendo que los acuerdos de libre comercio por sí solos no hacen que un país sea competitivo. Los acuerdos de libre comercio generan oportunidades para que las compañías productivas logren acceder a otros mercados y para que las empresas extranjeras inviertan en el país, pero esto solo ocurrirá si el Perú puede ofrecer un ambiente competitivo para los negocios.

ESTRATEGIA ECONÓMICA
En estos tiempos de transición económica, la prioridad nacional para el Perú es crear e implementar una estrategia económica nacional. La nación no puede resolver todos sus retos de competitividad de inmediato, pero debería crear una agenda estratégica priorizada para la próxima década, que sea entendida por todas las partes de la sociedad y en relación con la cual se pueda medir el progreso.

Una estrategia económica para el Perú debería basarse en las fortalezas únicas del país, mientras enfrenta las dificultades que limitan su productividad. La nación no debe imitar las políticas de otros países, sino crear su propio camino a seguir.

El Perú es un país de gran potencial, pero se necesitará una nueva relación entre los sectores público y privado para poder cumplir con esta promesa. La tarea del Gobierno es generar un entorno empresarial en el cual el sector privado pueda competir y prosperar. La comunidad empresarial, por su parte, deberá asumir un rol mucho más importante, dirigiendo y apoyando la mejora de la competitividad; la misma tarea tienen los sindicatos y universidades.

La única forma de crear un futuro más promisorio para todos los peruanos consiste en elevar la competitividad del Perú. Con estabilidad, ímpetu y una creciente confianza en sí mismo, este es el momento para que el Perú enfrente el reto de la competitividad.
Catedrático de Harvard Business School


El Comercio/31-01-10

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