lunes, 6 de abril de 2009

LA MÌSTICA
DE LA ORTODOXIA
Alberto Minujin

En un ensayo publicado en diciembre de 1930, John Maynard Keynes, decía: “estamos envueltos en una colosal confusión, habiendo cometidos graves errores en el manejo de una delicada maquinaria (la economía), el funcionamiento de la cual no entendemos”. Frente a lo que según sus palabras era una de las grandes catástrofes de la historia moderna impulsó cambios sustantivos en la visión y teoría económica.
Hace poco, el por muchos años presidente de la reserva Federal de los Estados Unidos, Alan Greenspan, en su presentación frente al congreso, dijo que estaba anonadado y subrayó que el edificio conceptual que habían armado durante los últimos decenios se había derrumbado. Greenspan estaba im- pactado, shoked, por cómo hacía agua el modelo del libre mercado.
Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido con Keynes, los economistas ortodoxos -la corriente más importante-, no han modificado sus puntos de vista. Sus ideas prevalecen en organizamos como el FMI y en América latina.
La teoría del libre mercado por encima de todo, la desregulación y la minimización del gobierno aún reina entre economistas y políticos y en universidades y colegios de economía y de negocios. Por largo tiempo los economistas heterodoxos, los que no seguían o cuestionaban esos mandatos, fueron raleados de buena parte de los centros académicos. Los estudiantes y recién graduados saben que, si quieren hacer carrera, deben sumarse a la teoría dominante: la ortodoxia. Lo más extraordinario es que esto ocurre en medio de la tremenda debacle del sistema financiero y económico que cuestiona las bases del sistema capitalista. El devastador impacto social entre los pobres y los sectores medios volverá a mostrar ¡una vez más! que el libre mercado sin control fuerte, sin regulación firme y sin un estado que redistribuya produce beneficios para los más ricos con una total falta de ética y sentido social.
Este debería ser un momento para plantear nuevas bases y reglas de juego. Pero los neo-conservadores se resisten. No sólo el pensamiento no ha cambiado sino que alimentan los renovados y concentrados esfuerzos para desacreditar y modificar la propuesta de la administración de Obama. Falta desarrollar un pensamiento que sustancie y fundamente las posibilidades y direcciones del cambio. Y es necesario en América latina desarrollar e impulsar un pensamiento independiente que dé fundamentos a las experiencias alternativas que se están desarrollando en la región. Como dice Paul Krugman, se trata de terminar con la mística del mercado y de creer en la magia del mercado financiero y el poder de los hechiceros que lo manejan. Debemos plantear una visión y estructura financiera y económica centrada en la sociedad. Debemos debatir cómo, en un mundo complejo y en crisis, se plantean sistemas económicos y sociales incluyentes que permitan acabar con la inequidad e injusticia social que prevalece en el actual sistema capitalista. Sería injusto no admitir que hay una cantidad de gente y organizaciones debatiendo estos temas. Pero se está lejos de tener orientaciones fuertes que influyan el pensamiento establecido y menos aún en las decisiones se los organizamos internacionales. No es un tema técnico sino político e ideológico y es por allí que pasa la confrontación.
El autor es profesor en el Programa de Posgrado en Asuntos Internacionales de la New School University en Nueva York.

La Gaceta
29-03-09

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