lunes, 6 de abril de 2009

ECONOMISTAS
O ASTRÒLOGOS
Daniel Azpiazu y
Martìn Schorr

En ¿Economistas o astrólogos? La Economìa de los 90, (Buenos Aìres, 2004, 124 pp.) Alfredo Zaiat realiza un pormenorizado racconto de los principales legados del huracán neoconservador que arrasó nuestro país en el transcurso de los años noventa. En ese marco, analiza con notable claridad y precisión el papel desempeñado por un número reducido -aunque muy influyente- de "economistas astrólogos" en la formulación, la justificación y, en no pocas ocasiones, la implementación de muy diversas políticas públicas que, amparadas en el -siempre utilizado por el neoliberalismo (sobre todo, en su extrema versión vernácula), aunque nunca corroborado en el mundo real- supuesto del "libre juego de la oferta y la demanda", resultaron ampliamente funcionales al proceso de acumulación y reproducción ampliada del capital de ciertas fracciones del poder económico local.
En las consideraciones introductorias, el autor destaca algunos de los rasgos distintivos del "economista astrólogo": "Una de las características de estos tiempos ha sido la omnipresencia de la figura del economista, que se ha presentado como imprescindible para indicar qué hacer con la economía; con ese halo de ubicuidad ha contribuido en forma notable a las transformaciones sociales, políticas y económicas de los ´90.
Se trata de ese economista de pensamiento neoliberal que, con un respaldo pretendidamente científico, estableció qué es lo que se puede y lo que no se puede hacer en materia de política económica. Sostiene un discurso que expone como técnico pero resulta fundamentalmente político e ideológico. Con esa lógica de receta única define como inviable cualquier planteo de un programa económico alternativo... el neoliberalismo es a la economía neoclásica como la astrología es a la astronomía. En ambos casos se necesita mucha fe ciega para pasar de lo uno a lo otro".
Además de la introducción, el libro contiene nueve capítulos en los que, a partir de la utilización de una interesante -y, a juicio de quienes escriben estas líneas, muy adecuada- perspectiva histórica, se presentan con detalle las características e implicancias más relevantes del "modelo de los noventa" ideado por los "economistas astrólogos", aplicado y sostenido por gobiernos de distintos partidos políticos y avalado -por acción u omisión- por buena parte de la sociedad argentina. Como destaca Zaiat en varias ocasiones, este "modelo" se inscribe en un proceso de largo plazo iniciado a partir de la última dictadura militar (1976-1983), y en su implementación asumieron un rol decisivo -por sus efectos disciplinadores en términos sociales- las crisis hiperinflacionarias de 1989 y 1990.
En ese marco, el autor analiza y desarrolla la naturaleza del régimen de Convertibilidad y su correlato en términos de:aumento exponencial de la deuda externa y de la fuga de capitales locales al exterior y, derivado de ello, agudización de la "brecha externa" y de la dependencia del país;creciente injerencia de los organismos multilaterales de crédito en la definición de las políticas internas (ello, paradójicamente, a pesar de ser cada vez más cuestionados -por "derecha" y por "izquierda"- en el escenario internacional); desindustrialización y desarticulación del aparato productivo ligadas con un fenomenal incremento de la concentración económica y de la centralización del capital y un deterioro significativo en la situación de las PyMEs (proceso en el que la liberalización comercial diseñada por, entre otros, los "economistas astrólogos" jugó un papel determinante); fortalecimiento del sector financiero privado y del privilegiado segmento de las empresas privatizadas (y de sus propietarios nacionales y extranjeros); redefinición de la estrategia de acumulación y expansión de la "burguesía nacional", es decir, de los grandes grupos económicos locales que participaron activamente de las privatizaciones y, a mediados de los noventa, se desprendieron de buena parte de esas participaciones realizando cuantiosas ganancias patrimoniales que colocaron en el exterior o utilizaron para ganar y/o afianzar posiciones en sectores exportadores;destrucción de las finanzas públicas resultante de la instrumentación de distintas medidas tendientes a transferir recursos al gran capital (la privatización del sistema previsional es la más significativa) y de la consolidación de una estructura tributaria sumamente regresiva; ycomo resultado de todo lo anterior, una crisis laboral sin precedentes y una muy inequitativa distribución del ingreso.
De este modo, Zaiat demuestra algo ausente en los análisis de muchos economistas y de la totalidad de los "economistas astrólogos": que la debacle económico-social de fines de la década pasada y principios de la actual impactó en forma heterogénea sobre las diferentes clases y fracciones de clase o, en otros términos, cómo la crisis favoreció a unos pocos actores en detrimento de gran parte de la sociedad argentina. Ahora bien, como destaca el autor, muchos de los rasgos distintivos del "modelo convertible" se siguen manifestando en el marco del nuevo "modelo" iniciado a comienzos de 2002, en particular, aquellos relacionados con cuestiones distributivas y del mercado de trabajo.
Al respecto, Zaiat señala: "Por primera vez desde el comienzo de este modelo de exclusión los sectores de menores ingresos han enfrentado un cóctel explosivo: recesión, desempleo e inflación al mismo tiempo. En los ´70, el factor que depreciaba su poder adquisitivo fue la inflación. En los ´80, la inflación con recesión los castigó. En los ´90, padecieron los efectos del desempleo y la recesión. En la última crisis esos tres elementos combinados provocaron un intenso disciplinamiento salarial, con el cual las empresas disminuyeron abruptamente sus costos laborales en términos reales. Si bien la tasa récord del desempleo es un potente factor disuasivo, la fragilidad social puede quebrar esa tregua del miedo. Muchos piensan que la Argentina sigue en crisis. Y eso es verdad para la mitad de la población que vive en la pobreza y para otra parte importante que trata de no caerse al mapa de la marginalidad. Pero para unos pocos hace bastante que la crisis quedó atrás, bonanza que tratan de disimular aunque los rostros que se reflejan en el espejo de sus balances los delatan. A medida que se van conociendo los ejercicios económicos de compañías que cotizan en la Bolsa de Comercio se revela la recuperación sostenida de ventas, márgenes y utilidades. Otro de los factores que se descubre en esa cara oculta de la superación de la crisis muestra que no ha cambiado la perversa dinámica arraigada en los ´90: las mieles del crecimiento no se derraman hacia el resto de la sociedad, sino que quedan para beneficio de unos pocos. Analizando los balances de las empresas de 2003 se concluye que han ganado mucho dinero en el desarrollo de sus negocios. Siderúrgicas (Siderar, Acindar), petroleras (Repsol, Petrobras), privatizadas (Telefónica, Telecom, Edenor, Central Puerto), vinculadas con el mercado interno (Cerámicas San Lorenzo, Loma Negra, Grimoldi) y, obviamente, las relacionadas con el campo. Como se diría en una charla de amigos en el café de la esquina: `la están juntando con palas´".
Más adelante agrega: "Aunque no lo vayan a reconocer nunca, porque como también saben los amigos del café de la esquina `el que no llora no mama´, muchas compañías están en el mejor de los mundos: aquellas que exportan reciben dólares con costos en pesos devaluados; las que se favorecen por la sustitución de importaciones aumentaron su producción que venden a precios dólar y casi sin competencia externa; y algunas vinculadas con el mercado interno están empezando a repuntar gracias al desahorro de dólares de las clases media-alta y alta, que acumularon billetes verdes en exceso cuando parecía que todo se derrumbaba... En ese escenario, ¿por qué los trabajadores no reclaman con mayor intensidad aumentos de sus depreciados salarios? Entre varios motivos, dos sobresalen: primero, por lo que ya en el siglo XIX se señalaba como razón operante en la baja del salario, la presencia de un ejército de desocupados. Tropa que en la Argentina es multitudinaria.
Segundo, montado en ese batallón de desclasados, la permanencia, más allá del discurso, de normas de flexibilización y precarización laboral que debilitan al trabajador. En ese contexto, la intervención del Estado en la conformación del ingreso del trabajador se vuelve imprescindible. La suma fija no remunerativa aplicada durante el gobierno de Duhalde tuvo su motivación en la necesidad de compensar un poco los efectos devastadores de la devaluación sobre el salario. En cambio, el adicional dispuesto durante el gobierno de Kirchner tiene su justificación ya no en la crisis sino en la morosidad de las empresas para compartir al menos en forma moderada el fuerte aumento de productividad y de utilidades. Esos escasos pesos que el Estado `obligó´ a distribuir, que fueron un beneficio para unos pocos dentro de un mercado laboral fragmentado, pusieron en evidencia las agudas distorsiones que aquí encuentra el capitalismo con el que se llena la boca la comunidad empresaria".
Se trata, sin duda, de observaciones sumamente relevantes en la crucial etapa argentina actual, caracterizada por la vigencia de una suerte de nuevo pensamiento único que plantea que la vigencia de un "tipo de cambio real competitivo" es condición necesaria y suficiente para que el país ingrese en un sendero de crecimiento y de generación de puestos de trabajo que revierta el cuadro de inequidad distributiva heredado del "modelo de los noventa" (la lógica del "piloto automático" que caracterizó la "década menemista" parece seguir vigente). En este sentido, Zaiat se ubica en el -aún reducido- grupo de cientistas sociales que, desafiando al nuevo mainstream, se preocupan por identificar a los actores sociales concretos que están detrás del "boom económico" generado por el "modelo de dólar alto" y que procuran elucidar sus principales restricciones con la finalidad de avanzar de una vez por todas en la resolución de dos de los problemas más acuciantes: la hiperdesocupación y la miseria.
En suma, por diferentes factores puede afirmarse que se trata de un libro muy importante, de lectura indispensable. Primero, porque deja en evidencia el invalorable aporte de los "intelectuales astrólogos" a la causa del gran capital. Segundo, porque arroja luz sobre el pasado reciente de ciertos cuadros orgánicos de los sectores dominantes locales que lograron, en muchos casos exitosamente, adaptarse a -y reposicionarse estratégicamente en- los nuevos tiempos que transita la Argentina (varios se han pasado a las filas de la "heterodoxia", luego de haber sido defensores acérrimos del recetario neoliberal que, inspirado en las "recomendaciones" y "sugerencias" de los organismos multilaterales, fue aplicado en el país durante la década pasada y, más ampliamente, desde la última dictadura en adelante). Tercero, porque los resultados del análisis de procesos sumamente complejos (por las múltiples variables que los sobredeterminan) son presentados al lector de un modo sumamente didáctico (fenómeno que lamentablemente caracteriza a muy pocos integrantes del campo académico nacional, sobre todo en el ámbito de las ciencias sociales en el que muchas veces -por no decir, casi siempre- se escribe para los "expertos"). Cuarto, y derivado de lo anterior, porque plantea un desafío de lo más relevante en términos políticos, a saber: romper con la lógica del pensamiento único y, en ese marco, con la dictadura de los "economistas astrólogos" que, como bien destaca Zaiat, son "profesionales del lobby, que habitan en fundaciones, centros de estudio, consultoras de la city y universidades privadas, [y] tienen como vocación realizar pronósticos errados".
"En la actualidad, en materia económica, se necesita menos consensos y más experimentación. Lo que funciona en un determinado contexto a menudo no funciona bien en otro... Las adaptaciones requieren de un rol activo por parte de la sociedad civil y del Estado. El enfoque indispensable será: principios económicos prácticos y evidencia empírica, con espacios para la imaginación institucional y la política participativa en el diseño de una estrategia propia. Por esa vía de reconstrucción y resignificación del lugar de la economía en la sociedad, la década de los ´90, segunda versión de la Década Infame, empezará a quedar atrás. Se recuperará así la capacidad de la economía política para brindar respuestas a una realidad compleja. Y los engaños y mentiras de los economistas del pensamiento único dejarán de confundir acerca de la virtud que posee la economía de interpretar y de modificar procesos sociales y políticos. Para ello se requiere abandonar los supuestos que se pretenden científicos del neoliberalismo, para incorporar en el análisis las cuestiones sociales, políticas y culturales de un país. De esa forma los economistas tendrán la oportunidad de reivindicar su profesión, que en esos años ha sido bastardeada por la presencia de mercaderes travestidos en consultores de la city, economistas de fundaciones a sueldo de grandes empresas o investigadores financiados por el Banco Mundial. El desafío es, entonces, barrer con las mentiras y engaños dispersados por los economistas astrólogos".
5-9-2006

No hay comentarios: