miércoles, 24 de junio de 2009

UNA AGENDA AMAZÓNICA
PARA EL PAÍS
Roger Rumrril

Sin ninguna duda, la lucha y resistencia indígena de mayo y junio que obligó a derogar los decretos legislativos 1064 y 1090 marca un antes y un después en la historia social de la Amazonía peruana, en la política peruana y en particular en el gobierno de Alan García Pérez.
Luego de la gran movilización indígena de agosto del año 2008, que logró la derogatoria de los decretos legislativos 1015 y 1073, parte del centenar de normas promulgadas para la implementación del TLC con Estados Unidos, escribimos en esta misma columna que esa primera batalla ganada había por fin visibilizado a los indígenas amazónicos, históricamente invisibilizados política, social, cultural y económicamente, convirtiéndolos en los principales actores sociales y políticos de la Amazonía donde los partidos políticos tradicionales apenas sobreviven en una crisis terminal.
Un ejemplo de esta crisis es lo que acaba de ocurrir con el paro del 11 de este mes en apoyo a la causa indígena en Iquitos. No sólo los partidos políticos y las instituciones públicas y privadas estuvieron contra el paro, sino también el SUTEP, la CGTP, el Frente de Patriótico de Loreto y hasta los mototaxistas que eran, hasta antes del paro, la principal fuerza de presión en las ciudades amazónicas. Pero el paro fue total y, en consecuencia, los opositores han quedado políticamente deslegitimados, ensanchando la fractura entre la población, las instituciones y los débiles liderazgos gremiales.
Con la lucha desplegada en los meses de mayo y junio el pueblo indígena amazónico ha provocado una profunda inflexión en la política peruana. Gracias a su fuerza, a la justicia de sus demandas, entre otros factores, se ha convertido en la única y mayor fuerza de oposición del régimen alanista, en el más duro impugnador del modelo neoliberal, ha provocado una fisura en la alianza derechista que mangonea el poder y ha desnudado incluso la precariedad de los grupos y partidos de izquierda sobrevivientes.
Los impactos y las repercusiones de la resistencia indígena en la Amazonía tienen la fuerza de un temblor a escala mayor. Por primera vez el macrocefálico centralismo acepta discutir una agenda que puede, de acuerdo a la dinámica que deben proponer los negociadores indígenas, una agenda amazónica que ponga en debate sus más urgentes reivindicaciones, pero también una Ley Marco de Desarrollo Sostenible de la Amazonía que le dé visión de furturo a la mayor región del país, donde están el agua, la energía y la biodiversidad, los recursos estratégicos de la economía global post crisis del capitalismo.
La batalla indígena de mayo y junio ha producido lo que .a mi juicio ha sido y será en el futuro el mayor factor político en la Amazonía: la alianza andino-amazónica. Como todo el mundo sabe, la relación entre colonos andinos e indígenas amazónicos ha sido y sigue siendo conflictiva y áspera. Pero una amenaza mayor los ha juntado y esta alianza, sellada sobre todo en la Selva Central, hizo retroceder tácticamente al alanismo.La alianza andino-amazónica definirá la política con relación al Estado y los gobiernos ahora y en el futuro en la Amazonía.

La primera
24-06-09

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