lunes, 8 de diciembre de 2008

LA SONRISA
DE KEYNES

Aureliano Rodriguez
Esta semana se vio pasear por la City de Londres y por Wall Street a una enigmática figura con aspecto británico de entreguerras. El primer barón de Keynes no hablaba con los pálidos transeúntes, pero sin fijar la mirada en ninguno por mor de la buena educación, a todos regalaba una sonrisa irónica, a la vez compasiva y un punto reprensiva...

John Maynard Keynes (1883-1946), de no haber sido el economista que fue, y no haber intervenido de forma importantísima en los acontecimientos mundiales en los que participó, igualmente su vida le habría convertido en testigo de uno de los períodos más dramáticos y fascinantes de la historia de la humanidad. La Gran Guerra, las sanciones a Alemania y la inflación, la posguerra, la crisis de 1929 y la gran depresión, la Segunda Guerra Mundial y la creación del nuevo orden monetario mundial.

Lejos de ser un simple testigo, en todos esos hechos le tocó actuar, aconsejar, proponer, proyectar, discrepar. Fue un protagonista, y además dejó una obra económica señera, madre de una teoría que ha pasado a la historia como el “keynesianismo”.En la base del keynesianismo está la necesidad de incorporar a la dirección económica factores que no son estrictamente económicos, como son los factores políticos. ¿Verdad que esto suena repetidamente en estos días? Para corregir los errores que a su juicio habían llevado a la gran crisis de 1929, señaló que las perturbaciones producidas por la teoría de la libertad económica ilimitada cuestionaban al capitalismo como sistema, y propuso la intervención estatal para evitar aquellas desviaciones.

¿Qué es lo que están haciendo en 2008 los gobiernos y los bancos centrales de las grandes economías, sino intervenir en una proporción descomunal para “salvar” a las instituciones financieras y a la economía real? ¿Qué es lo que a gritos se está pidiendo, sino regulaciones y controles que pongan límites a la actuación de “los mercados”?

Depolítica
24-10-08

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