jueves, 11 de junio de 2009

EL BURRO
DEL HORTELANO

Rafo León

No tenemos un gobierno ni unos congresistas ni una derecha ni una prensa promedio capaz de entender los matices indispensables para encarar con lucidez la crisis de Bagua. Hay demasiado prejuicio, estupidez y cerrazón, lo prueba un Alan García tan herido en su ego ante lo que está sintiendo como una derrota –el que se esté planteando la posibilidad de revisar y eventualmente revocar el Decreto 1090- que como en los peores discursos que encargó Leguía a su funcionario Carlos Rey de Castro en la época del caucho, se habla y se vuelve sobre el salvajismo de los nativos y su escasa representatividad numérica en relación con el total de la población del Perú.
Por eso intentar que les entre el tema de la cosmovisión de los pueblos amazónicos en la que no encaja el principio de la propiedad privada, en la que subyace un fundus guerrero que responde con muerte a la muerte, donde el animismo dota de vida a los elementos naturales que podrán cobrarse venganza si petroleros o agricultores se meten a agredir sus espíritus; intentar ese camino creo que es como darle alfajores a las vacas. Son demasiado brutos y pueden, con el aplauso de la canalla, responder con argumentos como “Ah, si es así entonces hay que respetar la cosmogonía de los narcotraficantes, de los violadores y de los secuestradores y se instala el caos en el país, ahora que tan bien nos va”. Lo he escuchado decir y con menor sofisticación.
Por eso me gusta más la argumentación pública que la antropóloga Margarita Benavides está empleando, y que anoche (9-06-09) usó de manera magistral en la entrevista que el hizo de Althaus, en la que la especialista en amazonía le pone una piedra en la boca al periodista y lo deja mudo, con las cejas más enarcadas que nunca. Benavides propone analizar el tema dentro de lo estrictamente legal, en el entendido de que las leyes están dadas para todos y para que sean entendidas por todos. En esa lógica, el Decreto 1090 hay que entenderlo en el conjunto de decretos de urgencia que se dieron para ajustar la legislación peruana a los acuerdos tomados para el TLC. Vistos los decretos en conjunto demuestran que la finalidad del nuevo sistema legal para el manejo de tierra- y no solo en la amazonía, en todo el territorio nacional- busca dotar al gobierno de argumentos para declarar como eriazas o abandonadas cada vez más cantidad de tierras, ya que estas son las que se entregarán en concesión privada previo cambio el uso, de modo que si estamos frente a un bosque depredado, pueda ser reforestado para madera, o convertido en campo para el cultivo de insumos para etanol.
Lo que no se establece en ese conjunto de decretos es quién y con qué criterios determina la condición de tierra abandonada o eriaza. Porque en un caso puede estar en efecto, hablándose de un bosque depredado. Pero en otro, de una restinga, una porción entre la orilla y el agua del río que en temporada de lluvias se inunda pero que después queda como la mejor tierra, y es ahí que los nativos la usan. O simplemente bosques que no tienen circunscripción ni titulación alguna pero que sirven para la sobre vivencia de los nativos porque allí está su cacería y su pesca, actividades que no pueden ser delimitadas tan fácilmente y menos cuando hay una ocupación humana creciente, que aleja a los animales y por tanto demanda más distancias para encontrar las piezas de caza.
Planteadas las cosas así, se entiende mejor por qué García se pasó por alto el requisito del consentimiento libre, previo e informado por parte de los pueblos amazónicos. De haberse sometido los decretos a consulta, esto habría saltado, dejando sin argumento al perro del hortelano. Ahora, en la historia del cinismo García ha reincidido en el primer puesto con lo que ha repetido respecto a este punto: “la gente habla sin estar informada sobre los decretos”. A ver, ¿cómo va a estar informada si precisamente no se hizo el esfuerzo para que lo estuviera? Y dos: que agradezca a diosito que la gente no haya estado tan informada como Margarita Benavides, sus decretos no hubieran resistido cinco minutos de debate. Tremenda situación, muertos de todos lados, mentiras, decepción, y Alan García sigue sacando pecho cuando lo que debería hacer es zafar culantro.

Caretas
11-06-09

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